Una reflexión del Evangelio en perspectiva teológico-pastoral para animar desde la liturgia, la vida de fe en su compromiso personal y comunitario
domingo, 7 de mayo de 2017
EL GRAN AMIGO
“El Evangelio de Hoy”: Jn 10,1-10
Lectura del santo evangelio según san Juan: En aquel tiempo, dijo Jesús: "Les aseguro que el que
no entra por la puerta en el aprisco de las ovejas, sino que salta por otra
parte, ése es ladrón y bandido; pero el que entra por la puerta es pastor de
las ovejas. A éste le abre el guarda, y las ovejas atienden a su voz, y él va
llamando por el nombre a sus ovejas y las saca fuera. Cuando ha sacado todas
las suyas, camina delante de ellas, y las ovejas lo siguen, porque conocen su
voz; a un extraño no lo seguirán, sino que huirán de él, porque no conocen la
voz de los extraños." Jesús les puso esta comparación, pero ellos no
entendieron de qué les hablaba. Por eso añadió Jesús: "Les aseguro que yo
soy la puerta de las ovejas. Todos los que han venido antes de mí son ladrones
y bandidos; pero las ovejas no los escucharon. Yo soy la puerta: quien entre
por mí se salvará y podrá entrar y salir, y encontrará pastos. El ladrón no
entra sino para robar y matar y hacer estrago; yo he venido para que tengan
vida y la tengan abundante." Palabra del Señor.
Reflexión
En nuestra búsqueda de bienestar espiritual no basta ilusionarnos con Dios y su oferta desalvación. Si no sentimos que respondemos adecuadamente a su llamada, si nuestra oración no nos satisface, recordemos que nuestra relación con Dios requiere una actitud interior y una apertura confiada a su amor. Lo primero es situarse ante Alguien. Dios es Amigo y Padre. Lo importante ante Dios es captar su presencia amistosa. Todo lo demás viene después. Sentir a Dios como Amigo lo cambia todo. Hay que arriesgarse a confiar. Quien se abre al Dios revelado en Jesucristo aprende a escuchar en el fondo de su ser estas palabras decisivas:No tengas miedo
Es importante, además, captar a Dios como el Creador de vida. En lo más hondo de cada uno de nosotros habita su Espíritu que es Señor y dador de vida». Este abrirse a Dios es reforzar nuestra verdadera identidad, crecer como personas, aprender a vivir la vida intensamente, con hondura, desde su raíz. El creyente trata, también, de escuchar la voluntad de Dios, es decir, lo bueno,lo agradable, lo perfecto», lo que puede estar en sintonía con Aquel que sólo quiere el bien y la felicidad de todo ser humano. Para el evangelista san Juan, es decisivo en la fe cristiana «atender a la voz» de Cristo. Sólo las personas que reconocen la voz del Maestro y se sienten llamadas por él, son capaces de seguirle fielmente.
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