Una reflexión del Evangelio en perspectiva teológico-pastoral para animar desde la liturgia, la vida de fe en su compromiso personal y comunitario
martes, 12 de junio de 2018
DAR SABOR, ILUMINAR Y PRESERVAR
“El Evangelio de Hoy”: Mt 5, 13-16
Lectura del santo evangelio según san Mateo:
En aquel tiempo dijo Jesús a sus discípulos: "Ustedes son la sal de la tierra. Pero si la sal se
vuelve sosa, ¿con qué la salarán? No sirve más que para tirarla fuera y que la
pise la gente. Ustedes son la luz del mundo. No se puede ocultar una ciudad
puesta en lo alto de un monte. Tampoco se enciende una vela para meterla debajo
de un celemín, sino para ponerla en el candelero y que alumbre a todos los de
casa. Alumbre así su luz a los hombres, para que vean sus buenas obras y den
gloria a su Padre que está en el cielo". Palabra del Señor.
Reflexión
Somos la sal y la luz enviados a dar sabor y a iluminar. Esta es una condición muy exigente de parte de Jesús pero al mismo tiempo es un privilegio. Saborear e iluminar con la fuerza de Jesús es único. Los evangelios nos presentan a Jesús en el ejercicio de dar sabor a la vida de la gente. Les invita y nos invita a vivir intensamente lo que somos y a encontrar la alegría y el gozo en vivir volcados hacia los demás, sirviendo y animando su vida. La vida tiene sabor cuando tiene sentido, cuando se orienta hacia adelante con la fuerza de los valores que dignifican y humanizan. Esa mismapráctica ilumina, aclara y potencia la vida de los hombres y mujeres.
En la vida diaria dar sabor, preservar de la corrupción e iluminar la vida propia y la de los demás significa, tener fe, ejercitarnos en el buen humor, sonreír, disfrutar de lo que somos y de lo que tenemos, servir de apoyo a los demás en determinadas situaciones de debilidades, ver lo positivo y lo bueno… Así es como podremos iluminar y dar sabor a la vida, en medio de las corrientes contrarias con las que nos encontramos cada día. Somos sal y luz cuando revestimos nuestra vida de muchos valores y actitudes que construyan comunidad de hermanos y hermanas. Valores de solidaridad, compasión, cuidado, amor, amistad y fraternidad. Continuemos creciendo en nuestra
capacidad de respuesta al Evangelio.
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