EVANGELIO DE HOY
"Vayan y proclamen que el reino de Dios está cerca". San Mateo 10, 7-13.

martes, 20 de noviembre de 2018

Hoy ha llegado la salvación


“El Evangelio de Hoy”: Lc 19, 1-10

Lectura del santo evangelio según san Lucas: 

En aquel tiempo entró Jesús en Jericó y atravesaba la ciudad. Un hombre llamado Zaqueo, jefe de publicanos y rico, trataba de distinguir quién era Jesús, pero la gente se lo impedía, porque era bajo de estatura. Corrió más adelante y se subió en una higuera para verlo, porque tenía que pasar por allí. Jesús, al llegar a aquel sitio, levantó los ojos y dijo: "Zaqueo, baja en seguida, porque hoy tengo que alojarme en tu casa".
El bajó en seguida, y lo recibió muy contento. Al ver esto, todos murmuraban diciendo: "Ha entrado a hospedarse en casa de un pecador". Pero Zaqueo se puso en pie, y dijo al Señor: "Mira, la mitad de mis bienes, Señor, se la doy a los pobres; y si de alguno me he aprovechado, le restituiré cuatro veces más". Jesús le contestó: "Hoy ha sido la salvación de esta casa; también éste es hijo de Abrahán. Porque el Hijo del hombre ha venido a buscar y a salvar lo que estaba perdido". Palabra del Señor.

Reflexión

La decisión de Zaqueo es clara y concreta. Experimenta una transformación radical. "Mira, la mitad de mis bienes, Señor, se la doy a los pobres; y si de alguno me he aprovechado, le restituiré cuatro veces más". Se siente delicadamente tenido en cuenta por Jesús quien se acerca a él sin prejuicios, no lo juzga ni lo condena. Es a ese tipo de encuentro personal, a este tipo de experiencia que tenemos que llegar nosotros para poder operar una real conversión, transformación que nos llene de la fuerza necesaria para decidir acogernos al amor de Dios y a su misericordia como lo más importante y preciado.

En Jericó Jesús realiza varios signos que dejan ver la presencia de Dios en medio de su pueblo, aliviando sus sufrimientos y anunciando su Reino de amor, de justicia y fraternidad. El mayor milagro que hizo Jesús en su paso por Jericó fue ayudar a Zaqueo a que creciera en solidaridad, amor y justicia. Como cobrador de impuestos, él tenía acceso a una enorme cantidad de recursos, pero sin embargo era despreciado. Zaqueo consigue crecer con el llamado de Jesús y no encaramándose en los árboles. Quienes vivimos encaramados en nuestras opciones individuales sin tener en cuenta nuestra realidad con sus necesidades y urgencias, somos incapaces de sensibilizarnos frente al sufrimiento ajeno. Por eso Jesús llama a Zaqueo y nos llama a nosotros a “bajar para el encuentro con Dios”.

El evangelio de Hoy nos invita a que, como Zaqueo, crezcamos ayudados por las enseñanzas de Jesús y que no nos trepemos en nuestros logros, en nuestros títulos o en nuestras seguridades económicas con el pretexto de buscarlo a Él. La grandeza de Zaqueo no está en su estatura, sino en la capacidad de transformar su corazón para cambiar el mal que había hecho y restituir la injusticia en la que vivía tan cómodamente. El corazón de Zaqueo se abre para dejar entrar la acogida y cercanía de Jesús. Hoy tenemos una nueva oportunidad de crecer en nuestra adhesión y seguimiento de Jesús.

domingo, 18 de noviembre de 2018

UN FINAL FELIZ EN JESÚS


“El Evangelio de Hoy”: Mc 13, 24-32

Lectura del santo evangelio según san Marcos: 

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «En aquellos días, después de esa gran angustia, el sol se hará tinieblas, la luna no dará su resplandor, las estrellas caerán del cielo, los astros se tambalearán, Entonces verán venir al Hijo del hombre sobre las nubes con gran poder y majestad; enviará a los ángeles para reunir a sus elegidos de los cuatro vientos, de horizonte a horizonte. Aprended de esta parábola de la higuera: Cuando las ramas se ponen tiernas y brotan las yemas, deducís que el verano está cerca; pues cuando veáis vosotros suceder esto, sabed que él está cerca, a la puerta. Os aseguro que no pasará esta generación antes que todo se cumpla. El cielo y la tierra pasarán, mis palabras no pasarán, aunque el día y la hora nadie lo sabe, ni los ángeles del cielo ni el Hijo, sólo el Padre».  Palabra de Dios.

REFLEXIÓN

Este evangelio contiene lenguaje apocalíptico, construido de imágenes y recursos simbólicos para hablar del fin del mundo, escuchamos hoy el mensaje esperanzador de Jesús, sin caer en la tentación de sembrar angustia y terror en las conciencias. Un día la historia apasionante del ser humano sobre la tierra llegará a su final. Esta es la convicción firme de Jesús. Esta es también la previsión de la ciencia actual. El mundo no es eterno. Esta vida terminará. "Nadie sabe el día o la hora..., sólo el Padre". Nada de psicosis ante el final. El mundo está en buenas manos. No caminamos hacia el caos. Podemos confiar en Dios, nuestro Creador y Padre. Desde esta confianza total, Jesús expone su esperanza: la creación actual terminará, pero será para dejar paso a una nueva creación, que tendrá por centro a Cristo resucitado.

Según la versión de San Marcos, en medio de esa noche se podrá ver al “Cristo resucitado que vendrá "con gran poder y gloria". Su luz salvadora lo iluminará todo. Él será el centro de un mundo nuevo, el principio de una humanidad renovada para siempre. Jesús sabe que no es fácil creer en sus palabras. Con una sencillez sorprendente, invita a vivir esta vida como una primavera. Esta vida que ahora conocemos es como la primavera. Todavía no es posible cosechar. No podemos obtener logros definitivos. Pero hay pequeños signos de que la vida está en gestación. Nuestros esfuerzos por un mundo mejor no se perderán. Nadie sabe el día, pero Jesús vendrá. Con su venida se desvelará el misterio último de la realidad que los creyentes llamamos Dios. Nuestra historia apasionante llegará a su plenitud.

miércoles, 14 de noviembre de 2018

RECONOCER EL DON DE LA SALVACIÓN


“El Evangelio de Hoy”: Lc 17, 11-19

Lectura del santo evangelio según san Lucas:

En aquel tiempo, yendo Jesús camino de Jerusalén, pasaba entre Samaria y Galilea. Cuando iba a entrar en un pueblo, vinieron a su encuentro diez leprosos, que se pararon a lo lejos y a gritos le decían: "Jesús, maestro, ten compasión de nosotros". Al verlos, les dijo: "Vayan a presentarse a los sacerdotes". Y mientras iban de camino, quedaron limpios. Uno de ellos, viendo que estaba curado, se volvió alabando a Dios a grandes gritos, y se echó por tierra a los pies de Jesús, dándole gracias. Este era un samaritano. Jesús tomó la palabra y dijo: "¿No han quedado limpios los diez?; los otros nueve, ¿dónde están? ¿No ha vuelto más que este extranjero para dar gloria a Dios?" Y le dijo: "Levántate, vete; tu fe te ha salvado".  Palabra del Señor.

Reflexión

Jesús vive un gesto sublime al encontrarse con leprosos, que, por su enfermedad y fealdad, eran mortalmente despreciados. Incluso sus propios discípulos están ausentes de la escena. La sanación que Jesús obra sobre el grupo les restaura la salud y el Templo certifica el resultado por medio de una ofrenda. El samaritano, tratado como extranjero por sus propios correligionarios, es el único que reconoce que la salud no se identifica con la salvación y que la única deuda que tiene es la de la gratitud. Con esta actitud reconoce que no sólo ha sanado su cuerpo, sino que ha restaurado su espíritu, es decir, ha entrado el nuevo orden que es la salvación.

San Lucas, tan sensible a los pobres, también lo es a los samaritanos. Solo el samaritano, a quien se le considera inferior y medio pagano vuelve donde Jesús para agradecerle y reconocer el favor de Dios. El único que abre su corazón al Señor, expresando así en qué consiste la verdadera pureza. Los limpios de corazón son coherentes y actúan con sencillez, de acuerdo con el amor gratuito que recibe. Quien se acuerda de Jesús en este texto, quien lo tiene presente, es un samaritano. Un hombre agradecido, doblemente marginado por su condición de leproso y de extranjero. El samaritano y nosotros también, debe levantarse y andar, él supo reconocer el amor de Dios, ahora está dispuesto a mostrar su testimonio.

La misión de Jesús es la de mostrarnos el amor de Dios. Jesús muestra el amor que Dios nos tiene a través de gestos concretos, respondiendo a las necesidades de las personas. Nuestro Dios no estará tranquilo hasta no ver a su pueblo sano, contento y lleno de fuerza para forjar su historia. Pero no siempre somos capaces de ver los signos de la presencia de Dios en nuestro mundo. Nos entretenemos en múltiples asuntos pasajeros y no somos capaces de ver el paso de Dios por nuestras vidas ni de reconocer su servicio amoroso a nuestro favor. ¿Por qué no alcanzamos a disfrutar de la obra salvadora de Dios? ¿Por qué Jesús no ejerce ninguna influencia determinante en nuestra vida?

viernes, 9 de noviembre de 2018

SER TEMPLO


“El Evangelio de Hoy”: Jn 2,13-22

Lectura del santo evangelio según san Juan

Se acercaba la Pascua de los judíos. Jesús subió a Jerusalén y encontró en el templo a los vendedores de bueyes, ovejas y palomas y a los cambistas sentados delante de sus mesas. Hizo un látigo de cuerdas y los echó a todos del templo; junto con sus ovejas y sus bueyes; desparramó las monedas de los cambistas, derribó sus mesas y dijo a los vendedores de palomas: «Saquen esto de aquí y no hagan de la casa de mi Padre una casa de comercio». Y sus discípulos recordaron las palabras de la Escritura: «El celo por tu casa me consumirá». Entonces los judíos le preguntaron: «¿Qué signo nos das para obrar así?» Jesús les respondió: «Destruyan este templo y en tres días lo volveré a levantar». Los judíos le dijeron: «Han sido necesarios cuarenta y seis años para construir este templo, ¿y tú lo vas a levantar en tres días?» Pero él se refería al templo de su cuerpo. Por eso, cuando Jesús resucitó, sus discípulos recordaron que él había dicho esto, y creyeron en la Escritura y en la palabra que había pronunciado. Palabra del Señor. 

REFLEXIÓN

Celebramos la fiesta de la “Dedicación de la Basílica de Letrán”, construida por orden del emperador Constantino hacia el año 324. El Evangelio de Hoy nos ayudan a bien encuadrar el sentido de celebrar la dedicación de una iglesia: Somos llamados a ser casa, morada, lugar donde habita Dios. El "'lugar" del culto es importante, pero no es lo único. La primacía la tiene el espíritu, la fe, el corazón. El culto que profesamos a Dios, aquí en el templo, hay que trasladarlo a la vida. El culto verdadero -en espíritu y verdad- tiene dos direcciones: Una vertical que va de Dios al hombre y del hombre a Dios, y otra horizontal, que va del creyente y de la comunidad a las demás personas, a la vida, en solidaridad fraterna con los demás. 

jueves, 8 de noviembre de 2018


“El Evangelio de Hoy” Lc 15, 1-10.

Lectura del santo evangelio según san Lc 15, 1-10

En aquel tiempo, solían acercarse a Jesús los publicanos y los pecadores a escucharle. Y los fariseos y los escribas murmuraban entre ellos: —«Ése acoge a los pecadores y come con ellos». Jesús les dijo esta parábola: —«Si uno de vosotros tiene cien ovejas y se le pierde una, ¿no deja las noventa y nueve en el campo y va tras la descarriada hasta que la encuentra? Y, cuando la encuentra, se la carga sobre los hombros, muy contento; y, al llegar a casa, reúne a los amigos y a los vecinos para decirles: "¡Felicítenme!, he encontrado la oveja que se me había perdido". Les digo que así también habrá más alegría en el cielo por un solo pecador que se convierta que por noventa y nueve justos que no necesitan convertirse. Y si una mujer tiene diez monedas y se le pierde una, ¿no enciende una lámpara y barre la casa y busca con cuidado, hasta que la encuentra? Y, cuando la encuentra, reúne a las amigas y vecinas para decirles "¡Felicítenme!, he encontrado la moneda que se me había perdido". Les digo que la misma alegría habrá entre los ángeles de Dios por un solo pecador que se convierta». Palabra del Señor.

Reflexión

Para Jesús es muy importante que la gente cambie. Quiere meter en el corazón de todos algo que llevaba muy dentro. Los «perdidos» le pertenecen a Dios. Él los busca apasionadamente y, cuando los recupera, su alegría es incontenible. Todos tendríamos que alegrarnos con él. Nunca será tarde para que Dios nos encuentre. Para él nunca estaremos, definitivamente, perdidos.

En la parábola de hoy habla del «buen pastor» que ha perdido una oveja. Aunque está perdida, aquella oveja es suya. Por eso, no duda en salir a buscarla, abandonando en «el campo» al resto del rebaño. Cuando la encuentra, su alegría es indescriptible. «La carga sobre los hombros», en un gesto de ternura y cariño, y se la lleva a casa. Al llegar, invita a sus amigos a compartir su alegría. Todos le entenderán: «He encontrado la oveja que se me había perdido».

La parábola explica muy bien por qué Jesús busca el encuentro con pecadores y prostitutas. Su actuación con las «ovejas perdidas» de Israel hace pensar. Somos llamados a amar, no a juzgar ni mucho menos a condenar. Si Jesús nos presenta a un Dios misericordioso y bueno, nuestra misión será mostrarlo hoy vivo con nuestro testimonio de acogida y de compasión.

miércoles, 7 de noviembre de 2018

ENTREGA AMOROSA


“El Evangelio de Hoy”: Lc 14, 25-33

Lectura del santo evangelio según san Lucas:

En aquel tiempo, mucha gente acompañaba a Jesús; él se volvió y les dijo: "Si alguno se viene conmigo y no pospone a su padre y a su madre, y a su mujer y a sus hijos, y a sus hermanos y a sus hermanas, e incluso a sí mismo, no puede ser discípulo mío. Quien no lleve su cruz detrás de mí, no puede ser discípulo mío. Así, ¿quién de ustedes, si quiere construir una torre, no se sienta primero a calcular los gastos, a ver si tiene para terminarla? No sea que, si echa los cimientos y no puede acabarla, se pongan a burlarse de él los que miran, diciendo: "Este hombre empezó a construir y no ha sido capaz de acabar". ¿O qué rey, si va a dar la batalla a otro rey, no se sienta primero a deliberar si con diez mil hombres podrá salir al paso del que le ataca con veinte mil? Y si no, cuando el otro está todavía lejos, envía legados para pedir condiciones de paz. Lo mismo ustedes: el que no renuncia a todos sus bienes, no puede ser discípulo mío. Palabra del Señor.

Reflexión

En el Evangelio de hoy Jesús propone entender la renuncia a los bienes como donación solidaria. Algunas comunidades religiosas, como el grupo de los ‘esenios’ tenían la costumbre de exigir a sus miembros que entregaran sus bienes a la comunidad. Por el contrario, Jesús no pide esto, sino que advierte que lo primero es amarle a él sin apegos enfermizos hacia la familia o hacia el propio estilo de vida. Jesús no pide diezmos ni donaciones de cosas, pide la entrega amorosa y personal.

Quien se siente identificado con Jesús y su anuncio aprende a amar sin límites. Ese amor por Jesús pasa por abrazar su causa. Sus exigencias hacen evidente que el seguimiento de Jesús comienza con una profunda evaluación de las propias convicciones, pero al mismo tiempo nos hacen caer en la cuenta que él exige una disponibilidad más allá de todo raciocinio conforme a los valores del mundo presente. Jesús promete estar siempre con nosotros y por eso, el alcance de nuestra vida va mucho más allá de lo que podemos imaginar con nuestros cálculos y proyecciones. Sigamos de corazón a Jesús y nada nos faltará.

lunes, 5 de noviembre de 2018

INVITAR SIN ESPERAR RECOMPENSAS


“El Evangelio de Hoy”: Lc 14,12-14 

Lectura del santo evangelio según san Lucas:

En aquel tiempo, dijo Jesús a uno de los principales fariseos que lo había invitado: "Cuando des una comida o una cena, no invites a tus amigos, ni a tus hermanos, ni a tus parientes, ni a los vecinos ricos; porque corresponderán invitándote, y quedarás pagado. Cuando des un banquete, invita a pobres, lisiados, cojos y ciegos; dichoso tú, porque no pueden pagarte; te pagarán cuando resuciten los justos." Palabra del Señor. 

REFLEXIÓN

¿Qué podemos hacer para resistirnos a la tentación de reaccionar como la mayoría de los seres humanos que actúan buscando ventajas y beneficios? La verdad es que no es nada fácil. Regularmente nos dejamos arrastrar por las tendencias sociales y buscamos, solamente, la amistad de quienes nos pueden tener en cuenta a la hora de un apuro. A lo que Jesús nos invita en Él Evangelio de Hoy es a renunciar a creernos los más importantes, compartir con quienes no nos pueden corresponder, ayudar a los que muchas veces ignoramos antes que a los que preferimos, sentar en la mesa de la vida a quienes hemos arrojado lejos de la sociedad, no aparentar, servir con gratuidad. Viviendo estas actitudes estaremos obedeciendo a Jesús y ganando en alegría y esperanza. Pidamos al Señor, iniciando esta semana laboral,  que nos permita dejarnos ayudar por la Palabra de Dios y reaccionar cristianamente en nuestras relaciones con los demás.

jueves, 1 de noviembre de 2018

DICHA QUE SANTIFICA


“El Evangelio de Hoy”: Mt 5, 1-12a

Lectura del santo evangelio según san Mateo:

En aquel tiempo, al ver Jesús el gentío, subió a la montaña, se sentó, y se acercaron sus discípulos; y él se puso a hablar, enseñándoles: "Dichosos los pobres en el espíritu, porque de ellos es el reino de los cielos. Dichosos los que lloran, porque ellos serán consolados. Dichosos los sufridos, porque ellos heredarán la tierra. Dichosos los que tienen hambre y sed de la justicia, porque ellos quedarán saciados. Dichosos los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia. Dichosos los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios. Dichosos los que trabajan por la paz, porque ellos se llamarán los Hijos de Dios. Dichosos los perseguidos por causa de la justicia, porque de ellos es el reino de los cielos. Dichosos vosotros cuando os insulten y os persigan y os calumnien de cualquier modo por mi causa. Estad alegres y contentos, porque vuestra recompensa será grande en el cielo."  Palabra del Señor.

REFLEXIÓN

Las ocho bienaventuranzas nos hablan de las actitudes fundamentales de los seguidores y las seguidoras de Jesús. Una persona que sigue a Jesús debe confiar plenamente en Dios, debe compartir el sufrimiento de los demás, debe tener un trato amable con los otros, ha de querer ardientemente que reine la justicia. Debe tener el corazón en los pobres de la historia, debe ser coherente e íntegro en su vida, debe procurar que se establezca la paz como consecuencia de la justicia, todo esto significará ser hostilizado por quienes se niegan a reconocer los derechos de los otros.

El Dios de Las bienaventuranzas no es «confesional», de una religión, no es «religiosamente tribal». No exige ningún ritual de ninguna religión. Sino el rito de la simple religión humana: la pobreza, la opción por los pobres, la transparencia de corazón, el hambre y sed de justicia, el luchar por la paz, la persecución como efecto de la lucha por la Causa del Reino... Esa «religión humana básica fundamental» es la que Jesús proclama como «código de santidad universal», para todas las personas del mundo. Demos gracias a Dios por regalarnos la oportunidad de conocer a personas concretas que nos iluminan en su nombre y nos contagian de alegría y de paz, viviendo el espíritu de las bienaventuranzas.