EVANGELIO DEL DOMINGO
"Velen, porque no saben el momento". San Marcos, 51-62.

martes, 5 de febrero de 2013

JESÚS FRENTE A LA MUJER


“El Evangelio de Hoy”: Marcos 5,21-43

Lectura del santo evangelio según san Marcos:

En aquel tiempo, Jesús atravesó de nuevo en barca a la otra orilla, se le reunió mucha gente a su alrededor, y se quedó junto al lago. Se acercó un jefe de la sinagoga, que se llamaba Jairo, y, al verlo, se echó a sus pies, rogándole con insistencia: "Mi niña está en las últimas; ven, pon las manos sobre ella, para que se cure y viva." Jesús se fue con él, acompañado de mucha gente que lo apretujaba.
Había una mujer que padecía flujos de sangre desde hacia doce años. Muchos médicos la habían sometido a toda clase de tratamientos, y se había gastado en eso toda su fortuna; pero, en vez de mejorar, se había puesto peor. Oyó hablar de Jesús y, acercándose por detrás, entre la gente, le tocó el manto, pensando que con sólo tocarle el vestido curaría. Inmediatamente se secó la fuente de sus hemorragias, y notó que su cuerpo estaba curado. Jesús, notando que había salido fuerza de él, se volvió en seguida, en medio de la gente, preguntando: "¿Quién me ha tocado el manto?" Los discípulos le contestaron: "Ves como te apretuja la gente y preguntas: "¿Quién me ha tocado?"" Él seguía mirando alrededor, para ver quién había sido. La mujer se acercó asustada y temblorosa, al comprender lo que había pasado, se le echó a los pies y le confesó todo. Él le dijo: "Hija, tu fe te ha curado. Vete en paz y con salud." Todavía estaba hablando, cuando llegaron de casa del jefe de la sinagoga para decirle: "Tu hija se ha muerto. ¿Para qué molestar más al maestro?" Jesús alcanzó a oír lo que hablaban y le dijo al jefe de la sinagoga: "No temas; basta que tengas fe." No permitió que lo acompañara nadie, más que Pedro, Santiago y Juan, el hermano de Santiago. Llegaron a casa del jefe de la sinagoga y encontró el alboroto de los que lloraban y se lamentaban a gritos. Entró y les dijo: "¿Qué estrépito y qué lloros son éstos? La niña no está muerta, está dormida." Se reían de él. Pero él los echó fuera a todos y, con el padre y la madre de la niña y sus acompañantes, entró donde estaba la niña, la cogió de la mano y le dijo: "Talitha qumi" (que significa: "Contigo hablo, niña, levántate"). La niña se puso en pie inmediatamente y echó a andar; tenía doce años. Y se quedaron viendo visiones. Les insistió en que nadie se enterase; y les dijo que dieran de comer a la niña. Palabra del Señor. Reflexión El Evangelio de Hoy sitúa a Jesús actuando a favor del reconocimiento de la mujer como persona igual al hombre. Si su misión es la de liberar, perdonar, salvar, no puede hacerse el loco frente a la situación de la mujer, relegada a un segundo o tercer plano en su sociedad. El israelita varón se gloriaba de no haber nacido mujer. Ser mujer resultaba casi una fatalidad. Las mujeres estaban sometidas al varón todo el tiempo: hasta los doce años aproximadamente, al papá; después de los doce años (matrimonio) al marido. No tenía derecho a heredar y su testimonio no tenía prácticamente ningún valor ante los tribunales. Además, era considerada impura por su ciclo menstrual. En estas condiciones socioculturales y religiosas se desarrolla “El Evangelio de Hoy”. La fe y la confianza en Jesús nos salvan. Una mujer encuentra en Jesús su salvación. El jefe de la sinagoga manifiesta su fe en Jesús al solicitar la curación para su hijita enferma. Jesús devuelve la salud a la mujer y la vida a la niña. Con esta acción Jesús revela que la compasión de Dios es para todos sin ningún tipo de discriminación, sólo es necesaria la fe en él. También hoy, en nuestra sociedad, la mujer sigue siendo marginada, excluida y oprimida y asesinada. Es necesario seguir trabajando hombro con hombro por la liberación del machismo masculino y la exclusión femenina. Tenemos que encontrar la manera de sabernos hermanos iguales en todo y respetarnos con nuestras convergencias y diferencias. Que la fe nos cure y alegre.

No hay comentarios.:

Publicar un comentario