EVANGELIO DEL DOMINGO
"Velen, porque no saben el momento". San Marcos, 51-62.

lunes, 6 de enero de 2020

SOMOS ESTRELLAS QUE CONDUCEN A JESÚS





Jesús nació en Belén de Judá en tiempos del rey Herodes. Entonces, unos Magos de Oriente se presentaron en Jerusalén preguntando: "¿Dónde está el rey de los judíos que ha nacido? Porque hemos visto salir su estrella y venimos a adorarlo". Al enterarse el rey Herodes, se sobresaltó, y todo Jerusalén con él; convocó a los sumos pontífices y a los letrados del país, y les preguntó dónde tenía que nacer el Mesías. Ellos le contestaron: "En Belén de Judá, porque así lo ha escrito el profeta: "Y tú, Belén, tierra de Judá, no eres ni mucho menos la última de las ciudades de Judá; pues de ti saldrá un jefe que será el pastor de mi pueblo Israel". Entonces Herodes llamó en secreto a los Magos, para que le precisaran el tiempo en que había aparecido la estrella, y los mandó a Belén, diciéndoles: "Vayan y averigüen cuidadosamente qué hay del niño, y, cuando lo encuentren, avísenme, para ir yo también a adorarlo". Ellos, después de oír al rey, se pusieron en camino, y de pronto la estrella que habían visto salir comenzó a guiarlos hasta que vino a pararse encima de donde estaba el niño. Al ver la estrella, se llenaron de inmensa alegría. Entraron en la casa, vieron al niño con María, su madre, y cayendo de rodillas lo adoraron; después, abriendo sus cofres, le ofrecieron regalos: oro, incienso y mirra. Y habiendo recibido en sueños un oráculo para que no volvieran a Herodes, se marcharon a su tierra por otro camino. Palabra del Señor.

Reflexión  

La fiesta de la Epifanía del Señor nos invita a vivir la fe como un proceso de búsqueda que nos conduzca al encuentro con Jesús de manera sincera, a reconocerlo como el Salvador y adorarlo como el Emmanuel. Jesús se manifiesta como el cumplimiento de la promesa de Dios, escondido en la pequeñez y fragilidad de un niño al que hay que cuidar. Un llamado a vivir la fe como un camino sin regreso hacia atrás que avance de la mano de Jesús en un proceso sano y decidido a la búsqueda de la salvación. Los Magos son sabios, son gente importante que viene de lejos haciendo un esfuerzo por avanzar en su búsqueda y que no le importa tener que aprender de otros, otras culturas, otra religión y otro pueblo, cuando hace falta. Son capaces de descubrir al Mecías prometido en un niño recién nacido desprovisto de todo poder.

Hoy Jesús continúa manifestándose en los pobres, en los sencillos, en los humildes, en los que no cuentan para nada a los ojos de la sociedad de consumo en la que vivimos. Damos gracias a Dios por manifestarse a nosotros como un Dios cercano y amigo que camina con nosotros en nuestro peregrinar hacia su Reino. Tenemos la oportunidad de reflexionar sobre nuestra fe y nuestras búsquedas. Jesús nos invita a estar en camino, a no instalarnos en ningún lugar, en ningún momento, en ningún estado. Hay que seguir avanzando por caminos de mejorías. ¿Si los Magos de oriente se tomaron la molestia de desplazarse y de buscar e investigar, por qué nosotros no lo podemos hacer? Encontremos nuevos caminos de encuentro con Dios y con nuestros hermanos y hermanas. ¿Dónde se nos está revelando Dios hoy?

domingo, 5 de enero de 2020

DIOS ENTRE NOSOTROS



“El Evangelio de Hoy”, Juan 1, 1-18

Lectura del santo evangelio según san Juan

En el principio ya existía la Palabra, y la Palabra estaba junto a Dios, y la Palabra era Dios.
La Palabra en el principio estaba junto a Dios. Por medio de la Palabra se hizo todo, y sin ella no se hizo nada de lo que se ha hecho. En la Palabra había vida, y la vida era la luz de los hombres. La luz brilla en la tiniebla, y la tiniebla no la recibió. Surgió un hombre, enviado por Dios, que se llamaba Juan: éste venía como testigo, para dar testimonio de la luz, para que por él todos vinieran a la fe. No era él la luz, sino testigo de la luz. La Palabra era la luz verdadera, que alumbra a todo hombre. Al mundo vino, y en el mundo estaba; el mundo se hizo por medio de ella, y el mundo no la conoció. Vino a su casa, y los suyos no la recibieron. Pero a cuantos la recibieron les da poder para ser hijos de Dios, si creen en su nombre. Éstos no han nacido de sangre, ni de amor carnal, ni de amor humano, sino de Dios. Y la Palabra se hizo carne y acampó entre nosotros, y hemos contemplado su gloria: gloria propia del Hijo único del Padre, lleno de gracia y de verdad. Juan da testimonio de él y grita diciendo: «Éste es de quien dije: "El que viene detrás de mí, pasa delante de mí, porque existía antes que yo"». Pues de su plenitud todos hemos recibido, gracia tras gracia. Porque la Ley se dio por medio de Moisés, la gracia y la verdad vinieron por medio de Jesucristo. A Dios nadie lo ha visto jamás: el Hijo único, que está en el seno del Padre, es quien lo ha dado a conocer. Palabra del Señor.

REFLEXIÓN

Somos invitados a recuperar el vigor espiritual que necesitamos en estos tiempos de crisis integral, aprendiendo a vivir nuestra adhesión a Jesús con una calidad nueva. Ya no basta una vaga relación con un Jesús hasta ahora mal conocido. En Jesús ha ocurrido algo desconcertante. Juan lo dice con términos muy cuidados: «la Palabra de Dios se ha hecho carne». No se ha quedado en silencio para siempre. Dios se nos ha querido comunicar, no a través de revelaciones o apariciones, sino encarnándose en la humanidad de Jesús. No se ha "revestido" de carne, no ha tomado la "apariencia" de un ser humano. Dios se ha hecho realmente carne débil, frágil y vulnerable como la nuestra. Lo encontramos hecho carne en Jesús.


Esto nos hace vivir la relación con él con una profundidad única e inconfundible. Jesús es para nosotros el rostro humano de Dios. En sus gestos de bondad se nos va revelando de manera humana cómo es y cómo nos quiere Dios. En sus palabras vamos escuchando su voz, sus llamadas y sus promesas. En su proyecto descubrimos el proyecto del Padre. La sensibilidad de Jesús para acercarse a los enfermos, curar sus males y aliviar su sufrimiento, nos descubre cómo nos mira Dios cuando nos ve sufrir, y cómo nos quiere ver actuar con los que sufren. La acogida amistosa de Jesús a pecadores, prostitutas e indeseables nos manifiesta cómo nos comprende y perdona, y cómo nos quiere ver perdonar a quienes nos ofenden. Por eso dice Juan que Jesús está «lleno de gracia y de verdad». En él nos encontramos con el amor gratuito y desbordante de Dios. En él acogemos su amor verdadero, firme y fiel. Nada hay más importante que poner en el centro de nuestras comunidades cristianas a Jesús como rostro humano de Dios.

jueves, 2 de enero de 2020

AUTO-DEFINICIÓN DE JUAN




 “El Evangelio de Hoy”: Jn 1,19-28.

Lectura del santo evangelio según san Juan:

Éste fue el testimonio de Juan, cuando los judíos enviaron desde Jerusalén sacerdotes y levitas a Juan a que le preguntaran: "¿Tú quién eres?" Él confesó sin reservas: "Yo no soy el Mesías." Le preguntaron: "¿Entonces, qué? ¿Eres tú Elías?" Él dijo: "No lo soy." "¿Eres tú el Profeta?" Respondió: "No." Y le dijeron: "¿Quién eres? Para que podamos dar una respuesta a los que nos han enviado, ¿qué dices de ti mismo?" Él contestó: "Yo soy la voz que grita en el desierto: "Allanad el camino del Señor", como dijo el profeta Isaías."
Entre los enviados había fariseos y le preguntaron: "Entonces, ¿por qué bautizas si tú no eres el Mesías, ni Elías, ni el Profeta?" Juan les respondió: "Yo bautizo con agua; en medio de ustedes hay uno que no conocen, el que viene detrás de mí, y al que no soy digno de desatar la correa de la sandalia." Esto pasaba en Betania, en la otra orilla del Jordán, donde estaba Juan bautizando. Palabra del señor. Reflexión El Evangelio de Hoy nos invita a dar testimonio de fe viviendo los valores cristianos como camino de reconciliación y de esperanza. La vida y la práctica de Juan Bautista son inspiradoras para los creyentes de todos los tiempos. Juan no usurpa el lugar de Jesús ni el de nadie, da testimonio de su propia vocación invitando a la gente a descubrir la presencia de Dios, cumpliendo su promesa de salvación. Al encontrarnos con Jesús descubriremos su llamada a cambiar de vida asumiendo las actitudes que él nos propone para construir el Reino de Dios: la solidaridad, la justicia, el amor fraterno, la paz, así estaremos gritando en medio del desierto social que pone su esperanza en las vanidades del mundo, despreciando los valores dignificantes y trascendentes vividos y propuestos por Jesús. Muchos son las alternativas que nos presentan los oportunistas que en medio de los sufrimientos y problemas de los pueblos se constituyen en falsos mesías y profetas. No les creamos. Que este año, que apenas comienza, podamos ser testigos de esperanza y unidad que transformen y renueven nuestra identidad cristiana.