EVANGELIO DEL DOMINGO
"Te seguiré donde quiera que vayas". San Lucas 9, 51-62.

sábado, 4 de junio de 2016

INMACULADO CORAZÓN DE MARÍA

 “El Evangelio de Hoy”: Lc 2, 41-51

Lectura del santo evangelio según san Lucas:

Los padres de Jesús solían ir cada año a Jerusalén por las fiestas de Pascua. Cuando Jesús cumplió doce años, subieron a la fiesta según la costumbre y, cuando terminó, se volvieron; pero el niño Jesús se quedó en Jerusalén, sin que lo supieran sus padres.  Éstos, creyendo que estaba en la caravana, hicieron una jornada y se pusieron a buscarlo entre los parientes y conocidos; al no encontrarlo, se volvieron a Jerusalén en su busca.
A los tres días, lo encontraron en el templo, sentado en medio de los maestros, escuchándolos y haciéndoles preguntas; todos los que le oían quedaban asombrados de su talento y de las respuestas que daba.  Al verlo, se quedaron atónitos, y le dijo su madre: “Hijo, ¿por qué nos has tratado así? Mira que tu padre y yo te buscábamos angustiados.”  Él les contestó: “¿Por qué me buscaban? ¿No sabían que yo debía estar en la casa de mi Padre?”  Pero ellos no comprendieron lo que quería decir. Él bajó con ellos a Nazaret y siguió bajo su autoridad.  Su madre conservaba todo esto en su corazón.  Palabra del Señor.

Reflexión

El sábado siguiente a la fiesta del Sagrado Corazón de Jesús, la Iglesia nos invita a celebrar la fiesta del Inmaculado Corazón de María. Un corazón abierto a Dios y a su proyecto de salvación. Un corazón dispuesto a guardar con gratitud el paso de Dios por su vida. Un corazón joven que sintoniza con el deseo de Dios y colabora a plenitud para realizar su voluntad. El evangelio nos presenta el conocido texto que nos muestra a Jesús perdido y hallado en el Templo a la edad de doce años. El único fin de este escrito es el de presentarnos, por primera vez, en este evangelio, la relación que existe entre Dios y Jesús.

La “incomprensión” de María y José representan la reacción natural de quien se encuentra frente a un hecho que supera las expectativas y la comprensión humana. La fe de María y de José, como la fe de todo creyente auténtico, se ve siempre superada por la realidad insondable del misterio de Dios.

 “¿No sabían que yo debía estar en la Casa de mi Padre?” Esta es la respuesta que subraya la cercanía entre Jesús y Dios. El templo era, en efecto, el espacio de la presencia de Dios y el lugar en donde se enseñaba la Palabra de Dios. Pidámosle al Señor que nos asista con su sabiduría para que podamos verdaderamente discernir su voluntad y encargarnos de vivirla con alegría.

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