EVANGELIO DEL DOMINGO
"Velen, porque no saben el momento". San Marcos, 51-62.

martes, 25 de octubre de 2022

EL REINO DE DIOS

“El Evangelio de Hoy”: Lucas 13, 18-21 Lectura del santo evangelio según san Lucas: En aquel tiempo, Jesús decía: "A qué se parece el reino de Dios? ¿A qué lo compararé? Se parece a un grano de mostaza que un hombre toma y siembra en un huerto; crece, se hace un arbusto y los pájaros anidan en sus ramas. Y añadió: ¿A qué compararé el Reino de Dios? Se parece a la levadura que una mujer toma y mete en tres medidas de harina, hasta que todo fermenta". Palabra del Señor. Reflexión Jesús pone ejemplos entendibles sacados de prácticas habituales en la vida de su pueblo, en este caso de la agricultura, para ayudar a comprender la realidad del Reino de Dios. Como siempre, no se trata de poderes ni de dominaciones. Jesús retoma esos valores de la vida campesina y los trasplanta al campo religioso para enseñarnos cómo la más diminuta semilla de bondad que se siembre y se cultive puede producir los frutos más abundantes y los beneficios indirectos más sorprendentes. Se trata de lo que Dios quiere, él mismo hace crecer su reino de manera misteriosa y para ello nos pide a nosotros también la participación. Hemos oído hablar, en múltiples ocasiones de lo bien que hace a la vida humana, la convivencia fraterna, la armonía en las relaciones interpersonales, la sonrisa y alegría constante, la fraternidad que hace compartir y contar con los otros, en fin, la solidaridad y ayuda mutua. Con nada de esto se va al mercado. Ningunos de estos valores humanos se cotiza en las bolsas económicas de ninguna nación. Sin embargo, son elementos indispensables que impulsan la vida y la dinamizan. El Reino se presenta como una semilla minúscula plantada en el jardín de la creación, pero que, cuando germina, tiene unos efectos benéficos impredecibles. Eso ocurre con el efecto multiplicador del bien que tiene el Reino, que actúa como levadura en las obras buenas que la humanidad emprende. Podemos influenciar enormemente la sociedad con unas actitudes que, aunque no sean noticia en los medios de comunicación, fecundan abundantemente la sociedad. Finalmente, podemos recordar, al estilo de los predicadores tradicionales, que en reiteradas enseñanzas se le ha atribuido a la iglesia ser esa presencia viva del Reino de Dios en el mundo, ser esa semilla plantada humildemente al principio y que ha crecido y fecundado muchos ambientes. Pero la figura más elocuente y fundamental del Reino de Dios es el mismo Jesús presente en el mundo como el Hijo de Dios. Sin poder dominador, pero con amor transformador de todos y todas los que viven una experiencia personal y comunitaria con él. La palabra de Dios es también esa semilla sencilla plantada en medio de su pueblo que puede surtir efectos grandiosos en los corazones de quienes se abren a ella y dejan que fructifique. Nosotros todos podemos ser también semillas del Reino de Dios. Demos el testimonio coherente de fe y vida al que nos llama el evangelio. Eso hará germinar abundantemente los elementos constitutivos del Reino de Dios: Justicia, derecho, paz, fraternidad.

lunes, 10 de octubre de 2022

JONÁS

“El Evangelio de Hoy”: Lucas 11, 29-32 Lectura del santo Evangelio según san Lucas. En aquel tiempo, la gente se apiñaba alrededor de Jesús, y él se puso a decirles: "Esta generación es una generación perversa. Pide un signo, pero no se ledará más signo que el signo de Jonás. Como Jonás fue un signo para los habitantes de Nínive, lo mismo será el Hijo del hombre para esta generación. Cuando sean juzgados los hombres de esta generación, la reina del Sur se levantará y hará que los condenen; porque ella vino desde los confines de la tierra para escuchar la sabiduría de Salomón, y aquí hay uno que es más que Salomón. Cuando sea juzgada esta generación, los hombres de Nínive se alzarán y harán que los condenen; porque ellos se convirtieron con la predicación de Jonás, y aquí hay uno que es más que Jonás. Palabra del Señor. Reflexión El Evangelio de Hoy quiere ayudarnos a reconocer nuestra necesidad de conversión y cambio de vida. Las experiencias del pueblo de Dios pueden ayudarnos a entrar en un proceso serio de conversión. En el Evangelio de hoy, Jesús habla de dos episodios del pasado: el episodio de Jonás y el de la reina de Sabá, y los transforma en espejo para que la gente descubra en ellos el llamado de Dios a la conversión. Jonás fue una señal para la gente de Nínive a través da su predicación. Al oír a Jonás, el pueblo se convirtió. Así, la predicación de Jesús estaba siendo una señal de la presencia de Dios para su gente, pero el pueblo no daba señales de conversión. El libro de Jonás es una parábola que critica la mentalidad de aquellos que querían a Dios sólo para los judíos. En la historia de Jonás, los paganos se convirtieron ante la predicación de Jonás y Dios los acogió en su bondad y no destruyó la ciudad. Cuando vio que Dios acoge al pueblo de Nínive y no destruyó la ciudad, Jonás sintió un gran disgusto. Quería que Dios destruyera aquel pueblo pagano. Pero en su oración reconoce que Dios es misericordioso y compasivo que se arrepiente de sus amenazas. No se deja manipular por tradiciones. Jesús no pide que todos sean cristianos. Pide que todos sean sus discípulos, personas que como él, irradien y anuncien la Buena Nueva del amor de Dios para todos los pueblos alrededor.

lunes, 26 de septiembre de 2022

El PEQUEÑO COMO IMPORTANTE




 

"El Evangelio de Hoy”: Lucas 9, 46-50

 

Lectura del santo evangelio según san Lucas:

 

En aquel tiempo, los discípulos se pusieron a discutir quién era el más importante. Jesús, adivinando lo que pensaban, cogió de la mano a un niño, lo puso a su lado y les dijo: "El que acoge a este niño en mi nombre, me acoge a mí; y el que me acoge a mí, acoge al que me ha enviado. El más pequeño de ustedes es el más importante". Juan tomó la palabra y dijo: "Maestro, hemos visto a uno que echaba demonios en tu nombre, y, como no es de los nuestros, se lo hemos querido impedir". Jesús les respondió: "No se lo impidan: el que no está contra ustedes, está a favor de ustedes". Palabra del Señor.


 Reflexión


Al igual que en el Evangelio de ayer, hoy se nos plantea el asunto de la propiedad del bien. Hacer el bien, profetizar, echar demonios, en nombre de Jesús, no es una tarea limitada a un grupo de seguidores ni a una iglesia, ni a nadie. Será siempre una acción positiva, hágala quien la haga. Mejorar la vida, sanarla, luchar por una sociedad más humana y alegre forma parte de la vivencia de la espiritualidad cristiana. Nadie tiene que controlar el bien pues lo que hace es aportar vida. “No se lo impidan: El que no está contra nosotros, está a nuestro favor”.

 

Reivindicar la exclusividad sobre Jesús se aplica practicando exclusivamente el bien: …el que quiera ser primero, que sea el último de todos... Lo  que estamos llamados a destacar no son las teorías y discursos sobre Jesús y su seguimiento sino las prácticas que él nos inspira, las iniciativas a las que nos impulsa su Espíritu y la creatividad emanada de la fe en su proyecto de Reino de Dios. Contrario a todo esto está la corriente social de cada época que nos arrastra a valorar en primer lugar lo que está de moda. Seguir corrientes sociales nos aleja de la corriente cristiana. Sin volvernos lunáticos, con los pies bien puestos en el suelo, tenemos que mantenernos unidos a nuestro Maestro, a su manera de reaccionar frente a cada caso, frente a cada persona y su necesidad. Poner en primer plano la acogida a los demás para ver en qué le puedo servir.

 

El Evangelio de Hoy nos sigue urgiendo a obrar el bien sin reparo de preceptos religiosos, sociales, culturales o políticos. Hacer el bien, acoger al pequeño, al que no tiene con qué pagarnos es sinónimo de hacer la voluntad de Dios, experimentándolo como Padre Misericordioso. A esta manera de pensar de Jesús se oponen sus adversarios, que le recuerdan los preceptos sabáticos, considerados como la máxima expresión de religiosidad. Jesús les responde con su acción al hacer prevalecer la obra de Dios por encima de consideraciones religiosas. Hoy nos toca a nosotros como comunidades cristianas poner el bien común y el bien de la humanidad en general por encima de intereses individualistas, valorar más a las personas y menos sus bienes materiales.