EVANGELIO DEL DOMINGO
"Te seguiré donde quiera que vayas". San Lucas 9, 51-62.

miércoles, 5 de febrero de 2014

LIBRES ANTE EL EVANGELIO Y LOS EVANGELIZADORES

“EL Evangelio de Hoy”: Mc 6,1-6

Lectura del santo evangelio según san Marcos:

En aquel tiempo, fue Jesús a su pueblo en compañía de sus discípulos. Cuando llegó el sábado, empezó a enseñar en la sinagoga; la multitud que lo oía se preguntaba asombrada: "¿De dónde saca todo eso? ¿Qué sabiduría es ésa que le han enseñado? ¿Y esos milagros de sus manos? ¿No es éste el carpintero, el hijo de María, hermano de Santiago y José y Judas y Simón? Y sus hermanas ¿no viven con nosotros aquí?" Y esto les resultaba escandaloso.
Jesús les decía: "No desprecian a un profeta más que en su tierra, entre sus parientes y en su casa." No pudo hacer allí ningún milagro, sólo curó algunos enfermos imponiéndoles las manos. Y se extrañó de su falta de fe. Y recorría los pueblos de alrededor enseñando. Palabra del Señor.

REFLEXIÓN

¿Cuáles son nuestros sentimientos al escuchar este texto? ¿Cuál es la Buena Noticia que encontramos en el Evangelio de Hoy? Nos duele que los compatriotas de Jesús lo rechacen porque lo conocen. Nos parece raro que no acepten a Jesús por ser uno de ellos mismos a quien conocen desde niño. Sabemos, sin embargo, que los enviados de Dios están advertidos de que no todo el mundo le escuchará. No es fácil abandonar tradiciones y prácticas bien aprendidas por el anuncio que invita a dejar las viejas seguridades y a cambiar de camino. Jesús mismo se admira de su incredulidad. Su conclusión es que le conocen y que por eso, no puede anunciarles nada nuevo. ¿No nos pasa a nosotros lo mismo?

Pero debemos estar claros de que la calidad del anuncio del Evangelio no se mide por la acogida inmediata que tenga. No olvidemos que los enviados deben sembrar la palabra, no cosechar sus frutos. Cuenta, ante todo, la fidelidad de los enviados a la misión encomendada. Es el Espíritu Santo, presente en los enviados quien los hace fuertes. Es la forma de actuar de un Dios amoroso y tierno que invita y no apabulla. Dios nos ha creado inteligentes y libres, frente a los evangelizadores, podemos decidir en pro o en contra. Dios no se nos revela en acciones y milagrosas, como quisieran muchos para evitarse el trabajo de discernir y optar en libertad.


Pero para los enviados no es fácil, nos duele en particular que el testimonio que buscamos dar, en medio de nuestros defectos, no sea comprendido. En esta realidad también encontramos un llamado a actuar humildad y a buscar renovar nuestras fuerzas, centrándonos en la fuente de la misión encomendada. Así que como Jesús, sigamos nuestra misión abiertos a sus nuevas consignas, dejémonos molestar por sus constantes llamadas a desinstalarnos y continuar la ruta mejorando sin parar.

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