miércoles, 28 de febrero de 2018

Lázaro y el Rico


“El Evangelio de Hoy”: Lc 16,19-31

Lectura del santo Evangelio según Lucas.                


«Había un hombre rico que vestía de púrpura y lino, y celebraba todos los días espléndidas fiestas. Y uno pobre, llamado Lázaro, que, echado junto a su portal, cubierto de llagas, deseaba hartarse de lo que caía de la mesa del rico...pero hasta los perros venían y le lamían las llagas. Sucedió, pues, que murió el pobre y los ángeles le llevaron al seno de Abrahán. Murió también el rico y fue sepultado.   
Estando en el Hades entre tormentos, levantó los ojos y vio a lo lejos a Abrahán, y a Lázaro en su seno. Y, gritando, dijo: 'Padre Abrahán, ten compasión de mí y envía a Lázaro a que moje en agua la punta de su dedo y refresque mi lengua, porque estoy atormentado en esta llama.' Pero Abrahán le dijo: 'Hijo, recuerda que recibiste tus bienes durante tu vida y Lázaro, al contrario, sus males; ahora, pues, él es aquí consolado y tú atormentado. Y además, entre nosotros y vosotros se interpone un gran abismo, de modo que los que quieran pasar de aquí a vosotros, no puedan hacerlo; ni de ahí puedan pasar hacia nosotros.'          Replicó: 'Pues entonces, te ruego, padre, que le envíes a la casa de mi padre, porque tengo cinco hermanos, para que les advierta y no vengan también ellos a este lugar de tormento.' Abrahán le dijo: 'Tienen a Moisés y a los profetas; que les oigan.' Él dijo: 'No, padre Abrahán, que si alguno de entre los muertos va a ellos, se convertirán.' Le contestó: ' Si no oyen a Moisés y a los profetas, tampoco se convencerán aunque un muerto resucite.'»
Palabra del Señor.

Reflexión.

El rico se viste de púrpura y de lino. Toda su vida es lujo y ostentación. Sólo piensa en comer bien. No es nadie. Su vida está vacía de compasión y por eso es un fracaso vive para comer solo. El pobre Lázaro, cubierto de llagas es ignorado por este comilón. Solo los perros lo ven y van a lamerles las llagas. Lo único que tiene es un nombre, que significa “Mi Dios es ayuda.

Los dos mueren y ahí cambia el asunto, uno es enterrado y el otro llevado al seno de Abrahán. Dios tiene la última palabra sobre ricos y pobres. El texto no dice en ningún lado que al rico sin nombre se le juzgue por malo, por explotador o por ser no creyente, sino por ignorar al pobre, por ser indiferente, por comer solo, por no compartir con el necesitado. Ese es el gran pecado de nuestro tiempo. Vivimos una desigualdad vergonzosa, una falta de sensibilidad y de compasión ante el sufrimiento ajeno. Nos molestan los mendigos en nuestro camino y le huimos a los que sufren, tomamos distancia de nuestros enfermos terminales, no queremos dejarnos afectar.

Preferimos ver el sufrimiento de los que están lejos, verlo en la televisión, en las noticias, ahí se soporta mejor, pues es siempre editado. Cuando el sufrimiento afecta a alguien más próximo a nosotros, nos esforzamos de mil maneras por anestesiar nuestro corazón. Pero recordemos que quien sigue a Jesús se va haciendo más sensible al sufrimiento de quienes encuentra en su camino. Se acerca al necesitado y, si está en sus manos, trata de aliviar su situación. El evangelio no nos pide que les resolvamos el problema a los pobres, nos está urgiendo a compartir lo que somos y lo que tenemos. Este será nuestro camino de conversión cuaresmal.

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