EVANGELIO DEL DOMINGO
"Te seguiré donde quiera que vayas". San Lucas 9, 51-62.

sábado, 28 de octubre de 2017

Jesús y sus discípulos

“El Evangelio de Hoy”: Lc 6,12-19

Lectura del santo Evangelio según San Lucas

En aquel tiempo, subió Jesús a la montaña a orar, y pasó la noche orando a Dios. Cuando se hizo de día, llamó a sus discípulos, escogió a doce de ellos y los nombró apóstoles: Simón, al que se puso de nombre Pedro, y Andrés, su hermano, Santiago, Juan, Felipe, Bartolomé, Mateo, Tomás, Santiago Alfeo, Simón, apodado el Celotes, Judas el de Santiago y Judas Iscariote, que fue el traidor. Bajó del monte con ellos y se paró en un llano, con un grupo grande de discípulos y de pueblo, procedente de toda Judea, de Jerusalén y de la costa de Tiro y de Sidón. Venían a oírlo y a que los curara de sus enfermedades; los atormentados por espíritus inmundos quedaban curados, y la gente trataba de tocarlo, porque salía de él una fuerza que los curaba a todos. Palabra del Señor.

REFLEXIÓN

Leemos hoy el texto de la elección de los 12 Apóstoles de Jesús. Los elige después de orar y discernir la voluntad de Dios. Ahí comenzó una gran historia de amor entre Jesús y sus discípulos. Estos vivirán con Jesús y aprenderán con él a responder  con el  corazón a las implicaciones de la fe. Hoy somos dichosos de contar con médicos, instalaciones  hospitalarias y medicamentos casi para todas las enfermedades; pero en el tiempo en el que se nos narra este evangelio, los médicos eran pocos y rudimentarios. Jesús invita a un grupo de personas sencillas y comunes para compartir su visión y su misión. El primer paso ha sido el encuentro con Jesús, que ha acontecido por diversas vías. Luego el seguimiento. Solo un contacto personal y profundo con Jesús y un encuentro interior con Dios pueden encaminarnos hacia un seguimiento libre y sano anunciando el Reino.

Seguir a Jesús significará prolongar, multiplicar y fortalecer la misión de Jesús. Ese mismo grupo se verá fortalecido por el apoyo de otros “setenta y dos” seguidores. El evangelio destaca la necesidad de hacer un proceso, en el que la compañía y la presencia de Jesús marquen la pauta y, sobretodo, la necesidad de acompañar con el discernimiento de la oración las decisiones fundamentales. Los seguidores de Jesús hoy somos nosotros. Este seguimiento no se puede limitar a participar en celebraciones litúrgicas u ritos en general. La madurez del discípulo y la  discípula de Jesús le van llevando a entregar su vida para generar Vida, como lo ha hecho y lo sigue haciendo su Maestro. 

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