EVANGELIO DEL DOMINGO
"Te seguiré donde quiera que vayas". San Lucas 9, 51-62.

martes, 9 de abril de 2019

SU MISIÓN ES LA NUESTRA


“El Evangelio de Hoy” Jn 8,21-30

Lectura del santo evangelio según san Juan:

En aquel tiempo, dijo Jesús a los fariseos: "Yo me voy y me buscarán, y morirán por su pecado. Donde yo voy no pueden venir ustedes." Y los judíos comentaban: "¿Será que va a suicidarse, y por eso dice: "Donde yo voy no pueden venir ustedes"? “Y él continuaba: "ustedes son de aquí abajo, yo soy de allá arriba: ustedes son de este mundo, yo no soy de este mundo. Con razón les he dicho que morirán por sus pecados: pues, si no creen que yo soy, morirán por sus pecados." Ellos le decían: "¿Quién eres tú?" Jesús les contestó: "Ante todo, eso mismo que les estoy diciendo. Podría decir y condenar muchas cosas en ustedes; pero el que me envió es veraz, y yo comunico al mundo lo que he aprendido de él." Ellos no comprendieron que les hablaba del Padre. Y entonces dijo Jesús: "Cuando levanten al Hijo del hombre, sabrán que yo soy, y que no hago nada por mi cuenta, sino que hablo como el Padre me ha enseñado. El que me envió está conmigo, no me ha dejado solo; porque yo hago siempre lo que le agrada." Cuando les exponía esto, muchos creyeron en él. Palabra del Señor.

REFLEXIÓN

Jesús fue enviado a nuestro mundo a vivir una misión de salvación. Revela el amor que Dios nos tiene para que creyendo el él nos abramos a su amor. Juan gusta jugar con un estilo literario argumentativo en forma de “malentendidos”. Jesús habla de retornar al Padre, pero ellos piensan que Jesús está hablando de suicidarse. Jesús es el enviado del Padre. Se revela con el mismo nombre de Dios en el éxodo: Yo soy. Tiene plena conciencia que su misión consiste en hacer la voluntad de Dios. Y por supuesto que la voluntad de Dios es que todos los seres humanos crean, es decir, que acepten la propuesta de salvación como camino de humanización hasta alcanzar la plenitud de la vida en Cristo Jesús. La propuesta de Jesús es nueva y renovadora. El Reinado de Dios acontece en el corazón del ser humano y desde allí transforma toda la realidad. Abrir el corazón a la novedad del Reino es entrar en la dinámica de la conversión. A partir de ahí, la relación con los demás será fraterna y justa, manifestación de la presencia del Reino de Dios.

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