EVANGELIO DEL DOMINGO
"Te seguiré donde quiera que vayas". San Lucas 9, 51-62.

sábado, 11 de enero de 2014

ALEGRE TESTIMONIO

“El Evangelio de Hoy”: Juan 3,22-30
Lectura del santo evangelio según san Juan:

En aquel tiempo, fue Jesús con sus discípulos a Judea, se quedó allí con ellos y bautizaba. También Juan estaba bautizando en Enón, cerca de Salín, porque había allí agua abundante; la gente acudía y se bautizaba. A Juan todavía no le habían metido en la cárcel.Se originó entonces una discusión entre un judío y los discípulos de Juan acerca de la purificación; ellos fueron a Juan y le dijeron: "Oye, rabí, el que estaba contigo en la otra orilla del Jordán, de quien tú has dado testimonio, ése está bautizando, y todo el mundo acude a él." Contestó Juan: "Nadie puede tomarse algo para sí, si no se lo dan desde el cielo. Ustedes mismos son testigos de que yo dije: "Yo no soy el Mesías, sino que me han enviado delante de él." El que lleva a la esposa es el esposo; en cambio, el amigo del esposo, que asiste y lo oye, se alegra con la voz del esposo; pues esta alegría mía está colmada. Él tiene que crecer, y yo tengo que menguar." Palabra del Señor. 

REFLEXIÓN

Una vez mas Juan da testimonio de Jesús y muestra a sus discípulos una humildad extraordinaria al reconocer que el tiempo de su misión ha llegado a su fin y que debe dar paso al Mesías de Dios, Jesús. La alegría colmada que Juan Bautista siente y expresa ante sus discípulos en la que sentimos nosotros en este tiempo de Navidad que llega hoy a su fin. Pero la experiencia de la alegría navideña tiene que acompañarnos durante todo el año. Dios ha querido vivir con nosotros, ha asumido nuestra historia, ha vivido a plenitud nuestra naturaleza. Juan se alegra y nosotros también. Ya tenemos la muestra de cómo vivir desde ya iluminados por la eternidad. Damos gracias a Dios por habernos permitido vivir este tiempo navideño lleno de la Buena Noticia del Dios con nosotros, en medio de los accidentes de nuestra historia. Y pidámosle que nos sostenga en la esperanza para poder asumir la misión a la que hoy nos llama Jesús, continuando la construcción de su Reino de amor.


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