EVANGELIO DEL DOMINGO
"Te seguiré donde quiera que vayas". San Lucas 9, 51-62.

miércoles, 31 de agosto de 2016

SANAR, OBRA DE MISERICORDIA

“El Evangelio de Hoy”: Lc 4, 38-44

Lectura del santo evangelio según san Lucas:

En aquel tiempo, al salir Jesús de la sinagoga, entró en casa de Simón. La suegra de Simón estaba con fiebre muy alta y le pidieron que hiciera algo por ella. Él, de pie a su lado, increpó a la fiebre, y se le pasó; ella, levantándose en seguida, se puso a servirles.
Al ponerse el sol, los que tenían enfermos con el mal que fuera se los llevaban; y él, poniendo las manos sobre cada uno, los iba curando. De muchos de ellos salían también demonios, que gritaban: "Tú eres el Hijo de Dios." Los increpaba y no les dejaba hablar, porque sabían que él era el Mesías. Al hacerse de día, salió a un lugar solitario. La gente lo andaba buscando; dieron con él e intentaban retenerlo para que no se les fuese. Pero él les dijo: "También a los otros pueblos tengo que anunciarles el reino de Dios, para eso me han enviado." Y predicaba en las sinagogas de Judea. Palabra del Señor. 

Reflexión

Jesús ha venido a salvar a la humanidad, a anunciar la liberación y el perdón, a  mostrar los signos de la irrupción del Reino de Dios en el mundo. Una de las situaciones que más limita nuestras vidas son las enfermedades. Cuando nos falta la salud nos sentimos mal y nos quedamos en casa, el peso del malestar que sentimos nos muestra la fragilidad y la impotencia a la hora de querer actuar de manera normal. Nuestras actividades y trabajos, nuestras relación con los demás,  dependen mucho de nuestra salud. Por eso encontramos en los evangelios tantos relatos que nos muestran a Jesús acogiendo y sanando a los enfermos. Es su manera de anunciar la bondad del Dios liberador y sanador, remedio para todos los males. La sanación, en esta lógica, rehabilita al enfermo no sólo consigo mismo, sino con su familia y la sociedad.

El evangelio de hoy nos invita a reflexionar sobre esta realidad. Nótese cómo la curación de la suegra de Pedro lleva a que “todos los que tenían enfermos” los trajeran a Jesús, y cómo esa multitud le sigue. Son muchos los enfermos que son curados. No podemos pensar que Jesús sanara a todos los enfermos existentes en su época, son signos, muestras de la misericordia de Dios y señales de que el Reino de Dios finalmente comienza a verse manifestado en la sanación, liberación y salvación de las personas aquejada por algún mal que le esclaviza. Hoy no podemos dejar de pensar en las causas de tantas enfermedades. La pobreza, la marginación, la malnutrición y la falta de políticas sociales igualitarias contribuyen con el aumento de las enfermedades. Seamos parte y aporte de la salud de las personas a nuestro alrededor.

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