EVANGELIO DEL DOMINGO
"Velen, porque no saben el momento". San Marcos, 51-62.

jueves, 27 de agosto de 2015

VELAR

“El Evangelio de Hoy”: Mt 24, 42-51

Lectura del santo evangelio según san Mateo:

En aquel tiempo dijo Jesús a sus discípulos: "Estén en vela, porque no saben qué día vendrá su Señor. Comprendan que, si supiera el dueño de casa a qué hora de la noche viene el ladrón, estaría en vela y no dejaría abrir un boquete en su casa. Por eso estén también ustedes preparados, porque a la hora que menos piensen viene el Hijo del Hombre. ¿Dónde hay un criado fiel y cuidadoso, a quien el amo encarga de dar a la servidumbre la comida a sus horas? Pues dichosos ese criado si el amo, al llegar, lo encuentra portándose así. Les aseguro que le confiará la administración de todos sus bienes. Pero si el criado es un canalla y, pensando que su amo tardará, empieza a pegar a sus compañeros y a comer y a beber con los borrachos, el día y la hora que menos se lo espera llegará el amo y lo hará pedazos, como se merecen los hipócritas. Allí será el llanto y el rechinar de dientes". Palabra del Señor.

REFLEXIÓN

Jesús está dedicado a enseñar a sus discípulos más cercanos a vivir de cara a Dios y a su Reino. Posiblemente por eso le habla de la manera de ser servidores fieles o infieles. Jesús sabe que no estará físicamente para siempre con sus seguidores,  tiene que ocuparse de dejarles las herramientas necesarias para que no se dejen absorber por las corrientes sociales del mundo en cada etapa de la historia. El Nuevo Testamento muestra la imagen que tiene Jesús de su Padre, un Dios Padre, bueno, compañero y cercano con la humanidad, un Dios que establece relaciones de amistad e igualdad. Un Dios solidario en la lucha contra el poder de dominio que se manifiesta en el deseo incansable de acaparar.

¿Cómo deben actuar los seguidores de Jesús, creyentes en ese Dios Padre bueno? Nosotros los seguidores y seguidoras de Jesús debemos  de estar preparados para asumir las responsabilidades que nos pide el evangelio. Tenemos que saber ocupar puestos de dirección en nuestras comunidades y en nuestra sociedad, hasta en la política, y ser la diferencia en términos de justicia e igualdad, sin dejarnos corromper.

A veces interpretamos esta preparación en relación a la muerte o al fin del mundo. Es verdad, pero la preparación para el más allá comienza en el más acá. Por esto, el estar preparados, despiertos, vigilantes, es un asunto de todos los días. Preparados para ser hombres y mujeres de oración. Preparados para que Dios y la comunidad estén orgullosos de lo que hacemos. Preparados para compartir lo que tenemos. Preparados para servir a los más necesitados. Preparados para luchar con otros por un mundo donde reine la vida, la justicia y la integridad de la creación.

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