EVANGELIO DEL DOMINGO
"Te seguiré donde quiera que vayas". San Lucas 9, 51-62.

martes, 5 de agosto de 2014

i"ÁNIMO, SOY YO, NO TENGAN MIEDO"!

“El Evangelio de Hoy”: Mt 14, 22-36

Lectura del santo evangelio según san Mateo         
Después que sació la gente, Jesús apremió a sus discípulos a que subieran a la barca y se le adelantaron a la otra orilla, mientras él despedía a la gente. Y, después de despedir a la gente, subió al monte a solas para orar. Llegada la noche, estaba allí solo. Mientras tanto, la barca iba ya muy lejos de tierra, sacudida por las olas, porque el viento les era contrario.
De madrugada se les acercó Jesús andando sobre el agua. Los discípulos, viéndole andar sobre el agua, se asustaron y gritaron de miedo, pensando que era un fantasma. Jesús les dijo enseguida: "¡Animo, soy yo, no tengan miedo! Pedro le contestó: "Señor, si eres tú, mándame ir hacia ti andando sobre el agua". Él le dijo: "Ven". Pedro bajó de la barca y echó a andar sobre el agua acercándose a Jesús; pero, al sentir la fuerza del viento, le entró miedo, empezó a hundirse y gritó: "Señor, sálvame". En seguida Jesús extendió la mano, lo agarró y le dijo: "¡Qué poca fe! ¿Por qué has dudado?
En cuanto subieron a la barca, amainó el viento. Los de la barca se postraron ante él diciendo: "Realmente eres Hijo de Dios". Terminada la travesía, llegaron a tierra en Genesaret. Y los hombres de aquel lugar, apenas le reconocieron, pregonaron la noticia por toda aquella comarca y trajeron donde él a todos los enfermos. Le pedían tocar siquiera la orla de su manto; y cuantos la tocaron quedaron curados. Palabra del Señor.

REFLEXIÓN

Ánimo, soy yo. ¿Dónde encontrar a Dios? Este fragmento del evangelio de Mateo nos recuerda que Dios sale al encuentro de nosotros. El “Evangelio de Hoy” nos muestra que aún en los momentos de “poca fe”, el Señor responde haciéndose presente en nuestra vida. Vemos un fuerte contraste entre Jesús y sus discípulos: Jesús está sereno, orando a solas en el monte en una actitud de encuentro con Dios. Los discípulos, al contrario, están viviendo una situación desesperante, están atravesando por momentos de inseguridad y turbación. Esto le dificulta el encuentro con Dios. Pero Jesús se le acerca en medio de “su noche”, de su miedo, en medio de sus dificultades. No viene a acusarles de tener poca fe ni a amenazarles con castigos. Jesús se hace presente para animar e inspirar confianza.

En medio de dificultades tendemos a ver borroso. Como los discípulos, confundimos la presencia de Dios con fantasmas, por eso no hacemos caso a su Palabra. Al igual que a Pedro, la confusión nos lleva a exigir pruebas, “Señor, si eres tú, mándame ir hacia ti sobre las aguas”, olvidándonos de que no hay prueba para la fe en la presencia de Dios sin nuestro compromiso y nuestro riesgo. Jesús nos ha prometido estar siempre con nosotros. Pero su presencia no suprime nuestras dificultades y oscuridades. Jesús nos ilumina, nos fortalece, nos acompaña invitándonos a tener confianza para avanzar en medio de las dificultades. Su cercanía y su Palabra reclaman nuestra fe para reconocerlo. ¿Por qué dudar? ¿Acaso Jesús le hizo daño a alguien en su vida? Sí, lo sabemos. No es fácil mantenerse de pié sobre las aguas turbulentas de la vida. Pero para Dios nada es imposible. Confiemos y continuemos, Jesús nos acompaña con su salvación.

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