Lectura del santo evangelio según san Lucas:
En el año quince del reinado del emperador Tiberio, siendo Poncio
Pilato gobernador de Judea, y Herodes virrey de Galilea, y su hermano Felipe
virrey de Iturea y Traconítide, y Lisanio virrey de Abilene, bajo el sumo
sacerdocio de Anás y Caifás, vino la palabra de Dios sobre Juan, hijo de
Zacarías, en el desierto. Y recorrió
toda la comarca del Jordán, predicando un bautismo de conversión para perdón de
los pecados, como está escrito en el libro de los oráculos del profeta Isaías:
"Una voz grita en el desierto: Preparad el camino del Señor, allanad sus
senderos; elévense los valles, desciendan los montes y colinas; que lo torcido
se enderece, lo escabroso se iguale. Y todos verán la salvación de Dios."Palabra
del Señor.
Reflexión Invitada: ABRIR CAMINOS NUEVOS
JOSÉ ANTONIO PAGOLA
Los
primeros cristianos vieron en la actuación del Bautista al profeta que preparó
decisivamente el camino a Jesús. Por eso, a lo largo de los siglos, el Bautista
se ha convertido en una llamada que nos sigue urgiendo a preparar caminos que
nos permitan acoger a Jesús entre nosotros.
Lucas
ha resumido su mensaje con este grito tomado del profeta Isaías: “Preparad
el camino del Señor”. ¿Cómo escuchar ese grito en la Iglesia de hoy? ¿Cómo
abrir caminos para que los hombres y mujeres de nuestro tiempo podamos
encontrarnos con él? ¿Cómo acogerlo en nuestras comunidades?
Lo
primero es tomar conciencia de que necesitamos un contacto mucho más vivo con
su persona. No es posible alimentarse solo de doctrina religiosa. No es posible
seguir a un Jesús convertido en una sublime abstracción. Necesitamos sintonizar
vitalmente con él, dejarnos atraer por su estilo de vida, contagiarnos de su
pasión por Dios y por el ser humano.
En medio
del “desierto espiritual” de la sociedad moderna, hemos de entender y
configurar la comunidad cristiana como un lugar donde se acoge el Evangelio de
Jesús. Vivir la experiencia de reunirnos creyentes, menos creyentes, poco
creyentes e, incluso, no creyentes, en torno al relato evangélico de Jesús.
Darle a él la oportunidad de que penetre con su fuerza humanizadora en nuestros
problemas, crisis, miedos y esperanzas.
No lo
hemos de olvidar. En los evangelios no aprendemos doctrina académica sobre
Jesús, destinada inevitablemente a envejecer a lo largo de los siglos.
Aprendemos un estilo de vivir realizable en todos los tiempos y en todas las
culturas: el estilo de vivir de Jesús. La doctrina no toca el corazón, no
convierte ni enamora. Jesús sí.
La
experiencia directa e inmediata con el relato evangélico nos hace nacer a una
fe nueva, no por vía de “adoctrinamiento” o de “aprendizaje teórico”, sino por
el contacto vital con Jesús. Él nos enseña a vivir la fe, no por obligación
sino por atracción. Nos hace vivir la vida cristiana, no como deber sino como
contagio. En contacto con el evangelio recuperamos nuestra verdadera identidad
de seguidores de Jesús.
Recorriendo
los evangelios experimentamos que la presencia invisible y silenciosa del
Resucitado adquiere rasgos humanos y recobra voz concreta. De pronto todo
cambia: podemos vivir acompañados por Alguien que pone sentido, verdad y
esperanza en nuestra existencia. El secreto de la “nueva evangelización”
consiste en ponernos en contacto directo e inmediato con Jesús. Sin él no es
posible engendrar una fe nueva.

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