viernes, 25 de julio de 2014

Santiago Apóstol

 “El Evangelio de Hoy”: Mt 20,20-28

Lectura del santo evangelio según san Mateo:

En aquel tiempo, se acercó a Jesús la madre de los Zebedeos con sus hijos y se postró para hacerle una petición. Él le preguntó: "¿Qué deseas?" Ella contestó: "Ordena que estos dos hijos míos se sienten en tu reino, uno a tu derecha y el otro a tu izquierda." Pero Jesús replicó: "No sabéis lo que pedís. ¿Sois capaces de beber el cáliz que yo he de beber?" Contestaron: "Lo somos." Él les dijo: "Mi cáliz lo beberéis; pero el puesto a mi derecha o a mi izquierda no me toca a mí concederlo, es para aquellos para quienes lo tiene reservado mi Padre."
Los otros diez, que lo habían oído, se indignaron contra los dos hermanos. Pero Jesús, reuniéndolos, les dijo: "Saben que los jefes de los pueblos los tiranizan y que los grandes los oprimen. No será así entre ustedes: el que quiera ser grande entre ustedes, que sea su servidor, y el que quiera ser primero entre ustedes, que sea su esclavo. Igual que el Hijo del hombre no ha venido para que le sirvan, sino para servir y dar su vida en rescate por muchos." Palabra del Señor.

REFLEXIÓN

Hoy celebramos la fiesta del apóstol Santiago. El evangelio nos presenta a Jesús y sus discípulos en camino hacia Jerusalén. Seguro que Jesús va pensando en lo que le espera pues sabe que lo buscan para matarlo. Pero la madre de Santiago y de Juan que le pide a Jesús que le de los primeros puestos en su reino a sus hijos. Los seguidores de Jesús se muestran con ansias de poder, de prestigio, de protagonismo. Y la envidia rondando en la mente de los que no pueden escalar esos honores. Es el esquema del mesianismo de la toma de poder para oprimir a los demás. Así que tenemos dos mentalidades diferentes en el evangelio de hoy. Para los discípulos, en su mente, Jerusalén es la ciudad del poder, del templo que representa la religión formal. Para Jesús es la ciudad donde se mata a los profetas.

La fiesta de hoy nos hace comprender el cambio, la ruptura, el bautismo de sangre de estos testigos que experimentaron la novedad del Resucitado y se convirtieron en sus mensajeros hasta sufrir ellos también el martirio. Su fe fue evolucionando hasta pasar de buscar puestos y prestigio a darla vida siguiendo a Jesús su maestro. Estamos llamados a pensar en nuestra manera de vivir la fe como Iglesia. ¿Qué buscamos nosotros? ¿Cuáles son los indicios de que avanzamos en nuestro itinerario de fe.

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