EVANGELIO DEL DOMINGO
"Velen, porque no saben el momento". San Marcos, 51-62.

miércoles, 3 de marzo de 2021

JESÚS, LA MADRE DE LOS ZEBEDEOS Y NOSOTROS


 

“El Evangelio de Hoy”: Mt 20, 17-28

 

Lectura del santo evangelio según san Mateo:

 

En aquel tiempo, mientras iba subiendo Jesús a Jerusalén, tomando aparte a los Doce, les dijo por el camino: "Miren, estamos subiendo a Jerusalén, y el Hijo del hombre va a ser entregado a los sumos sacerdotes y a los escribas, y lo condenarán a muerte y lo entregarán a los gentiles, para que se burlen de él, lo azoten y lo crucifiquen; y al tercer día resucitará."

Entonces se le acercó la madre de los Zebedeos con sus hijos y se postró para hacerle una petición. Él le preguntó: "¿Qué deseas?" Ella contestó: "Ordena que estos dos hijos míos se sienten en tu reino, uno a tu derecha y el otro a tu izquierda." Pero Jesús replicó: "No saben lo que piden. ¿Son capaces de beber el cáliz que yo he de beber?" Contestaron: "Lo somos." Él les dijo: "Mi cáliz lo beberán; pero el puesto a mi derecha o a mi izquierda no me toca a mí concederlo, es para aquellos para quienes lo tiene reservado mi Padre."

Los otros diez, que lo habían oído, se indignaron contra los dos hermanos. Pero Jesús, reuniéndolos, les dijo: "Saben que los jefes de los pueblos los tiranizan y que los grandes los oprimen. No será así entre ustedes: el que quiera ser grande entre ustedes, que sea su servidor, y el que quiera ser primero entre ustedes, que sea su esclavo. Igual que el Hijo del hombre no ha venido para que le sirvan, sino para servir y dar su vida en rescate por muchos." Palabra del Señor.

 

Reflexión

 

Jesús conoce la suerte corrida por los profetas de Israel. Sabe que quien se dedica a servir a Dios anunciando la vida y defendiendo a los más necesitados termina siendo quitado del medio por cuestionar el orden establecido. Por eso debemos tener bien claro que Jesús en ningún momento busca la muerte o el sufrimiento. Muchas son las acusaciones que han sufrido los seguidores de Jesús durante la historia de la Iglesia de que predican el amor por el sufrimiento, el dolor y la muerte.  Jesús lo que hace es advertir a sus discípulos sobre destino de todo aquel que responde a la llamada de Dios y se convierte en servidor de su pueblo.

 

Lo que nos salva no es el sufrimiento de Jesús, su pasión o su muerte, sino su ilimitado amor por la humanidad que le llevo hasta el calvario. El anuncio de su próxima pasión y muerte afecta mucho a sus discípulos. Ellos no han entendido el alcance del amor de Dios por su pueblo. Todos parecen distraídos en la línea de la madre de los Zebedeos quien solicita puestos de honor y privilegios para sus hijos en el futuro Reino. No terminaban de entender que lo nuestro es servir y no ser servidos.

 

De manera que lo que debe constituir nuestra alegría es el servicio a los demás por amor y en el nombre de Jesús. Sabemos que la sociedad ha invertido este valor. Se nos ha vendido la idea de que son importantes quienes ocupan puestos de mando y cuentan con poder de dominio sobre los otros. Jesús aprovecha la intervención de la madre de los Zzebedeos y la reacción de los demás discípulos para hablar del servicio, del Padre, y del Reino. “El que quiera ser importante entre ustedes, sea su servidor y el que quiera ser el primero, sea su esclavo… El Hijo del Hombre, no ha venido a ser servido, sino a servir y dar su vida en rescate por todos”. Esta es nuestra misión como seguidores de Jesús.

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