sábado, 21 de abril de 2018

DOMINGO DEL BUEN PASTOR


“El Evangelio de Hoy”: Jn 10, 27-30


Lectura del santo evangelio según san Juan:


En aquel tiempo, dijo Jesús: "Mis ovejas escuchan mi voz, y yo las conozco, y ellas me siguen, y yo les doy la vida eterna; no perecerán para siempre, y nadie las arrebatará de mi mano.

Mi Padre, que me las ha dado, supera a todos, y nadie puede arrebatarlas de la mano del Padre. Yo y el Padre somos uno."  Palabra del Señor.


Reflexión


 “Mis ovejas escuchan mi voz, y yo las conozco; ellas me siguen, y yo les doy la vida eterna”. Jesús no forzó a nadie. Él solamente llama. La decisión de seguirle depende de cada uno de nosotros. Solo si le escuchamos y le seguimos, establecemos con Jesús esa relación que lleva a la vida eterna. Nada hay tan decisivo para ser cristiano como tomar la decisión de vivir como seguidores de Jesús. El gran riesgo de los cristianos ha sido siempre pretender serlo, sin seguir a Jesús. De hecho, muchos de los que se han ido alejando de nuestras comunidades son personas a las que nadie ha ayudado a tomar la decisión de vivir siguiendo sus pasos.


Sin embargo, ésa es la primera decisión de un cristiano. La decisión que lo cambia todo, porque es comenzar a vivir de manera nueva la adhesión a Cristo y la pertenencia a la Iglesia: encontrar, por fin, el camino, la verdad, el sentido y la razón de la religión cristiana. Y lo primero para tomar esa decisión es escuchar su llamada. Nadie se pone en camino tras los pasos de Jesús siguiendo su propia intuición o sus deseos de vivir un ideal. Comenzamos a seguirle cuando nos sentimos atraídos y llamados por Cristo. Por eso, la fe no consiste primordialmente en creer algo sobre Jesús sino en creerle a él.

Cuando falta el seguimiento a Jesús, cuidado y reafirmado una y otra vez en el propio corazón y en la comunidad creyente, nuestra fe corre el riesgo de quedar reducida a una aceptación de creencias, una práctica de obligaciones religiosas y una obediencia a la disciplina de la Iglesia. Es fácil entonces instalarnos en la práctica religiosa, sin dejarnos cuestionar por las llamadas que Jesús nos hace desde el evangelio que escuchamos cada domingo. Jesús está dentro de esa religión, pero no nos arrastra tras sus pasos. Sin darnos cuenta, nos acostumbramos a vivir de manera rutinaria y repetitiva. Nos falta la creatividad, la renovación y la alegría de quienes viven esforzándose por seguir a Jesús.


domingo, 15 de abril de 2018

LA PAZ SEA CON USTEDES


“El Evangelio de Hoy”: Lc 24, 35-48


Lectura del santo evangelio según san Lucas:


En aquel tiempo, contaban los discípulos lo que les había pasado por el camino y cómo habían reconocido a Jesús al partir el pan. Estaban hablando de estas cosas, cuando se presenta Jesús en medio de ellos y les dice: "Paz a ustedes." Llenos de miedo por la sorpresa, creían ver un fantasma. Él les dijo: "¿Por qué se alarman?, ¿por qué surgen dudas en su interior? Miren mis manos y mis pies: soy yo en persona. Pálpenme y dense cuenta de que un fantasma no tiene carne y huesos, como ven que yo tengo."

Dicho esto, les mostró las manos y los pies. Y como no acababan de creer por la alegría, y seguían atónitos, les dijo: "¿Tienen ahí algo de comer?" Ellos le ofrecieron un trozo de pez asado. Él lo tomó y comió delante de ellos. Y les dijo: "Esto es lo que les decía mientras estaba con ustedes: que todo lo escrito en la ley de Moisés y en los profetas y salmos acerca de mí tenía que cumplirse." Entonces les abrió el entendimiento para comprender las Escrituras. Y añadió: "Así estaba escrito: el Mesías padecerá, resucitará de entre los muertos al tercer día y en su nombre se predicará la conversión y el perdón de los pecados a todos los pueblos, comenzando por Jerusalén. Ustedes son testigos de esto." Palabra del Señor.


Reflexión


La liturgia de este tercer domingo de Pascua nos sigue presentando a Jesús apareciéndose a sus discípulos y ayudándoles a familiarizarse con su nueva dimensión de resucitado, para que puedan dar testimonio de él en el mundo. Lo primero es la paz. El resucitado no viene a aportar inquietudes enfermizas ni tensiones estériles, viene a comunicar paz. La paz de saberse salvados por la muerte y la resurrección del Señor. La paz del vencimiento del peor obstáculo que es la muerte; la paz de saberse acompañado por el mismo Jesús que antes marchaba con ellos y con nosotros por los caminos de la vida.


Dios ama tanto al mundo y sus habitantes que le regala a su propio Hijo para que vivan por él. Por eso Jesús se presenta dando una misión a sus discípulos… El miedo, ante el peligro de terminar en una cruz como su maestro no debe paralizarlos, Dios se ocupa de la vida. Ustedes son testigos de esto nos dice Jesús. Y todo estaba ya anunciado en Las Escrituras. Pidamos hoy al Señor que nos ayude a comprender su palabra y a vivir dando testimonio de la vida en medio de tantas amenazas y tantos sufrimientos. Aunque seamos débiles, enfermizos, pecadores, Jesús nos ofrece su fuerza, su Espíritu y su compañía. Dispongámonos a buscar y hacer la voluntad de Dios y veremos los resultados. 

sábado, 14 de abril de 2018

NO TEMAN


“El Evangelio de Hoy”: Jn 6,16-21

Lectura del santo evangelio según san Juan:

Al oscurecer, los discípulos de Jesús bajaron al lago, embarcaron y empezaron a atravesar hacia Cafarnaún. Era ya noche cerrada, y todavía Jesús no los había alcanzado; soplaba un viento fuerte, y el lago se iba encrespando. Habían remado unos cinco o seis kilómetros, cuando vieron a Jesús que se acercaba a la barca, caminando sobre el lago, y se asustaron. Pero él les dijo: "Soy yo, no teman." Querían recogerlo a bordo, pero la barca tocó tierra en seguida, en el sitio a donde iban. Palabra del Señor.

Reflexión

Dejarnos acompañar por Jesús en los momentos oscuros de nuestra vida. Todos y todas sentimos en momentos precisos de nuestra vida que nos llega la noche. Las tormentas nos abaten, los problemas nos agobian por todos lados. Se nos caen todos los “palitos” juntos. Cuando nos vemos arropados por situaciones que escapan a nuestras posibilidades de salir adelante, ya sea por enfermedades, duelos, problemas familiares, vicios, problemas económicos fuertes, deudas impagables… dejémonos alcanzar por Jesús. Él nos ha prometido estar siempre con nosotros para aliviarnos la carga y consolarnos con su fuerza. 

En tiempos de calamidades se hace necesario sentir la presencia abrazadora de Dios, pues justamente en estos momentos la gracia y el amor del Padre nos ayudan a vencer nuestros miedos y a cultivar la esperanza. Y no olvidemos que Jesús nos llama a ser parte de la solución de nuestros problemas y de los de nuestros hermanos y hermanas. Si vemos a alguien en apuros, no tardemos en acudir en su ayuda… así lo hiso Jesús y vive eternamente.