EVANGELIO DEL DOMINGO
"Te seguiré donde quiera que vayas". San Lucas 9, 51-62.

martes, 22 de noviembre de 2016

TODO SERÁ DESTRUIDO

“El Evangelio de Hoy”: Lc 21,5-11

Lectura del santo evangelio según San Lucas

En aquel tiempo, algunos ponderaban la belleza del templo, por la calidad de la piedra y los exvotos. Jesús les dijo: "Esto que contemplan, llegará un día en que no quedará piedra sobre piedra: todo será destruido." Ellos le preguntaron: "Maestro, ¿cuándo va a ser eso?, ¿y cuál será la señal de que todo eso está para suceder?" Él contestó: "Cuidado con que nadie os engañe. Porque muchos vendrán usurpando mi nombre, diciendo: "Yo soy", o bien "El momento está cerca"; no vayan tras ellos. Cuando oigan noticias de guerras y de revoluciones, no tengan pánico. Porque eso tiene que ocurrir primero, pero el final no vendrá en seguida. Luego les dijo: "Se alzará pueblo contra pueblo y reino contra reino, habrá grandes terremotos, y en diversos países epidemias y hambre. Habrá también espantos y grandes signos en el cielo." Palabra del Señor. 

REFLEXIÓN

¿Está Jesús hablando del fin del mundo? ¿Cuál templo es el que será destruido? Al llegar al final del Año Litúrgico, las lecturas organizadas por la Iglesia para este tiempo nos hablan también del fin. Jesús anuncia el fin de una religiosidad basada en el mercado. No olvidemos la reflexión del otro día cuando Jesús expulsó a los vendedores del templo. La ley y los preceptos valen más que la fraternidad y la solidaridad en este templo. Por eso, Jesús afirma que será destruido y que no quedará piedra sobre piedra. De nada sirven las piedras preciosas ni las riquezas… La formalidad y las apariencias hipócritas no son eternas. Servirán para distraerse y vendrán otras fuerzas a destruir todo.

No se trata del fin del mundo sino del fin de una concepción de iglesia o religión, se trata del final de una práctica religiosa que se justificaba en una teología mercantilista, jerárquica y patriarcal, en unas prácticas religiosas donde la ley está por encima de la vida y, con unos dirigentes tildados de hipócritas porque ponían cargas pesadas e insoportables a sus fieles, mientras ellos no eran capaces de mover un dedo. Este es el tipo de templo y de religión que Jesús combatió y cuya destrucción profetizó. Nuestra preocupación debe estar puesta en reparar todo lo dañado hasta ahora. Estar listos para incentivar la vida y  luchar por la justicia y por la paz. Lo nuestro debe ser vivir el Evangelio, no solamente predicarlo.

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