EVANGELIO DEL DOMINGO
"Te seguiré donde quiera que vayas". San Lucas 9, 51-62.

sábado, 31 de diciembre de 2016

Y HABITÓ ENTRE NOSOTROS

“E l Evangelio de Hoy”: Jn 1,1-18

Lectura del santo evangelio según san Juan:

En el principio ya existía la Palabra, y la Palabra estaba junto a Dios, y la Palabra era Dios. La Palabra en el principio estaba junto a Dios. Por medio de la Palabra se hizo todo, y sin ella no se hizo nada de lo que se ha hecho. En la Palabra había vida, y la vida era la luz de los hombres. La luz brilla en la tiniebla, y la tiniebla no la recibió. Surgió un hombre enviado por Dios, que se llamaba Juan: éste venía como testigo, para dar testimonio de la luz, para que por él todos vinieran a la fe. No era él la luz, sino testigo de la luz. La Palabra era la luz verdadera, que alumbra a todo hombre. Al mundo vino, y en el mundo estaba; el mundo se hizo por medio de ella, y el mundo no la conoció. Vino a su casa, y los suyos no la recibieron. Pero a cuantos la recibieron, les da poder para ser hijos de Dios, si creen en su nombre. Éstos no han nacido de sangre, ni de amor carnal, ni de amor humano, sino de Dios. Y la Palabra se hizo carne y acampó entre nosotros, y hemos contemplado su gloria: gloria propia del Hijo único del Padre, lleno de gracia y de verdad. Juan da testimonio de él y grita diciendo: "Éste es de quien dije: "El que viene detrás de mí pasa delante de mí, porque existía antes que yo."" Pues de su plenitud todos hemos recibido, gracia tras gracia. Porque la Ley se dio por medio de Moisés, la gracia y la verdad vinieron por medio de Jesucristo. A Dios nadie lo ha visto jamás: Dios Hijo único, que está en el seno del Padre, es quien lo ha dado a conocer. Palabra del Señor.

Reflexión

Hoy es un buen día para agradecer a Dios el don de la vida y las oportunidades compartidas durante el año 2016. Puede ser que los ajetreos de la vida cotidiana no nos hayan permitido vivir conscientemente cada jornada de este tiempo medido en un año, pero podemos estar seguros de que Dios siempre ha estado ahí con nosotros, en las buenas y en las no tan buenas. El texto del Evangelio de Hoy, a primera vista no nos dice gran cosa pues está redactado en un formato bastante teológico y poético. En el fondo, al igual que el día de Navidad, el evangelio nos recuerda que Dios ha sido infinitamente generoso con nosotros al regalarnos a su propio hijo y amarnos en él, sin condición ni límites.

Una invitación a poner en el centro de nuestra vida su palabra y a dejarnos informar, instruir por Jesús para disfrutar desde ya de la vida eterna. Dios, por el amor que nos tiene, nos ha privilegiado con su presencia, con su Encarnación.  Encarnémonos nosotros luchando por la dignidad, la justicia fraterna y solidaria. No olvidemos que Dios se ha encarnado para salvarnos y mostrarnos el camino de la alegría y de la paz. Hagámoslo nosotros con nuestros hermanos y hermanas, mostrémosle buena cara y sobre todo un buen corazón. Celebremos el final de este año en familia, con sana alegría y oremos juntos para que la humanidad desarrolle el sentido del amor que construye la paz. Felicidades.

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