EVANGELIO DEL DOMINGO
"Te seguiré donde quiera que vayas". San Lucas 9, 51-62.

martes, 24 de noviembre de 2015

TODO LO FALSO SERA DESTRUIDO

“El Evangelio de Hoy”: Lc 21, 5-11

Lectura del santo evangelio según san Lucas:

En aquel tiempo, algunos ponderaban la belleza del templo, por la calidad de la piedra y los exvotos. Jesús les dijo: "Esto que contemplan, llegará un día en que no quedará piedra sobre piedra: todo será destruido." Ellos le preguntaron: "Maestro, ¿cuándo va a ser eso?, ¿y cuál será la señal de que todo eso está para suceder?" Él contestó: "Cuidado con que nadie les engañe. Porque muchos vendrán usurpando mi nombre, diciendo: "Yo soy", o bien: "El momento está cerca", no vayan tras ellos. Cuando oigan noticias de guerras y de revoluciones, no tengan pánico. Porque eso tiene que ocurrir primero, pero el final no vendrá en seguida." Luego les dijo: "Se alzará pueblo contra pueblo y reino contra reino, habrá grandes terremotos, y en diversos países epidemias y hambre. Habrá también espantos y grandes signos en el cielo. Palabra del Señor.

Reflexión

El templo de Jerusalén era una gran construcción que había sido levantado en 80 años de trabajo, de sacrificio y de recursos pagados por un pueblo pobre; no había templos de religiones conocidas en la época que le superara. Su belleza y amplitud llevaba a exclamaciones y ponderaciones como nos dice El Evangelio de Hoy. Jesús interpela a sus auditores y les hace pensar un momento en todo eso, se sitúa críticamente invitando a evaluar su utilidad y durabilidad. Las personas que se había sacrificado para esta construcción, eran felices ¿qué aporta el templo a los ciudadanos que lo utilizan para sus prácticas religiosas? ¿Cuál es la situación económica de la gente en general? ¿Produce paz, produce fraternidad e igualdad?...


Toda práctica colectiva debe rendir colectivamente resultados integrales. La crítica de Jesús pone en evidencia cómo la voluntad humana de poder se encubre con espléndidos edificios religiosos y con teologías no menos sofisticadas.  En la actualidad tenemos una situación semejante; sólo que ahora no se cometen esas injusticias a nombre de la religión, sino del ‘progreso’, la tecnología, la eficacia o el crecimiento económico. Muchas guerras, catástrofes e injusticias se evitarían si, de una vez para siempre, los seres humanos aprendieran el significado de los límites que la misma existencia impone. Las construcciones no pueden sobrepasar las posibilidades reales de los pueblos.

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