EVANGELIO DEL DOMINGO
"Te seguiré donde quiera que vayas". San Lucas 9, 51-62.

sábado, 6 de agosto de 2016

LA TRANSFIGURACIÓN

“El Evangelio de Hoy”: Mt 17,1-9

Lectura del santo evangelio según san Mateo:

En aquel tiempo, Jesús tomó consigo a Pedro, a Santiago y a su hermano Juan y se los llevó aparte a una montaña alta. Se transfiguró delante de ellos, y su rostro resplandecía como el sol, y sus vestidos se volvieron blancos como la luz. Y se les aparecieron Moisés y Elías conversando con él. Pedro, entonces, tomó la palabra y dijo a Jesús: "Señor, ¡qué bien se está aquí! Si quieres, haré tres tiendas: una para ti, otra para Moisés y otra para Elías." Todavía estaba hablando cuando una nube luminosa los cubrió con su sombra, y una voz desde la nube decía: "Éste es mi Hijo, el amado, mi predilecto. Escúchenlo." Al oírlo, los discípulos cayeron de bruces, llenos de espanto. Jesús se acercó y, tocándolos, les dijo: "Levántense, no teman." Al alzar los ojos, no vieron a nadie más que a Jesús, solo. Cuando bajaban de la montaña, Jesús les mandó: "No cuenten a nadie la visión hasta que el Hijo del hombre resucite de entre los muertos." Palabra del Señor.

REFLEXIÓN

Hoy celebramos la fiesta de la transfiguración de Jesús en el monte Tabor. Esta fiesta se celebra 40 días antes de la fiesta de la Exaltación de la Santa Cruz, para preparar nuestro corazón a afrontar el escándalo de la cruz. Jesús se acerca al momento de la crucifixión pero su muerte no pondrá fin a su misión, ella debe ser entendida a la luz de la Resurrección. El rostro brillante de Jesús y la blancura de sus vestidos adelantan la iluminación pascual, las tinieblas están vencidas de antemano. No hay pascua sin viernes santo. Por eso no podemos pretender, como Pedro, detener el avance, quedándonos en los momentos de gozo y de triunfo.

La transfiguración de Jesús nos anuncia que los momentos de  alegría y las experiencias profundas de encuentro con Jesús han de servirnos para llenarnos de fuerza y de esperanza para afrontar los momentos difíciles que nos puedan afectar. Somos invitados a escuchar a Jesús, a aprender de su experiencia y a no dejarnos paralizar por el miedo ni por el cansancio. Pensemos en todo lo que necesita ser transformado hoy para dar paso a una sociedad más parecida a la que Dios quiere y trabajemos en este proyecto renovador de Jesús. 

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