EVANGELIO DEL DOMINGO
"Velen, porque no saben el momento". San Marcos, 51-62.

viernes, 17 de abril de 2020

SIN JESÚS, NADA; CON JESÚS TODO

“El Evangelio de Hoy”: Jn 21,1-14 Lectura del santo evangelio según san Juan: En aquel tiempo, Jesús se apareció otra vez a los discípulos junto al lago de Tiberíades. Y se apareció de esta manera: Estabanjuntos Simón Pedro, Tomás apodado el Mellizo, Natanael el de Caná de Galilea, los Zebedeos y otros dos discípulos suyos. Simón Pedro les dice: "Me voy a pescar." Ellos contestan: "Vamos también nosotros contigo." Salieron y se embarcaron; y aquella noche no cogieron nada. Estaba ya amaneciendo, cuando Jesús se presentó en la orilla; pero los discípulos no sabían que era Jesús. Jesús les dice: "Muchachos, ¿tienen pescado?" Ellos contestaron: "No." Él les dice: "Echen la red a la derecha de la barca y encontrarán." La echaron, y no tenían fuerzas para sacarla, por la multitud de peces. Y aquel discípulo que Jesús tanto quería le dice a Pedro: "Es el Señor." Al oír que era el Señor, Simón Pedro, que estaba desnudo, se ató la túnica y se echó al agua. Los demás discípulos se acercaron en la barca, porque no distaban de tierra más que unos cien metros, remolcando la red con los peces. Al saltar a tierra, ven unas brasas con un pescado puesto encima y pan. Jesús les dice: "Traigan de los peces que acaban de coger." Simón Pedro subió a la barca y arrastró hasta la orilla la red repleta de peces grandes: ciento cincuenta y tres. Y aunque eran tantos, no se rompió la red. Jesús les dice: "Vamos, almuercen." Ninguno de los discípulos se atrevía a preguntarle quién era, porque sabían bien que era el Señor. Jesús se acerca, toma el pan y se lo da, y lo mismo el pescado. Esta fue la tercera vez que Jesús se apareció a los discípulos, después de resucitar de entre los muertos. Palabra del Señor. Reflexión Muchos períodos vacíos de entusiasmo, de alegría, de luz y de esperanza ha vivido la Iglesia después de su nacimiento en la Pascua de Jesús Resucitado. Las causas hay que buscarlas en el alejamiento de Jesús, de su palabra y su manera de vivir y de compartir. Sin Jesús, con Jesús lejos y olvidado, organizando todo solo desde nuestras visiones estrechas e interesadas, nos pasaríamos la vida afanando sin nada lograr ni disfrutar. La presencia de Jesús resucitado garantiza los buenos resultados, de inmediato. Pero también hoy nos encontramos amenazados por el sin sentido de estar encerrados en los hogares sin poder hacer más que eso mismo por nuestras familias. Discernamos lo que nos está diciendo Dios en medio de esta crisis. El Evangelio de Hoy nos recuerda que es Jesús el Enviado, el Misionero y Maestro con quien debemos marchar hacia la construcción del Reino de Dios. No significa que debamos dejarle todo a él sino que, en comunión con él y continuando su misión, debemos fundar en él toda nuestra vida, nuestras luchas, nuestros esfuerzos por un mundo mejor, nuestra lucha por la justicia y el derecho. Y, sobre todo, hacerlo todo como él lo ha hecho, de manera fraterna y cercana, con respeto y ternura, con mucho amor y confianza en el Dios de la vida, a pesar de la muerte que va dejando la actual pandemia.

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