EVANGELIO DEL DOMINGO
"Velen, porque no saben el momento". San Marcos, 51-62.

jueves, 2 de febrero de 2017

JESÚS ES PRESENTADO EN EL TEMPLO

“El Evangelio de Hoy”: Lc 2, 22-40

Lectura del santo evangelio según san Lucas:

Cuando llegó el tiempo de la purificación, según la ley de Moisés, los padres de Jesús lo llevaron a Jerusalén, para presentarlo al Señor, de acuerdo con lo escrito en la ley del Señor: "Todo primogénito varón será consagrado al Señor", y para entregar la oblación, como dice la ley del Señor: "un par de tórtolas o dos pichones."
Vivía entonces en Jerusalén un hombre llamado Simeón, hombre justo y piadoso, que aguardaba el consuelo de Israel; y el Espíritu Santo moraba en él. Había recibido un oráculo del Espíritu Santo: que no vería la muerte antes de ver al Mesías del Señor. Impulsado por el Espíritu, fue al templo. Cuando entraban con el niño Jesús sus padres para cumplir con él lo previsto por la ley, Simeón lo tomó en brazos y bendijo a Dios diciendo: "Ahora, Señor, según tu promesa, puedes dejar a tu siervo irse en paz. Porque mis ojos han visto a tu Salvador, a quien has presentado ante todos los pueblos: luz para alumbrar a las naciones y gloria de tu pueblo Israel." Su padre y su madre estaban admirados por lo que se decía del niño. Simeón los bendijo, diciendo a María, su madre: "Mira, éste está puesto para que muchos en Israel caigan y se levanten; será como una bandera discutida: así quedará clara la actitud de muchos corazones. Y a ti, una espada te traspasará el alma." Había también una profetisa, Ana, hija de Fanuel, de la tribu de Aser. Era una mujer muy anciana; de jovencita había vivido siete años casada, y luego viuda hasta los ochenta y cuatro; no se apartaba del templo día y noche, sirviendo a Dios con ayunos y oraciones. Acercándose en aquel momento, daba gracias a Dios y hablaba del niño a todos los que aguardaban la liberación de Jerusalén.
Y, cuando cumplieron todo lo que prescribía la ley del Señor, se volvieron a Galilea, a su ciudad de Nazaret. El niño iba creciendo y robusteciéndose, y se llenaba de sabiduría; y la gracia de Dios lo acompañaba. Palabra del Señor.

Reflexión

Cada 2 de enero celebramos la fiesta de La Presentación de Jesús. A esta fiesta también se le llama la fiesta de las candelas o la candelaria. Desde hace unos años ce celebra también el 2 de enero la jornada de la vida consagrada, en la que cada obispo en su diócesis invita a las personas consagradas a celebrar con él, el don de la vocación al servicio de las comunidades. Es una manera de afirmar que la consagrada ilumina al mundo con su ser y hacer. El tema de este año para la jornada de la Vida Consagrada es “Testimoniar la Esperanza y la Alegría.

Jesús será “luz para alumbrar a todas las naciones, presentado a todos los pueblos”. Así, la salvación queda conectada al pasado de Israel, pero abierta universalmente a todos los pueblos y naciones del universo y de la historia. Jesús es luz que disipará las tinieblas de todo el mundo. Por eso esta celebración está llena de simbolismo, de belleza, de iluminación. Dejemos que la luz de Cristo nos invada a todos y a todas.  Que nosotros y nuestras comunidades seamos también focos de irradiación de la luz de la Buena Noticia de la liberación. Nuestra sociedad necesita testigos que les muestren hacia dónde ir como alternativa al caos y al sin sentido reinante.

martes, 31 de enero de 2017

FE Y VIDA

“El Evangelio de Hoy”: Marcos 5,21-43 

Lectura del santo evangelio según san Marcos: 

En aquel tiempo, Jesús atravesó de nuevo en barca a la otra orilla, se le reunió mucha gente a su alrededor, y se quedó junto al lago. Se acercó un jefe de la sinagoga, que se llamaba Jairo, y, al verlo, se echó a sus pies, rogándole con insistencia: "Mi niña está en las últimas; ven, pon las manos sobre ella, para que se cure y viva." Jesús se fue con él, acompañado de mucha gente que lo apretujaba. 
Había una mujer que padecía flujos de sangre desde hacia doce años. Muchos médicos la habían sometido a toda clase de tratamientos, y se había gastado en eso toda su fortuna; pero, en vez de mejorar, se había puesto peor. Oyó hablar de Jesús y, acercándose por detrás, entre la gente, le tocó el manto, pensando que con sólo tocarle el vestido curaría. Inmediatamente se secó la fuente de sus hemorragias, y notó que su cuerpo estaba curado. Jesús, notando que había salido fuerza de él, se volvió en seguida, en medio de la gente, preguntando: "¿Quién me ha tocado el manto?" Los discípulos le contestaron: "Ves como te apretuja la gente y preguntas: "¿Quién me ha tocado?"" Él seguía mirando alrededor, para ver quién había sido. La mujer se acercó asustada y temblorosa, al comprender lo que había pasado, se le echó a los pies y le confesó todo. Él le dijo: "Hija, tu fe te ha curado. Vete en paz y con salud." 
Todavía estaba hablando, cuando llegaron de casa del jefe de la sinagoga para decirle: "Tu hija se ha muerto. ¿Para qué molestar más al maestro?" Jesús alcanzó a oír lo que hablaban y le dijo al jefe de la sinagoga: "No temas; basta que tengas fe." No permitió que lo acompañara nadie, más que Pedro, Santiago y Juan, el hermano de Santiago. Llegaron a casa del jefe de la sinagoga y encontró el alboroto de los que lloraban y se lamentaban a gritos. Entró y les dijo: "¿Qué estrépito y qué lloros son éstos? La niña no está muerta, está dormida." Se reían de él. Pero él los echó fuera a todos y, con el padre y la madre de la niña y sus acompañantes, entró donde estaba la niña, la cogió de la mano y le dijo: "Talitha qumi" (que significa: "Contigo hablo, niña, levántate"). La niña se puso en pie inmediatamente y echó a andar; tenía doce años. Y se quedaron viendo visiones. Les insistió en que nadie se enterase; y les dijo que dieran de comer a la niña. Palabra del Señor.

REFLEXIÓN

Dos episodios nos son contados en el evangelio de hoy para hablarnos de la sinceridad de la caridad. En el episodio introductor, Jairo, jefe de la sinagoga, una persona con nombre, de una clase social que rechaza a Jesús, se le acerca a pedirle que le devuelva la vida a su hija fallecida. El texto nos dice que Jairo se pone en camino con Jesús. El episodio intercalado en la historia de Jairo y de su hija con Jesús, una mujer padece una enfermedad que le hace impura de acuerdo a las concepciones de la época. Había gastado todo lo suyo buscando su salud. Marginada por ser mujer, por enferma y por pobre, ce acerca a Jesús y no se atreve a hablarle, piensa para ella que quizá baste con tocarle el manto y sin que él lo sepa, robarle un milagro, y así fue.

Pero su acción no la dejará en el anonimato, la relación con Jesús ha de ser personal. ¿Quién me ha tocado los vestidos? Al estar apretujado por la gente, la pregunta puede sobrar pero Jesús sabe lo que hace, él le permite a la mujer marginada y desconocida salir de su anonimato y su marginación y presentarse delante de todos “atemorizada y temblorosa”. Al sentirse acogida en su persona con toda dignidad por Jesús, ella contará su verdad y Jesús valorando su fe y su iniciativa le dice: “tu fe te ha sanado; vete en paz”. Le da la salud corporal y social, tener fe es tener vida. Entretanto, Jairo, con Jesús y los que le acompañan llegan a su casa donde había muerto su hija y le levanta tomándola de la mano sin hacer espectáculos ni buscarse fama. Que la fe nos cure y alegre.

domingo, 29 de enero de 2017

LAS BIENAVENTURANZAS

“El Evangelio de Hoy”: Mt 5, 1-12a Lectura del santo evangelio según san Mateo: En aquel tiempo, al ver Jesús el gentío, subió a la montaña, se sentó, y se acercaron sus discípulos; y él se puso a hablar, enseñándoles: "Dichosos los pobres en el espíritu, porque de ellos es el reino de los cielos. Dichosos los que lloran, porque ellos serán consolados. Dichosos los sufridos, porque ellos heredarán la tierra. Dichosos los que tienen hambre y sed de la justicia, porque ellos quedarán saciados. Dichosos los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia. Dichosos los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios. Dichosos los que trabajan por la paz, porque ellos se llamarán los Hijos de Dios. Dichosos los perseguidos por causa de la justicia, porque de ellos es el reino de los cielos. Dichosos vosotros cuando os insulten y os persigan y os calumnien de cualquier modo por mi causa. Estad alegres y contentos, porque vuestra recompensa será grande en el cielo." Palabra del Señor. Reflexión Las ocho bienaventuranzas nos hablan de las actitudes fundamentales de los seguidores y las seguidoras de Jesús. Una persona que sigue a Jesús debe confiar plenamente en Dios, debe compartir el sufrimiento de los demás, debe tener un trato amable con los otros, ha de querer ardientemente que reine la justicia. Debe tener el corazón en los pobres de la historia, debe ser coherente e íntegro en su vida, debe procurar que se establezca la paz como consecuencia de la justicia, todo esto significará ser hostilizado por quienes se niegan a reconocer los derechos de los otros. El Dios de Las bienaventuranzas no es «confesional», de una religión, no es «religiosamente tribal». No exige ningún ritual de ninguna religión. Sino el rito de la simple religión humana: la pobreza, la opción por los pobres, la transparencia de corazón, el hambre y sed de justicia, el luchar por la paz, la persecución como efecto de la lucha por la Causa del Reino... Esa «religión humana básica fundamental» es la que Jesús proclama como «código de santidad universal», para todas las personas del mundo. Demos gracias a Dios por regalarnos la oportunidad de conocer a personas concretas que nos iluminan en su nombre y nos contagian de alegría y de paz, viviendo el espíritu de las bienaventuranzas.