EVANGELIO DEL DOMINGO
"Velen, porque no saben el momento". San Marcos, 51-62.

viernes, 18 de noviembre de 2022

JESÚS AVANZA EN MEDIO DE LAS TORMENTAS

“El Evangelio de Hoy”: Mt 14,22-33 Lectura del Santo Evangelio según San Mateo. Después que la gente se hubo saciado, Jesús apremió a sus discípulos a que subieran a la barca y se le adelantaran a la otra orilla, mientras él despedía a la gente. Y, después de despedir a la gente, subió al monte a solas para orar. Llegada la noche, estaba allí solo. Mientras tanto, la barca iba ya muy lejos de tierra, sacudida por las olas, porque el viento era contrario. De madrugada se les acercó Jesús, andando sobre el agua. Los discípulos, viéndole andar sobre el agua, se asustaron y gritaron de miedo, pensando que era un fantasma. Jesús les dijo en seguida: "¡Ánimo, soy yo, no tengan miedo!" Pedro le contestó: "Señor, si eres tú, mándame ir hacia ti andando sobre el agua." Él le dijo: "Ven." Pedro bajó de la barca y echó a andar sobre el agua, acercándose a Jesús; pero, al sentir la fuerza del viento, le entró miedo, empezó a hundirse y gritó: "Señor, sálvame." En seguida Jesús extendió la mano, lo agarró y le dijo: "¡Qué poca fe! ¿Por qué has dudado?" En cuanto subieron a la barca, amainó el viento. Los de la barca se postraron ante él, diciendo: "Realmente eres Hijo de Dios." Palabra del Señor. Reflexión El “Evangelio de Hoy” nos muestra que aún en los momentos de “poca fe”, el Señor responde haciéndose presente en nuestra vida. Vemos un fuerte contraste entre Jesús y sus discípulos: Jesús está sereno, orando a solas en el monte en una actitud de encuentro con Dios. Los discípulos, al contrario, están viviendo una situación desesperante, están atravesando por momentos de inseguridad y turbación. Esto le dificulta el encuentro con Dios. Pero Jesús se le acerca en medio de “su noche”, de su miedo, en medio de sus dificultades. No viene a acusarles de tener poca fe ni a amenazarles con castigos. Jesús se hace presente para animar e inspirar confianza. En ciertos momentos de la vida, nuestro horizonte se ensombrece, por causa de los fracasos, enfermedades, duelos, problemas familiares, dificultades de todas clases. En las noches de nuestras vidas, somos una barca sacudida por las olas bajo ráfagas mortales de vientos contrarios. Y Jesús nos repite siempre: “No tengan miedo”, soy yo, he aquí que yo estoy con ustedes, hasta el final de los tiempos. Siempre dispuesto a tendernos la mano para evitar que nos hundamos. En medio de dificultades tendemos a ver borroso. Como los discípulos, confundimos la presencia de Dios con fantasmas, por eso no hacemos caso a su Palabra. Al igual que a Pedro, la confusión nos lleva a exigir pruebas, “Señor, si eres tú, mándame ir hacia ti sobre las aguas”, olvidándonos de que no hay prueba para la fe en la presencia de Dios sin nuestro compromiso y nuestro riesgo. Jesús nos ha prometido estar siempre con nosotros. Pero su presencia no suprime nuestras dificultades y oscuridades. Jesús nos ilumina, nos fortalece, nos acompaña invitándonos a tener confianza para avanzar en medio de las dificultades. Su cercanía y su Palabra reclaman nuestra fe para reconocerlo.

miércoles, 26 de octubre de 2022

LA PALABRA NOS ILUMINA




 

“El Evangelio de Hoy”: Lucas 13, 22-30

Lectura del santo evangelio según san Lucas:

 

En aquel tiempo, Jesús, de camino hacia Jerusalén, recorría ciudades y aldeas enseñando. Uno le preguntó: "Señor, ¿serán pocos los que se salven?" Jesús les dijo: "Esfuércese en entrar por la puerta estrecha. Les digo que muchos intentarán entrar y no podrán. Cuando el amo de la casa se levante y cierre la puerta, se quedarán fuera y llamarán a la puerta diciendo: "Señor ábrenos" y él les replicará: "No sé quiénes son" Entonces comenzarán a decir: "Hemos comido y bebido contigo y tú has enseñado en nuestras plazas". Pero él les replicará: "No sé quiénes sois. Aléjense de mí, malvados". Entonces será el llanto y el rechinar de dientes, cuando vean a Abrahán, Isaac y Jacob y a todos los profetas en el Reino de Dios y ustedes se vean echados fuera. Y vendrán de oriente y occidente, del norte y del sur y se sentarán a la mesa en el Reino de Dios. Miren: hay últimos que serán primeros y primeros que serán últimos".  Palabra del Señor.

 

Reflexión

 

Continuamos nuestra reflexión sobre el Reino de Dios y su acceso, guiados por los textos evangélicos que la liturgia nos presenta durante estos días. Jesús deja claro que la entrada y participación en el Reino de Dios se vive desde el presente y para siempre. No caben las demoras pues es una realidad inaugurada y nadie la detiene, aunque no veamos el ritmo de su crecimiento y arraigo. Los criterios de participación en la Salvación o en el Reino parecen distintos a los que las prácticas religiosas de las distintas confesiones han asumido.

 

De hecho, no se trata de una práctica religiosa sino de una práctica de fe y de confianza en Dios, y, de una relación sana y sincera con nuestros hermanos y hermanas. La puerta estrecha es la que vive Jesús en relación con sus discípulos y con las personas con las que se encontraba, una relación de acogida, de servicio, un anuncio constante de la esperanza activa que favorece siempre al otro o a la otra. De manera que no podemos argüir religiones, ni prácticas eclesiales. No nos salvamos a nosotros mismos, nos salva Dios y para eso debemos poner nuestra confianza en él y compartir lo que somos y tenemos sin miedo a quedarnos sin nada, pues siempre nos quedará Él, con su Reino eterno.

 

martes, 25 de octubre de 2022

EL REINO DE DIOS






 “El Evangelio de Hoy”: Lucas 13, 18-21

 

Lectura del santo evangelio según san Lucas:

 

En aquel tiempo, Jesús decía: "A qué se parece el reino de Dios? ¿A qué lo compararé? Se parece a un grano de mostaza que un hombre toma y siembra en un huerto; crece, se hace un arbusto y los pájaros anidan en sus ramas. Y añadió: ¿A qué compararé el Reino de Dios? Se parece a la levadura que una mujer toma y mete en tres medidas de harina, hasta que todo fermenta". Palabra del Señor.

 

Reflexión

 

Jesús pone ejemplos entendibles sacados de prácticas habituales en la vida de su pueblo, en este caso de la agricultura, para ayudar a comprender la realidad del Reino de Dios. Como siempre, no se trata de poderes ni de dominaciones. Jesús retoma esos valores de la vida campesina y los trasplanta al campo religioso para enseñarnos cómo la más diminuta semilla de bondad que se siembre y se cultive puede producir los frutos más abundantes y los beneficios indirectos más sorprendentes. Se trata de lo que Dios quiere, él mismo hace crecer su reino de manera misteriosa y para ello nos pide a nosotros también la participación.

 

Hemos oído hablar, en múltiples ocasiones de lo bien que hace a la vida humana, la convivencia fraterna, la armonía en las relaciones interpersonales, la sonrisa y alegría constante, la fraternidad que hace compartir y contar con los otros, en fin, la solidaridad y ayuda mutua. Con nada de esto se va al mercado. Ningunos de estos valores humanos se cotiza en las bolsas económicas de ninguna nación. Sin embargo, son elementos indispensables que impulsan la vida y la dinamizan. El Reino se presenta como una semilla minúscula plantada en el jardín de la creación, pero que, cuando germina, tiene unos efectos benéficos impredecibles. Eso ocurre con el efecto multiplicador del bien que tiene el Reino, que actúa como levadura en las obras buenas que la humanidad emprende. Podemos influenciar enormemente la sociedad con unas actitudes que, aunque no sean noticia en los medios de comunicación, fecundan abundantemente la sociedad.

 

Finalmente, podemos recordar, al estilo de los predicadores tradicionales, que en reiteradas enseñanzas se le ha atribuido a la iglesia ser esa presencia viva del Reino de Dios en el mundo, ser esa semilla plantada humildemente al principio y que ha crecido y fecundado muchos ambientes. Pero la figura más elocuente y fundamental del Reino de Dios es el mismo Jesús presente en el mundo como el Hijo de Dios. Sin poder dominador, pero con amor transformador de todos y todas los que viven una experiencia personal y comunitaria con él. La palabra de Dios es también esa semilla sencilla plantada en medio de su pueblo que puede surtir efectos grandiosos en los corazones de quienes se abren a ella y dejan que fructifique. Nosotros todos podemos ser también semillas del Reino de Dios. Demos el testimonio coherente de fe y vida al que nos llama el evangelio. Eso hará germinar abundantemente los elementos constitutivos del Reino de Dios: Justicia, derecho, paz, fraternidad.