EVANGELIO DEL DOMINGO
"Te seguiré donde quiera que vayas". San Lucas 9, 51-62.

lunes, 21 de abril de 2014

CREER Y VIVIR LA RESURRECCIÓN

 “El Evangelio de Hoy”: Mateo 28,8-15

Lectura del santo evangelio según san Mateo: 

En aquel tiempo, las mujeres se marcharon a toda prisa del sepulcro; impresionadas y llenas de alegría, corrieron a anunciarlo a los discípulos. De pronto, Jesús les salió al encuentro y les dijo: "Alégrense." Ellas se acercaron, se postraron ante él y le abrazaron los pies. Jesús les dijo: "No tengan miedo: vayan a comunicar a mis hermanos que vayan a Galilea; allí me verán." 
Mientras las mujeres iban de camino, algunos de la guardia fueron a la ciudad y comunicaron a los sumos sacerdotes todo lo ocurrido. Ellos, reunidos con los ancianos, llegaron a un acuerdo y dieron a los soldados una fuerte suma, encargándoles: "Digan que sus discípulos fueron de noche y robaron el cuerpo mientras ustedes dormían, Y si esto llega a oídos del gobernador, nosotros nos lo ganaremos y los sacaremos de apuros." Ellos tomaron el dinero y obraron conforme a las instrucciones. Y esta historia se ha ido difundiendo entre los judíos hasta hoy. Palabra del Señor. 

REFLEXIÓN 

Debería darles vergüenza ese tipo de reacción de prevaricación, mentira, corrupción y acusación falsa frente a un acontecimiento tan extraordinario y positivo para los seres humanos. La resurrección de Jesús no es solamente su resurrección, es un paso definitivo y trascendente para toda la humanidad y para la creación entera. Todos y todas aspiramos a trascender los límites de la muerte. Jesús nos muestra el camino para ir más allá y vivir la plenitud de dignidad que Dios ha querido siempre para su pueblo. La vida aprovechada y disfrutada como un don precioso a compartir con los demás como verdaderos hermanos y hermanas que se quieren, se sirven mutuamente y se respetan, posibilitando el desarrollo integral de todos, todas y cada ser humano. 

La resurrección realiza nuestra esperanza y nos proyecta hacia la eternidad. Ahora podemos vivir, afrontar los problemas y limitaciones de nuestra realidad y morir sin miedo a éste transito desconocido. Para compartir la resurrección de Jesús tenemos que compartir su vida hecha de encuentros y Buena noticia para todos. La recompensa es mayor que la inversión. Es la alegría de vivir acompañándonos e impulsándonos los unos a los otros y la promesa de eternizar toda esa buena experiencia positiva compartida en esta vida. Si vivimos dejándonos conducir por el Espíritu de Jesús, ya hemos comenzado, en pequeño, a vivir la resurrección.

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