viernes, 24 de mayo de 2019

JESÚS, AMIGO QUE NUNCA FALLA


“El Evangelio de Hoy”: Jn 15, 12-17

Lectura del santo evangelio según san Juan:

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: "Éste es mi mandamiento: que se amen unos a otros como yo los he amado. Nadie tiene amor más grande que el que da la vida por sus amigos. Ustedes son mis amigos, si hacen lo que yo les mando. Ya no les llamo siervos, porque el siervo no sabe lo que hace su señor: a ustedes les llamo amigos, porque todo lo que he oído a mi Padre se lo he dado a conocer. No son ustedes los que me han elegido, soy yo quien los he elegido y los he destinado para que vayan y den fruto, y su fruto dure. De modo que lo que pidan al Padre en mi nombre se lo dé. Esto les mando: que se amen unos a otros." Palabra del Señor.

REFLEXIÓN

Jesús no vino al mundo a buscar servidores sino amigos con los cuales compartir su experiencia de Dios, compartir y transmitir todo lo recibido de su Padre y así donarle la vida. Todo esto gratuitamente. Es Él quien nos ha elegido y nos ha enviado a continuar su misión de amar y servir. Aceptar su amistad es confiar en él, es salir a producir frutos duraderos, es crecer en amor por los otros. Como Él, los amigos y amigas de Jesús aman como Él amó y dan su vida como Él dio la suya.

Según este texto del evangelio, es importante la práctica del amor fraterno dentro de la comunidad de discípulos, ya que es la manera real de vivir plenamente la fe; por ello Jesús mismo se pone como ejemplo de vida; él es el modelo del amor perfecto, del amor desmedido y entregado por la humanidad. Este amor desbordante, que es criterio de vida para la comunidad, exige comprender de una manera distinta al ser humano y a la naturaleza, pasando de una relación de poder a una relación íntima de amistad, en la que existe el conocimiento del otro, el apasionamiento por la realidad de mi semejante, hasta el punto de ser capaz de entregar todo por la vida y el bienestar del otro. La vida y fe se vinculan cuando verdaderamente asumimos en libertad la experiencia del amor. Si somos conscientes de eso, nuestra vida tendrá sentido.

martes, 21 de mayo de 2019

EL DON DE LA PAZ


“El Evangelio de Hoy”: Jn 14, 27-31a

Lectura del santo evangelio según san Juan:

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: "La paz les dejo, mi paz les doy; no se la doy yo como la da el mundo. Que no tiemble su corazón ni se acobarde. Me han oído decir: "Me voy y vuelvo a su lado." Si me amaran, se alegrarían de que vaya al Padre, porque el Padre es más que yo. Les lo he dicho ahora, antes de que suceda, para que cuando suceda, sigan creyendo. Ya no hablaré mucho con ustedes, pues se acerca el Príncipe del mundo; no es que él tenga poder sobre mí, pero es necesario que el mundo comprenda que yo amo al Padre, y que lo que el Padre me manda yo lo hago." Palabra del Señor.

REFLEXIÓN

"La paz les dejo, mi paz les doy; no se la doy yo como la da el mundo. Sin paz no hay posibilidad de verdadera vida. La paz nos permite vivir nuestra humanidad y organizarnos para responder a los requerimientos de la vida. La paz nos permite pensar, discernir, calcular lo que nos hace falta para responder adecuadamente a lo que Dios nos pide. En fin, la paz nos invita a la oración de alabanza, de reconocimiento y de petición a nuestro Dios. Jesús sabe que sin su paz nada podemos hacer para la extensión de su Reino. Jesús busca darle ánimo a la comunidad temerosa. Hoy más que nunca esta amenazada la paz a causa de la falta de valores y la adopción de medidas que quitan la paz de millones y millones de personas en el mundo.

Los apóstoles deberían alegrarse de que Jesús vaya al Padre. Jesús, desde su humanidad declara al Padre mayor que Él. Jesús desdramatiza su muerte porque la misma es camino para su vuelta al Padre y oportunidad para la expresión suprema de su Amor. Nadie le quita la vida, él la entrega. La muerte de Jesús no es fracaso, es prueba de la autenticidad de su misión. Jesús anticipa el triunfo de la vida. Dios nos permita su amor y su paz.  

jueves, 16 de mayo de 2019

SE ES FELIZ SIENDO IGUALES


“El Evangelio de Hoy”: Jn 13,16-20

Lectura del santo evangelio según san Juan:

Cuando Jesús acabó de lavar los pies a sus discípulos, les dijo: "Les aseguro, el criado no es más que su amo, ni el enviado es más que el que lo envía. Puesto que saben esto, dichosos ustedes si lo ponen en práctica. No lo digo por todos ustedes; yo sé bien a quiénes he elegido, pero tiene que cumplirse la Escritura: "El que compartía mi pan me ha traicionado." Se lo digo ahora, antes de que suceda, para que cuando suceda crean que yo soy. Se lo aseguro: El que recibe a mi enviado me recibe a mí; y el que a mí me recibe, recibe al que me ha enviado." Palabra del Señor.

REFLEXIÓN

Lo que Jesús nos pide es hacer el esfuerzo de ser como él. No podremos jamás sobrepasarle en amor, amistad, ternura, sentido común… Por momentos parece que nosotros pretendemos corregir a Jesús, como Pedro en la ocasión que le dice a Jesús: “no te suceda a ti eso Señor”. Aceptar seguir a Jesús supone vivir su mensaje. La práctica de la Buena Noticia es bienaventuranza, produce alegría y gozo en lo más profundo y trascendente de nuestra vida. La verdadera felicidad está en el amor servicial, no en el dominio. Se es feliz siendo iguales y siguiendo la suerte del maestro aunque cueste sufrimientos y dolores.

La falta de fe y de adhesión de los discípulos de Jesús parece que fue tan dolorosa y escandalosa que en este texto encontramos de nuevo la figura del traidor. Pero no nos centremos en el traidor visto únicamente como Judas Iscariote. Cada uno de nosotros, cuando faltamos al amor y al estilo de Jesús, traiciona su enseñanza y su persona. Estamos llamados a vivir en comunión con Jesús, así estaremos en comunión con Dios. Dios no ejerce dominio sino que comunica vida y amor. Hagamos lo mismo con nuestras hermanas y hermanos.

martes, 14 de mayo de 2019

AMIGOS


“El Evangelio de Hoy”: Jn 15, 9-17

Lectura del santo evangelio según san Juan:

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: "Como el Padre me ha amado, así les he amado yo; permanezcan en mi amor. Si guardan mis mandamientos, permanecerán en mi amor; lo mismo que yo he guardado los mandamientos de mi Padre y permanezco en su amor.
Les he hablado de esto para que mi alegría esté en ustedes, y su alegría llegue a plenitud. Éste es mi mandamiento: que se amen unos a otros como yo les he amado. Nadie tiene amor más grande que el que da la vida por sus amigos. Ustedes son mis amigos, si hacen lo que yo le mando. Ya no les llamo siervos, porque el siervo no sabe lo que hace su señor: a ustedes les llamo amigos, porque todo lo que he oído a mi Padre se lo he dado a conocer. No son ustedes los que me han elegido, soy yo quien les he elegido y les he destinado para que vayan y den fruto, y su fruto dure. De modo que lo que pidan al Padre en mi nombre se lo dé.. Esto les mando: que se amen unos a otros."  Palabra del Señor.

Reflexión

El centro del mensaje de Jesús lo constituye el, “permanezcan en el amor que les tengo”. Esa debe ser la fuente de nuestra alegría. Jesús se presenta como amigo, capaz de dar la vida por sus amigos. Ser cristiano es ser amigo de Jesús, no siervos, sino amigos confiados. Los siervos hacen las cosas por obligación y obedeciendo órdenes. Los amigos son capaces de adelantarse a las necesidades de sus amigos e ir puntualmente a colaborar. El comportamiento del amigo viene de dentro, es iniciativa. La amistad supone comunicación, haber hecho nuestros los objetivos y sentimientos de quien apreciamos y amamos.

La amistad no deja iguales las estructuras sociales. El calor de la amistad implica un compartir que crea la igualdad entre los amigos y rompe las categorías de dominación y servidumbre de unos sobre otros. No hay verdadera amistad y amor sino entre iguales. Si consideramos a los otros inferiores a nosotros entonces no puede haber amistad verdadera. La solidaridad cristiana no es impersonal. No hay compromiso con los otros si no hay amistad. Por eso Jesús es nuestro gran amigo que no viene a creerse superior y a condenarnos sino a compartir su vida y su santidad con nosotros. Este es mi mandamiento: “que se amen unos a otros como yo les he amado”.

sábado, 11 de mayo de 2019

PALABRAS DE VIDA ETERNA


 “El Evangelio de Hoy”: Jn 6, 60-69

Lectura del santo evangelio según san Juan:

En aquel tiempo, muchos discípulos de Jesús, al oírlo, dijeron: "Este modo de hablar es duro, ¿quién puede hacerle caso?" Adivinando Jesús que sus discípulos lo criticaban, les dijo: "¿Esto les hace vacilar?, ¿y si vieran al Hijo del hombre subir a donde estaba antes? El espíritu es quien da vida; la carne no sirve de nada. Las palabras que les he dicho son espíritu y vida. Y con todo, algunos de ustedes no creen. "Pues Jesús sabía desde el principio quiénes no creían y quién lo iba a entregar. Y dijo: "Por eso les he dicho que nadie puede venir a mí, si el Padre no se lo concede." Desde entonces, muchos discípulos suyos se echaron atrás y no volvieron a ir con él. Entonces Jesús les dijo a los Doce: "¿También ustedes quieren marcharse?" Simón Pedro le contestó: "Señor, ¿a quién vamos a acudir? Tú tienes palabras de vida eterna; nosotros creemos y sabemos que tú eres el Santo consagrado por Dios." Palabra del Señor.

Reflexión

Las palabras de Jesús chocan con la mentalidad vigente. Hace veinte siglos parecía inadmisible que una persona pudiera comunicar un mensaje tan exigente y tan liberador. Hoy, seguimos en el mismo plan: tratamos de endulzar las palabras de Jesús para que no hieran nuestros prejuicios. Con frecuencia queremos convertir la palabra de Jesús en el ejercicio de un conjunto de ritos. Pero, la palabra de Jesús nos desestabiliza, nos desquicia y nos lleva a cuestionar la vida diaria.

A veces, incluso, decimos como los discípulos. «Este modo de hablar es inaceptable, ¿quién puede hacerle caso? No obstante, si queremos seguir a Jesús, la única respuesta posible es un «sí» rotundo, un «amén» decidido y generoso. Queremos seguirlo y queremos ser como él. No deseamos contentarnos con los laureles que nos ofrece el mundo, sino que anhelamos caminar con el Nazareno la difícil y tortuosa vía del pueblo de Dios en la historia.

Ahora, muy pocos se atreven a criticar a Jesús de Nazaret, pero esto no significa que estén de acuerdo con él. Muchas personas hace tiempo que se «echaron para atrás» y cogieron su propio camino, solamente que se contentan con llevar en su memoria el recuerdo de un bautismo sociológico y el aval de las ceremonias religiosas. Pero, para aquellos que anhelamos escuchar la voz del Maestro, no existe otra respuesta que la de Pedro ante el desafío de Jesús: « ¿Señor, a quién iremos?, sólo tú tienes palabras de vida eterna».

jueves, 9 de mayo de 2019

YO LO RESUCITARÉ


 “El Evangelio de Hoy”: Jn 6,44-51

Lectura del santo evangelio según san Juan:

En aquel tiempo, dijo Jesús a la gente: "Nadie puede venir a mí, si no lo atrae el Padre que me ha enviado. Y yo lo resucitaré el último día. Está escrito en los profetas: "Serán todos discípulos de Dios." Todo el que escucha lo que dice el Padre y aprende viene a mí. No es que nadie haya visto al Padre, a no ser el que procede de Dios: ése ha visto al Padre. Se lo aseguro: el que cree tiene vida eterna. Yo soy el pan de la vida. Sus padres comieron en el desierto el maná y murieron: éste es el pan que baja del cielo, para que el hombre coma de él y no muera. Yo soy el pan vivo que ha bajado del cielo; el que coma de este pan vivirá para siempre. Y el pan que yo daré es mi carne para la vida del mundo." Palabra del Señor.

Reflexión.

Jesús reafirma que Él es el pan de vida. Quienes coman del nuevo pan de vida plena participarán de la resurrección. Aquí la resurrección no se entiende, como en la mentalidad de los fariseos, un premio por el estricto cumplimiento de la ley. Con Jesús la vida en abundancia es fruto de la configuración con Él y con su proyecto histórico.

Es bueno recordar que participar del proyecto de Jesús es asimilar los valores de su mensaje, las razones de su lucha, la obediencia incondicional al proyecto salvador de Dios, y los riesgos que se corren como consecuencia de un compromiso radical. No se puede ir tras de Jesús sólo por conveniencia o simple tradición; ésa es la característica de una fe desencarnada, lejana a toda opción auténticamente cristiana. Participar en este caso quiere decir estar a la escucha de su voluntad para afrontar nuestra realidad de hoy buscando transformarla. 

En tiempo en que la vida se ve amenazada y se levantan estructuras injustas fundadas en la mentira y la muerte de los pobres, es más necesario que nunca optar abiertamente y con radicalidad por la causa de Jesús: El reino de Dios, donde los seres humanos, especialmente los pobres, tengan vida en abundancia. Trabajar por la igualdad de condiciones. Comprometámonos en su seguimiento, superando nuestros miedos y comodidades. Dios nos inspire confianza y entrega.

martes, 7 de mayo de 2019

EL PAN DE VIDA


 “El Evangelio de Hoy”: Jn 6, 30-35

Lectura del santo evangelio según san Juan:

En aquel tiempo, dijo la gente a Jesús: "¿Y qué signo vemos que haces tú, para que creamos en ti? ¿Cuál es tu obra? Nuestros padres comieron el maná en el desierto, como está escrito: "Les dio a comer pan del cielo."  Jesús les replicó: "Os aseguro que no fue Moisés quien os dio pan del cielo, sino que es mi Padre el que les da el verdadero pan del cielo. Porque el pan de Dios es el que baja del cielo y da vida al mundo." Entonces le dijeron: "Señor, danos siempre de este pan." Jesús les contestó: "Yo soy el pan de la vida. El que viene a mí no pasará hambre, y el que cree en mí nunca pasará sed." Palabra del Señor.

Reflexión

Jesús se da como comida eficaz y trascendente. No es que ofrece alimento, es que se entrega él mismo para fortalecernos. Creyendo en Jesús reinterpretamos todo lo que nos llega en la vida, al modo de él. Lo que para otros puede constituir una  mera e inaceptable desgracia, para nosotros, al estilo de Jesús, puede ser un medio de crecimiento y madurez en la fe, la confianza y la entrega. Ser cristianos significa seguir a Jesús y así vivió él su historia, sin alienaciones, sin ingenuidades, con sus pies y su corazón bien puestos en la tierra, pero en conexión profunda y permanente con Dios. Yo soy el pan de vida. El que viene a mí no pasará hambre, y el que cree en mí nunca pasará sed."
Esta afirmación de Jesús nos puede parecer un sinsentido en un mundo donde mueren miles de personas a diario por falta de comida y donde, al mismo tiempo, se tira, descaradamente en los zafacones, miles de toneladas de alimentos. Ser pan de vida hoy, significa saciar nuestra hambre de Dios con el pan de la Palabra, el pan del testimonio y el pan de la misión; significa aceptar la comunicación divina para crear nuevas relaciones comprometidas con la vida, con el amor, con la entrega, con el servicio a los demás. Nadie pasa hambre en un mundo de hermanos y hermanas, todo se comparte y sobra… Nos falta creer y vivir lo que creemos. Somos invitados a avanzar. Acojamos esta invitación con alegría y gratitud. Jesús resucitado nos acompaña y anima.

viernes, 26 de abril de 2019

"ECHEN LA RED"

“El Evangelio de Hoy”: Juan 21,1-14

Lectura del santo evangelio según san Juan:

En aquel tiempo, Jesús se apareció otra vez a los discípulos junto al lago de Tiberíades. Y se apareció de esta manera: Estaban juntos Simón Pedro, Tomás apodado el Mellizo, Natanael el de Caná de Galilea, los Zebedeos y otros dos discípulos suyos. Simón Pedro les dice: "Me voy a pescar." Ellos contestan: "Vamos también nosotros contigo." Salieron y se embarcaron; y aquella noche no cogieron nada. Estaba ya amaneciendo, cuando Jesús se presentó en la orilla; pero los discípulos no sabían que era Jesús.
Jesús les dice: "Muchachos, ¿tienen pescado?" Ellos contestaron: "No." Él les dice: "Echen la red a la derecha de la barca y encontrarán." La echaron, y no tenían fuerzas para sacarla, por la multitud de peces. Y aquel discípulo que Jesús tanto quería le dice a Pedro: "Es el Señor." Al oír que era el Señor, Simón Pedro, que estaba desnudo, se ató la túnica y se echó al agua. Los demás discípulos se acercaron en la barca, porque no distaban de tierra más que unos cien metros, remolcando la red con los peces.
Al saltar a tierra, ven unas brasas con un pescado puesto encima y pan. Jesús les dice: "Traigan de los peces que acaban de coger." Simón Pedro subió a la barca y arrastró hasta la orilla la red repleta de peces grandes: ciento cincuenta y tres. Y aunque eran tantos, no se rompió la red. Jesús les dice: "Vamos, almuercen." Ninguno de los discípulos se atrevía a preguntarle quién era, porque sabían bien que era el Señor. Jesús se acerca, toma el pan y se lo da, y lo mismo el pescado. Esta fue la tercera vez que Jesús se apareció a los discípulos, después de resucitar de entre los muertos. Palabra del Señor.

Reflexión

Muchos períodos vacíos de entusiasmo, de alegría, de luz y de esperanza ha vivido la Iglesia después de su nacimiento en la Pascua de Jesús Resucitado. Las causas hay que buscarla en el alejamiento de Jesús, de su palabra y su manera de vivir y de compartir. Sin Jesús, con Jesús lejos y olvidado, organizando todo solo desde nuestras visiones estrechas e interesadas, nos pasaríamos la vida afanando sin nada lograr ni disfrutar.

El Evangelio de Hoy nos recuerda que es Jesús el Enviado, el Misionero  y  Maestro con quien debemos marchar hacia la construcción del Reino de Dios. No significa que debamos dejarle todo a él sino que, en comunión con el y continuando su misión, debemos fundar en él toda nuestra vida, nuestras luchas, nuestros esfuerzos por un mundo mejor, nuestra lucha por la justicia y el derecho. Y, sobre todo, hacerlo todo como él lo ha hecho, de manera fraterna y cercana, con respeto y ternura, con mucho amor y confianza en el Dios de la vida.  

jueves, 25 de abril de 2019

"PAZ A USTEDES"


“El Evangelio de Hoy”: Lc 24,35-48

Lectura del santo evangelio según san Lucas:

En aquel tiempo, contaban los discípulos lo que les había pasado por el camino y cómo habían reconocido a Jesús al partir el pan. Estaban hablando de estas cosas, cuando se presenta Jesús en medio de ellos y les dice: "Paz a ustedes." Llenos de miedo por la sorpresa, creían ver un fantasma. Él les dijo: "¿Por qué se alarman?, ¿por qué surgen dudas en su interior? Miren mis manos y mis pies: soy yo en persona. Pálpenme y dense cuenta de que un fantasma no tiene carne y huesos, como ven que yo tengo."
Dicho esto, les mostró las manos y los pies. Y como no acababan de creer por la alegría, y seguían atónitos, les dijo: "¿Tienen ahí algo de comer?" Ellos le ofrecieron un trozo de pez asado. Él lo tomó y comió delante de ellos. Y les dijo: "Esto es lo que les decía mientras estaba con ustedes: que todo lo escrito en la ley de Moisés y en los profetas y salmos acerca de mí tenía que cumplirse." Entonces les abrió el entendimiento para comprender las Escrituras. Y añadió: "Así estaba escrito: el Mesías padecerá, resucitará de entre los muertos al tercer día y en su nombre se predicará la conversión y el perdón de los pecados a todos los pueblos, comenzando por Jerusalén. Ustedes son testigos de esto." Palabra del Señor.

Reflexión

En el Evangelio de Hoy Jesús sigue apareciéndose a sus discípulos y ayudándoles a familiarizarse con su nueva dimensión de resucitado, para que puedan dar testimonio de él en el mundo. Lo primero es la paz. El resucitado no viene a aportar inquietudes enfermizas ni tensiones estériles, viene a comunicar paz. La paz de saberse salvados por la muerte y la resurrección del Señor. La paz del vencimiento del peor obstáculo que es la muerte; la paz de saberse acompañado por el mismo Jesús que antes marchaba con ellos y con nosotros por los caminos de la vida.

Dios ama tanto al mundo y sus habitantes que le regala a su propio Hijo para que vivan por él. Por eso Jesús se presenta dando una misión a sus discípulos… El miedo, ante el peligro de terminar en una cruz como su maestro no debe paralizarlos, Dios se ocupa de la vida. Ustedes son testigos de esto nos dice Jesús. Y todo estaba ya anunciado en Las Escrituras. Pidamos hoy al Señor que nos ayude a comprender su palabra y a vivir dando testimonio de la vida en medio de tantas amenazas y tantos sufrimientos. Aunque seamos débiles, enfermizos, pecadores, Jesús nos ofrece su fuerza, su Espíritu y su compañía. Dispongámonos a buscar y hacer la voluntad de Dios y veremos los resultados. 

miércoles, 24 de abril de 2019

RETOMAR LA FE


“El Evangelio de Hoy”: Lc 24,13-35

Lectura del santo evangelio según san Lucas:

Dos discípulos de Jesús iban andando aquel mismo día, el primero de la semana, a una aldea llamada Emaús, distante unas dos leguas de Jerusalén; iban comentando todo lo que había sucedido. Mientras conversaban y discutían, Jesús en persona se acercó y se puso a caminar con ellos. Pero sus ojos no eran capaces de reconocerlo.
Él les dijo: "¿Qué conversación es esa que traen mientras van de camino?" Ellos se detuvieron preocupados. Y uno de ellos, que se llamaba Cleofás, le replicó: "¿Eres tú el único forastero en Jerusalén, que no sabes lo que ha pasado allí estos días?" Él les preguntó: "¿Qué?" Ellos le contestaron: "Lo de Jesús el Nazareno, que fue un profeta poderoso en obras y palabras, ante Dios y ante todo el pueblo; como lo entregaron los sumos sacerdotes y nuestros jefes para que lo condenaran a muerte, y lo crucificaron. Nosotros esperábamos que él fuera el futuro liberador de Israel. Y ya ves: hace ya dos días que sucedió esto. Es verdad que algunas mujeres de nuestro grupo nos han sobresaltado: pues fueron muy de mañana al sepulcro, no encontraron su cuerpo, e incluso vinieron diciendo que habían visto una aparición de ángeles, que les habían dicho que estaba vivo. Algunos de los nuestros fueron también al sepulcro y lo encontraron como habían dicho las mujeres; pero a él no lo vieron."
Entonces Jesús les dijo: "¡Qué necios y torpes son para creer lo que anunciaron los profetas! ¿No era necesario que el Mesías padeciera esto para entrar en su gloria?" Y, comenzando por Moisés y siguiendo por los profetas, les explicó lo que se refería a él en toda la Escritura. Ya cerca de la aldea donde iban, él hizo ademán de seguir adelante; pero ellos le apremiaron, diciendo: "Quédate con nosotros, porque atardece y el día va de caída." Y entró para quedarse con ellos. Sentado a la mesa con ellos, tomó el pan, pronunció la bendición, lo partió y se lo dio. A ellos se les abrieron los ojos y lo reconocieron. Pero él desapareció.
Ellos comentaron: "¿No ardía nuestro corazón mientras nos hablaba por el camino y nos explicaba las Escrituras?" Y, levantándose al momento, se volvieron a Jerusalén, donde encontraron reunidos a los Once con sus compañeros, que estaban diciendo: "Era verdad, ha resucitado el Señor y se ha aparecido a Simón." Y ellos contaron lo que les había pasado por el camino y cómo lo habían reconocido al partir el pan. Palabra del Señor.

Reflexión

Jesús había prometido a sus discípulos que estaría con ellos todos los días hasta el fin del mundo ( Mt 28,20). Por eso no es extraño que nos lo encontremos junto a estos dos discípulos, Cleofás y el otro quienes se dirigían, desanimados, hacia su pueblito, después de haber acogido con gozo el proyecto de Jesús y experimentado la decepción de su condena y muerte en la Cruz. Jesús dialoga con ellos y les explica las Escrituras haciéndoles  recuperar la memoria de las implicaciones de su proyecto liberador. De la misma manera que antes de la crucifixión, Jesús parte y comparte con ellos el pan, lo que le lleva a reconocerlo al instante y recuperar la esperanza y la fuerza y volver a reunirse con sus hermanos para continuar la misión de Jesús, testimoniando su experiencia de la resurrección.

Al igual que los primeros discípulos de Jesús, nuestra realidad de crisis de todo tipo, puede producirnos miedos, temores y desesperanzas. No olvidemos dejarnos iluminar por la Palabra de Dios en los evangelios que nos invita a compartir la vida, compartiendo la comunión en Cristo. Jesús es nuestro alimento para poder atravesar todos los momentos y etapas de nuestra vida sin desfallecer. El compromiso de nuestra fe se vuelve misión transformadora de nuestra realidad personal y comunitaria. Así que El Evangelio de Hoy nos invita seriamente a vivir nuestra fe cristiana haciendo frente a las dificultades grandes y pequeñas con la fuerza del Espíritu del Resucitado que camina con nosotros en todo tiempo. Jesús está vivo y nos comunica su vida abundante. Aprovechémosla.

martes, 23 de abril de 2019

EL LUGAR DEL RESUCITADO




Lectura del santo evangelio según san Juan:


En aquel tiempo, fuera, junto al sepulcro, estaba María, llorando. Mientras lloraba, se asomó al sepulcro y vio dos ángeles vestidos de blanco, sentados, uno a la cabecera y otro a los pies, donde había estado el cuerpo de Jesús. Ellos le preguntan: "Mujer, ¿por qué lloras?" Ella les contesta: "Porque se han llevado a mi Señor y no sé dónde lo han puesto." Dicho esto, da media vuelta y ve a Jesús, de pie, pero no sabía que era Jesús. Jesús le dice: "Mujer, ¿por qué lloras?, ¿a quién buscas?" Ella, tomándolo por el hortelano, le contesta: "Señor, si tú te lo has llevado, dime dónde lo has puesto y yo lo recogeré." Jesús le dice: "¡María!" Ella se vuelve y le dice: "¡Rabboni!", que significa: "¡Maestro!" Jesús le dice: "Suéltame, que todavía no he subido al Padre. Anda, ve a mis hermanos y diles: "Subo al Padre mío y Padre vuestro, al Dios mío y Dios vuestro." María Magdalena fue y anunció a los discípulos: "He visto al Señor y ha dicho esto." Palabra del Señor.

Reflexión

María Magdalena está buscando al Jesús muerto, pero el ya no está ahí. Lo está buscando fuera de ella y él le habla al corazón. Su problema ahora es que le han llevado al Maestro que la había comprendido y tratado con respeto y ternura. Ya no tiene cerca al Profeta que había seguido fielmente hasta el final. Dos mil años más tarde nosotros seguimos buscando a Jesús, como la Magdalena, en lugares equivocados, fuera de la experiencia personal de encuentro con él.

Cuando buscamos a Jesús resucitado en los libros y en los documentos, difícilmente lo vamos a encontrar. Para encontrarnos con el Resucitado es necesario, ante todo, hacer un recorrido interior. Si no lo encontramos dentro de nosotros, no lo encontraremos en ninguna parte. Porque Jesús está vivo, está en la memoria encarnada de quienes creen en él de todo corazón y están realizando hoy la misión que él les encomendó de anunciar el Evangelio de la vida.

Nuestro problema, como el de María Magdalena es que aun viendo a Jesús, no lo reconocemos porque tenemos ideas preconcebidas de él y el nos sorprende en medio de la vida sencilla de cada día. Si solo nos centramos en nuestros problemas y no miramos con esperanza al futuro que él nos anuncia, él seguirá muerto. Así que La invitación del Evangelio de Hoy es a que salgamos de la tristeza que nos aporta la  dura realidad de nuestra historia y nos dejemos iluminar por el Jesús vivo que  viene a nuestro encuentro y nos llama por nuestro nombre a confiar en él y su mensaje. Nuestra fe ha de vivirse en la confianza en Jesús resucitado, luchando por hacer germinar la vida allí donde aparentemente solo hay muerte y desolación.

sábado, 20 de abril de 2019

RESUCITADOS YA


"El Evangelio de Hoy”: Jn 20, 1-9

Lectura del santo evangelio según san Juan:

El primer día de la semana, María Magdalena fue al sepulcro al amanecer, cuando aún estaba oscuro, y vio la losa quitada del sepulcro. Echó a correr y fue donde estaba Simón Pedro y el otro discípulo a quien quería Jesús, y le dijo: "Se han llevado del sepulcro al Señor y no sabemos dónde lo han puesto."
Salieron Pedro y el otro discípulo camino del sepulcro. Los dos corrían juntos, pero el otro discípulo corría más que Pedro; se adelantó y llegó primero al sepulcro; y, asomándose, vio las vendas en el suelo; pero no entró. Llegó también Simón Pedro detrás de él y entró en el sepulcro. Vio las vendas en el suelo y el sudario con que le habían cubierto la cabeza, no por el suelo con las vendas, sino enrollado en un sitio aparte. Entonces entró también el otro discípulo, el que había llegado primero al sepulcro; vio y creyó. Pues hasta entonces no había entendido la Escritura: que él había de resucitar de entre los muertos. Palabra del Señor.

Reflexión

La resurrección de Jesús es una gran Noticia. Confirmamos que Dios se complace en la vida. Ya Jesús había dicho que su misión era la de proporcionarnos vida en abundancia. Hoy sabemos que quienes viven como Jesús, siguiendo su ejemplo no mueren pues él es la resurrección y la vida. La muerte no tiene ningún poder sobre él. Está vivo. Ha resucitado y no podemos más que confesarlo y "seguirlo", "persiguiendo su Causa", obedeciendo a Dios,

Creer en la resurrección es afirmar que su enseñanza y su práctica tienen validez eterna y suprema, es necesario, siguiendo a Jesús, luchar a favor de la vida. Creer en la resurrección de Jesús es creer que su palabra, su proyecto y el Reino que anuncia,  expresan el valor fundamental de nuestra vida. Es poder tratar a los que nos rodean con cariño y delicadeza pues son nuestros hermanos y hermanas.

Me parece que nos falta la autenticidad de la fe para poder dejar que el Espíritu del resucitado realmente nos sostenga y anime. Lo importante no es solamente creer en Jesús, sino creer como Él. No es tener fe en Jesús, sino tener la fe de Jesús: su actitud ante la historia, su opción por los pobres, su propuesta, su lucha decidida, su confianza y esperanza hasta el último momento. Que Jesús resucitado nos regale su fuerza renovadora para afrontar nuestra vida con espíritu decidido y combatiente.  Feliz pascua de resurrección.

RESUCITAR DÍA A DÍA


Sábado Santo

La Iglesia no celebra ningún sacramente en este día. El Viernes Santo vivimos su pasión y su muerte y hoy le acompañamos en su sepulcro en silencio y oración.
El sábado Santo es un día cargado de esperanza. Sabemos que Jesús no se quedó en el sepulcro, él resucitó y eso es lo que nos aporta la alegría y la esperanza. Por eso, hoy esperamos la Noche Santa, como cantamos en el Pregón Pascual, la gran noche en que vivimos la memoria de la resurrección de Jesús. Así, se instalará la alegría y el gozo de sabernos salvados por la vida, la pasión, la muerte y la Resurrección de Jesús. Durante 50 días estaremos celebrando este acontecimiento en nuestra liturgia eclesial.


“El Evangelio de Hoy”:  Lc 24, 1-12

Lectura del santo evangelio según san Lucas

El primer día de la semana, de madrugada, las mujeres fueron al sepulcro llevando los aromas que habían preparado. Encontraron corrida la piedra del sepulcro. Y, entrando, no encontraron el cuerpo del Señor Jesús. Mientras estaban desconcertadas por esto, se les presentaron dos hombres con vestidos refulgentes. Ellas, despavoridas, miraban al suelo, y ellos les dijeron: - ¿Por qué buscáis entre los muertos al que vive? No está aquí. Ha resucitado. Acordaos de lo que os dijo estando todavía en Galilea: «El Hijo del hombre tiene que ser entregado en manos de pecadores, ser crucificado y al tercer día resucitar». Recordaron sus palabras, volvieron del sepulcro y anunciaron todo esto a los Once y a los demás. María Magdalena, Juana y María, la de Santiago, y sus compañeras contaban esto a los apóstoles. Ellos lo tomaron por un delirio y no las creyeron. Pedro se levantó y fue corriendo al sepulcro. Asomándose, vio sólo las vendas por el suelo. Y se volvió admirándose de lo sucedido. Palabra del Señor

REFLEXIÓN: RESUCITAR CADA DÍA

La resurrección de Cristo constituye el fundamento de nuestra propia resurrección y es promesa de vida eterna, más allá de la muerte. Pero esta resurrección de Cristo es, al mismo tiempo, el punto de partida para vivir ya desde ahora de manera renovada y con un dinamismo nuevo. Quien ha entendido lo que significa la resurrección del Señor, se siente urgido a vivir ya esta vida como «un proceso de resurrección», muriendo al pecado y a todo aquello que nos deshumaniza, y resucitando a una vida nueva, más humana y plena. Resucitar cada día es hacer crecer en nosotros la vida, liberarnos del egoísmo estéril y parasitario, iluminar nuestra existencia con una luz nueva, reavivar en nosotros la capacidad de amar y de crear vida.
El primer signo de esta vida renovada es la alegría. Esa alegría de los discípulos «al ver al Señor». Una alegría que no proviene de la satisfacción de nuestros deseos ni del placer que producen las cosas poseídas ni del éxito que vamos logrando en la vida. Una alegría diferente que nos inunda desde dentro y que tiene su origen en la confianza total en ese Dios que nos ama por encima de todo, incluso, por encima de la muerte. Esta alegría pascual impulsa a los creyentes a perdonar y acoger a todas las personas, incluso a los enemigos, porque nosotros mismos hemos sido acogidos y perdonados por Dios tal como somos.
De la experiencia pascual nace una actitud nueva de esperanza frente a todas las adversidades y sufrimientos de la vida, una serenidad diferente ante los conflictos y problemas diarios, una paciencia grande frente a cualquier situación y persona. Una creatividad transformante frente a la realidad que nos toca vivir. Esta experiencia pascual es tan central para la vida y las comunidades cristianas que puede decirse sin exagerar que ser cristiano es, precisamente, hacer esta experiencia y saborearla día a día con vivencias, actitudes y comportamiento a lo largo de la vida.

viernes, 19 de abril de 2019

PASIÓN Y MUERTE DE JESÚS


“El Evangelio de Hoy”: Juan 18,1-19,42

Pasión de Nuestro Señor Jesucristo según san Juan (Como la lectura de la pasión es larga, les dejo algunos párrafos por cuestiones prácticas) ahí está la cita bíblica…


Pasión de nuestro Señor Jesucristo según san Juan: (en forma dialogada)

C. En aquel tiempo, salió Jesús con sus discípulos al otro lado del torrente Cedrón, donde había un huerto, y entraron allí él y sus discípulos. Judas, el traidor, conocía también el sitio, porque Jesús se reunía a menudo allí con sus discípulos. Judas entonces, tomando la patrulla y unos guardias de los sumos sacerdotes y de los fariseos, entró allá con faroles, antorchas y armas. Jesús sabiendo todo lo que venía sobre él, se adelantó y les dijo:
+. "¿A quién buscáis?"  C. Le contestaron:  S. "A Jesús, el Nazareno."
C. Les dijo Jesús:  +. "Yo soy."
C. La patrulla, el tribuno y los guardias de los judíos prendieron a Jesús, lo ataron y lo llevaron primero a Anás, porque era suegro de Caifás, sumo sacerdote aquel año; era Caifás el que había dado a los judíos este consejo: "Conviene que muera un solo hombre por el pueblo." Simón Pedro y otro discípulo seguían a Jesús. Este discípulo era conocido del sumo sacerdote y entró con Jesús en el palacio del sumo sacerdote, mientras Pedro se quedó fuera a la puerta. Salió el otro discípulo, el conocido del sumo sacerdote, habló a la portera e hizo entrar a Pedro.
C. Tomaron a Jesús, y él, cargando con la cruz, salió al sitio llamado "de la Calavera" (que en hebreo se dice Gólgota), donde lo crucificaron; y con él a otros dos, uno a cada lado, y en medio, Jesús. Y Pilato escribió un letrero y lo puso encima de la cruz; en él estaba escrito: "Jesús, el Nazareno, el rey de los judíos." Leyeron el letrero muchos judíos, porque estaba cerca el lugar donde crucificaron a Jesús, y estaba escrito en hebreo, latín y griego. Entonces los sumos sacerdotes de los judíos dijeron a Pilato:
S. "No escribas: "El rey de los judíos", sino: "Éste ha dicho: Soy el rey de los judíos."
C. Pilato les contestó: S. "Lo escrito, escrito está."
C. Después de esto, José de Arimatea, que era discípulo clandestino de Jesús por miedo a los judíos, pidió a Pilato que le dejara llevarse el cuerpo de Jesús. Y Pilato lo autorizó. Él fue entonces y se llevó el cuerpo. Llegó también Nicodemo, el que había ido a verlo de noche, y trajo unas cien libras de una mixtura de mirra y áloe. Tomaron el cuerpo de Jesús y lo vendaron todo, con los aromas, según se acostumbra a enterrar entre los judíos. Había un huerto en el sitio donde lo crucificaron, y en el huerto un sepulcro nuevo donde nadie había sido enterrado todavía. Y como para los judíos era el día de la Preparación, y el sepulcro estaba cerca, pusieron allí a Jesús.

Reflexión

El Viernes Santo es el día en que conmemoramos la pasión y muerte del señor. El Evangelio de Juan nos presenta su pasión como un gran escenario en el que se desarrolla una gran pieza de teatro. Jesús, silente, sereno, digno, respetuoso; Pilato, poderoso, prepotente, torpe, vacilante y político oportunista. Hoy es un buen día para la interiorización, la oración tranquila y el silencio significativo. Mirando al crucificado, descubramos el amor de Dios por nosotros. Decidamos seguir a Jesús, vivir realmente nuestro bautismo. Él lo ha hecho todo por nosotros, ¿qué hacemos nosotros por nuestros hermanos y hermanas? No juzguemos a los demás, ni siquiera a Pilato o a Judas o a los judíos…  no condenemos a los bandidos, no olvidemos las palabras de Jesús en la Cruz: Perdónalos pues no saben lo que hacen… Hoy mismo estarás conmigo en el paraíso… a nosotros lo que se nos pide es amar a nuestros hermanos, no juzgar ni condenar… eso es lo que Jesús nos enseña… Viernes Santo y Sábado Santo… acompañar a Jesús en el sepulcro a la espera de la Resurrección.

jueves, 18 de abril de 2019


“El Evangelio de Hoy” Jn 13,1-15

Lectura del santo evangelio según san Juan:

Antes de la fiesta de la Pascua, sabiendo Jesús que había llegado la hora de pasar de este mundo al Padre, habiendo amado a los suyos que estaban en el mundo, los amó hasta el extremo. Estaban cenando, ya el diablo le había metido en la cabeza a Judas Iscariote, el de Simón, que lo entregara, y Jesús, sabiendo que el Padre había puesto todo en sus manos, que venía de Dios y a Dios volvía, se levanta de la cena, se quita el manto y, tomando una toalla, se la ciñe; luego echa agua en la jofaina y se pone a lavarles los pies a los discípulos, secándoselos con la toalla que se había ceñido. Llegó a Simón Pedro, y éste le dijo: "Señor, ¿lavarme los pies tú a mí?" Jesús le replicó: "Lo que yo hago tú no lo entiendes ahora, pero lo comprenderás más tarde." Pedro le dijo: "No me lavarás los pies jamás." Jesús le contestó: "Si no te lavo, no tienes nada que ver conmigo." Simón Pedro le dijo: "Señor, no sólo los pies, sino también las manos y la cabeza." Jesús le dijo: "Uno que se ha bañado no necesita lavarse más que los pies, porque todo él está limpio. También ustedes no están limpios, aunque no todos." Porque sabía quién lo iba a entregar, por eso dijo: "No todos estáis limpios." 
Cuando acabó de lavarles los pies, tomó el manto, se lo puso otra vez y les dijo: "¿Comprenden lo que he hecho con ustedes? Ustedes me llaman "el Maestro" y "el Señor", y dicen bien, porque lo soy. Pues si yo, el Maestro y el Señor, les he lavado los pies, también ustedes deben lavarse los pies unos a otros; os he dado ejemplo para que lo que yo he hecho con ustedes, ustedes también lo hagan." Palabra del Señor.

REFLEXIÓN

Jesús pasó  la tarde del Jueves Santo, la última tarde de su vida, en Jerusalén en el círculo de sus discípulos, probablemente también en compañía de las mujeres que habían ascendido a la ciudad santa con él. Jesús y sus discípulos celebran la pascua judía. En esta celebración Jesús invita a sus discípulos a rememorar los acontecimientos compartidos hasta ese momento y a asumirlos como un programa de vida y salvación. De todas las palabras y los gestos compartidos esa tarde, los discípulos recuerdan y dan testimonio de la fracción del pan y de la copa de vino compartida. Nosotros hemos tomado esa parte y hemos creado la celebración de la Eucaristía. Así hemos interpretado su exhortación: “Hagan esto en conmemoración mía”, partir y compartir el pan, beber compartiendo la copa. Pero sabemos que lo que Jesús quiere que hagamos en su memoria va mucho más allá de celebrar la Eucaristía como un rito o un culto.

Jesús quiere que vivamos como él vivió, que amemos a los otros sin diferenciaciones como él lo hiso, que perdonemos sin condición alguna cómo él perdonó a los pecadores de su tiempo. Quiere que en memoria suya no mintamos, seamos fieles, y que, sobre todas las cosas, vivamos el mandamiento del amor en fraternidad. “Un mandamiento nuevo les doy, que se amen unos a otros como yo les he amado. Para todo esto, Jesús es nuestro alimento: “tomen, coman todos y todas de él, porque este es mi cuerpo que será entregado por ustedes. Tomen y beban todos de él porque este es el cáliz de mi sangre que será derramada por ustedes”. Su cuerpo y su sangre significan su vida integral. Su trato, su acogida, su cercanía, su capacidad para perdonar y abrir posibilidades a las personas que encuentra en su vida.

Nuestro sacerdocio ministerial ha de ser vivido en este contexto de servicio a los hermanos y hermanas como lo hizo Jesús y como lo simbolizó lavando los pies de sus amigos, él a quien ellos llamaban Maestro y Señor. El Evangelio de Hoy, La institución de la Eucaristía, del sacerdocio servicial y del amor a los demás que hoy celebramos, dan para hablar mucho más que lo que yo he comentado. Pero también sabemos que lo importante es tomar el ejemplo de Jesús y seguir profundizando nuestra respuesta a su llamado a dejarnos alimentar por él y todo lo que Él es y vive. Gracias Señor por hacernos participar en tu misión. Gracias por mostrarnos el camino de la verdadera realización enseñándonos a vivir sirviendo a la humanidad.

martes, 16 de abril de 2019

JUDAS, PEDRO, TÚ Y YO


“El Evangelio de Hoy”: Jn 13, 21-33. 36-38.

Lectura del santo evangelio según san Juan:

En aquel tiempo, Jesús, profundamente conmovido, dijo: Les aseguro que uno de ustedes me va a entregar.
Los discípulos se miraron unos a otros perplejos, por no saber de quién lo decía. Uno de ellos, al que Jesús tanto amaba, estaba a la mesa a su derecha. Simón Pedro le hizo señas para que averiguase por quién lo decía. Entonces él, apoyándose en el pecho de Jesús, le pregunto Señor: ¿quién es?
Le contestó Jesús: Aquél a quien yo le dé este trozo de pan untado. Y untando el pan se lo dio a Judas, hijo de Simón el Iscariote. Detrás del pan, entró en él Satanás. Entonces Jesús le dijo: Lo que tienes que hacer hazlo en seguida.
Ninguno de los comensales entendió a qué se refería. Como Judas guardaba la bolsa, algunos suponían que Jesús le encargaba comprar lo necesario para la fiesta o dar algo a los pobres.
Judas, después de tomar el pan, salió inmediatamente. Era de noche. Cuando salió dijo Jesús: Ahora es glorificado el Hijo del Hombre y Dios es glorificado en él (Si Dios es glorificado en el, también Dios lo glorificará en sí mismo: pronto lo glorificará).
Simón Pedro le dijo: Señor, ¿a dónde vas? Jesús le respondió: Adonde yo voy no me puedes acompañar ahora, me acompañarás más tarde. Pedro replicó: Señor, ¿por qué no puedo acompañarte ahora? Daré mi vida por ti. Jesús le contesto: ¿Con que darás tu vida por mí? Te aseguro que no cantará el gallo antes que me hayas negado tres veces. Palabra del Señor.

REFLEXIÓN

El Martes Santo sigue llamándonos a profundizar en el conocimiento del misterio de la vida, de la muerte y de la resurrección de Jesús. Jesús no busca provocar lastima en sus discípulos, no quiere que le tengan pena. Él continúa formando a sus seguidores en la toma de conciencia de su realidad humana y del proceso de crecimiento al que tienen que hacer frente para poder ser fieles a la voluntad de Dios. Para el evangelista San Juan, la Pascua es para Jesús, la hora de su glorificación y la glorificación de su padre: “Ahora es glorificado el Hijo del hombre, y Dios es glorificado en él”. Jesús desea consumar la voluntad de Dios y pareciera apresurar ahora los acontecimientos: “Lo que tienes que hacer, hazlo pronto”, disipando cualquier duda sobre la firmeza de su decisión. La determinación de Jesús contrasta con la de sus discípulos: uno lo traicionará, otro lo negará tres veces en minutos.

No olvidemos que cuando la Biblia nos habla de Judas, nos está planteando la realidad del conjunto de sus seguidores. Y lo mismo pasa con Pedro y su fanfarronería. Todos tendremos que vencer nuestros propios miedos y temores como preparación para seguir a Jesús en los mismos términos que él se los plantea. ¿Cómo traicionamos y negamos a Jesús hoy? ¿Cuáles son las fortalezas y las debilidades de nuestro seguimiento de Jesús? Avancemos con Jesús hacia su pasión y su muerte para triunfar con él en la resurrección.

lunes, 15 de abril de 2019

VER MÁS ALLÁ DE LO VISIBLE


“El Evangelio de Hoy”: Jn 12, 1-11

Lectura del santo evangelio según san Juan:

Seis días antes de la Pascua, fue Jesús a Betania, donde vivía Lázaro, a quien había resucitado de entre los muertos. Allí le ofrecieron una cena: Marta servía y Lázaro era uno de los que estaban con él en la mesa.
María tomó una libra de perfume de nardo, auténtico y costoso, le ungió a Jesús los pies y se los enjugó con su cabellera. Y la casa se llenó de la fragancia del perfume.
Judas Iscariote, uno de sus discípulos, el que lo iba a entregar, dice: ¿Por qué no se ha vendido este perfume por trescientos denarios para dárselos a los pobres? (Esto lo dijo no porque le importasen los pobres, sino porque era un ladrón; y como tenía la bolsa llevaba lo que iban echando)


Entonces Jesús dijo: Déjala: lo tenía guardado para el día de mi sepultura; porque a los pobres los tienen con ustedes, pero a mí no siempre me tienen.
Una muchedumbre de judíos se enteró de que estaba allí y fueron no sólo por Jesús, sino también para ver a Lázaro, al que había resucitado de entre los muertos. Los sumos sacerdotes decidieron matar también a Lázaro, porque muchos judíos, por su causa, se les iban y creían en Jesús. Palabra del Señor.

REFLEXIÓN

Los textos de la liturgia nos hablan del sufrimiento de Jesús. Jesús se detiene, como de costumbre, en Betania para compartir con sus amigas Marta y María y su hermano lázaro a quien había reanimado después de haber sido enterrado. Sus amigos aprovechan para ofrecer una fiesta en su honor en presencia de mucha gente curiosa y contenta de ver a Lázaro devuelto a la vida. Pero siempre aparece alguien que desentona con el ambiente de alegría y que siembra la duda y la sospecha.

Jesús no ignora a Judas ni lo juzga o condena por su actitud, más bien Jesús revela como un mensaje profético el gesto de María. Lo que hace María con Jesús está fuera de toda lógica económica. Es un acto de delicadeza y de agradecimiento por la amistad de Jesús. Al derramar el caro perfume sobre los pies de Jesús, María responde con locura ante el loco amor de Dios capaz de entregar su propio hijo a la humanidad. Al iniciar la Semana Santa somos invitados a entrar en comunión de vida con Jesús y a ir más allá de las lógicas puramente humanas para comprender la acción de Dios a favor nuestro. Dejemos que Dios nos hable al corazón y avancemos.

sábado, 13 de abril de 2019

DECIDIERON DARLE MUERTE

“El Evangelio de hoy”: Jn 11, 45-57

Lectura del santo evangelio según san Juan:

En aquel tiempo, muchos judíos que habían venido a casa de María, al ver lo que había hecho Jesús, creyeron en él. Pero algunos acudieron a los fariseos y les contaron lo que había hecho Jesús. Los sumos sacerdotes y los fariseos convocaron el Sanedrín y dijeron: "¿Qué hacemos? Este hombre hace muchos signos. Si lo dejamos seguir, todos creerán en él, y vendrán los romanos y nos destruirán el lugar santo y la nación." Uno de ellos, Caifás, que era sumo sacerdote aquel año, les dijo: "Ustedes no entienden ni palabra; no comprenden que les conviene que uno muera por el pueblo, y que no perezca la nación entera." Esto no lo dijo por propio impulso, sino que, por ser sumo sacerdote aquel año, habló proféticamente, anunciando que Jesús iba a morir por la nación; y no sólo por la nación, sino también para reunir a los hijos de Dios dispersos.
Y aquel día decidieron darle muerte. Por eso Jesús ya no andaba públicamente con los judíos, sino que se retiró a la región vecina al desierto, a una ciudad llamada Efraín, y pasaba allí el tiempo con los discípulos. Se acercaba la Pascua de los judíos, y muchos de aquella región subían a Jerusalén, antes de la Pascua, para purificarse. Buscaban a Jesús y, estando en el templo, se preguntaban: "¿Qué les parece? ¿No vendrá a la fiesta?" Los sumos sacerdotes y fariseos habían mandado que el que se enterase de dónde estaba les avisara para prenderlo. Palabra del Señor.

REFLEXIÓN

Es cuestión de tiempo para quitarlo de en medio. Siempre ha sido así, a quienes luchan por un cambio radical a favor de la dignidad de las personas y de la vida, o se calla o se elimina. Los círculos de poder actúan así. La sentencia está dictada, falta su ejecución. Es muy importante que lo entendamos bien: No es que Dios quisiera la muerte del Hijo, como parte de su designio salvífico, es que los hombres así lo han decidido: “Y aquel día, decidieron darle muerte”. Sería perverso pensar que la muerte de Jesús responda a un reclamo de Dios. El Padre quería que Jesús produjera vida en abundancia y por eso lo encontramos sanando, alentando a los deprimidos por distintas razones, perdonando y anunciando la forma de ganar vida. Nosotros también tenemos la misión de generar mejoría en la calidad de vida. 

viernes, 12 de abril de 2019

VER A DIOS EN JESÚS Y CAMBIAR


“El Evangelio de Hoy”: Jn 10,31-42

Lectura del santo evangelio según san Juan:

En aquel tiempo, los judíos agarraron piedras para apedrear a Jesús. Él les replicó: "Les he hecho ver muchas obras buenas por encargo de mi Padre: ¿por cuál de ellas me apedrean?" Los judíos le contestaron: "No te apedreamos por una obra buena, sino por una blasfemia: porque tú, siendo un hombre, te haces Dios." Jesús les replicó: "¿No está escrito en su ley: "Yo les digo: Son dioses”? Si la Escritura llama dioses a aquellos a quienes vino la palabra de Dios (y no puede fallar la Escritura), a quien el Padre consagró y envió al mundo, ¿dicen ustedes que blasfema porque dice que es hijo de Dios? Si no hago las obras de mi Padre, no me crean, pero si las hago, aunque no me crean a mí, crean a las obras, para que comprendan y sepan que el Padre está en mí, y yo en el Padre."
Intentaron de nuevo detenerlo, pero se les escabulló de las manos. Se marchó de nuevo al otro lado del Jordán, al lugar donde antes había bautizado Juan, y se quedó allí. Muchos acudieron a él y decían: "Juan no hizo ningún signo; pero todo lo que Juan dijo de éste era verdad." Y muchos creyeron en él allí. Palabra del Señor.

Reflexión

Hoy nos toca a nosotros descubrir las señales que nos indican la presencia de Dios en el mundo, sanando y salvando a su pueblo. Es nuestra misión, también el mostrar estas señales a través nuestra acogida a su palabra que nos reenvía a servirle a nuestros hermanos y hermanas más necesitados y necesitadas. No es una misión fácil ni espontanea, hay que decidirse a seguir a Jesús de manera consciente y abierta. Jesús se da cuenta de que sus conciudadanos viven la experiencia de fe como una realidad inmanente, individual, sin compromiso histórico. Jesús mueve el piso de la gente, pero la gente siente rabia contra él. Por eso no encuentran otra salida que apedrearlo y acabar con su vida. Eso es propio de quienes se encierran en sí mismos y no escuchan a los demás y a Dios.

De ahí el llamado de Jesús a la conversión, al reconocimiento del amor y la fidelidad al Dios vivo. Vivir en fidelidad a Dios es colocarse en contra vía del mundo y, muchas veces, de la propia religión. La Cuaresma, al ser un tiempo de encuentro con Dios y de revisión profunda, nos exige nuevas actitudes en el creer, en el vivir y en el compromiso por la transformación del mundo y de la propia Iglesia. No desperdiciemos esta Cuaresma, como tantas que anteriormente hemos vivido sin pena ni gloria. Dejémonos llenar por el Espíritu para poder atravesar las tentaciones de la realidad actual sin caer en la comodidad y la idolatría de lo fácil.