EVANGELIO DE HOY
"Vayan y proclamen que el reino de Dios está cerca". San Mateo 10, 7-13.

lunes, 17 de septiembre de 2018

JESÚS SE ADMIRÓ DE ÉL


“El Evangelio de Hoy”: Lc7,1-10

Lectura del santo Evangelio según san Lucas.

En aquel tiempo, cuando terminó Jesús de hablar a la gente, entró en Cafarnaún. Un centurión tenía enfermo, a punto de morir, a un criado a quien estimaba mucho. Al oír hablar de Jesús, le envió unos ancianos de los judíos, para rogarle que fuera a curar a su criado. Ellos, presentándose a Jesús, le rogaban encarecidamente: "Merece que se lo concedas, porque tiene afecto a nuestro pueblo y nos ha construido la sinagoga." Jesús se fue con ellos. No estaba lejos de la casa, cuando el centurión le envió unos amigos a decirle: "Señor, no te molestes; no soy yo quién para que entres bajo mi techo; por eso tampoco me creí digno de venir personalmente. Dilo de palabra, y mi criado quedará sano. Porque yo también vivo bajo disciplina y tengo soldados a mis órdenes, y le digo a uno: "Ve", y va; al otro: "Ven", y viene; y a mi criado: "Haz esto", y lo hace." Al oír esto, Jesús se admiró de él y, volviéndose a la gente que lo seguía, dijo: "Les digo que ni en Israel he encontrado tanta fe." Y al volver a casa, los enviados encontraron al siervo sanoPalara del Señor.

REFLEXIÓN

El evangelio de hoy tiene como trasfondo la situación de un oficial romano que desea que uno de sus servidores recupere la salud. Sabemos que los soldados romanos no eran bien vistos debido a que estaba al servicio del Imperio. El relato justifica la sanación del sirviente de un romano porque: “ama nuestro pueblo”, “nos ha construido una sinagoga”, “no soy digno de que te acerques”. Nótese que Jesús nunca se encuentra con el centurión y, sin embargo, alaba la fe de un extranjero. Era uno más de los marginados por ser soldado romano.

Jesús bien podría haber cedido ante los prejuicios contra los romanos y no sanar al siervo del centurión, pero logró ver a la persona por encima de los intereses. Un verdadero cristiano sabe discernir para ver a la persona por encima de los prejuicios. Servir desinteresadamente a los necesitados nos lleva a vivir nuestra misión como la vivió Jesús, aportando el bien, la mejoría y la salud completa. Nunca rechazar y siempre intentar hacer algo a favor de la vida nos ayudará a vivir nuestro seguimiento de Jesús.

sábado, 15 de septiembre de 2018

Nuestra Señora de los Dolores


“El Evangelio de Hoy”: Jn 19, 25-27

Lectura del santo evangelio según san Juan:

En aquel tiempo, junto a la cruz de Jesús estaban su madre, la hermana de su madre, María, la de Cleofás, y María, la Magdalena. Jesús, al ver a su madre y cerca al discípulo que tanto quería, dijo a su madre: "Mujer, ahí tienes a tu hijo." Luego, dijo al discípulo: "Ahí tienes a tu madre." Y desde aquella hora, el discípulo la recibió en su casa. Palabra del Señor.

REFLEXIÓN

Si ayer fue la fiesta de la exaltación de la cruz, hoy es la de la virgen de los dolores. Las dos van en la misma línea. Podemos evocar fácilmente el dolor de una madre que ve agonizar a su hijo clavado en una cruz. La manera como María reacciona frente a esta dolorosa tragedia humana de su hijo nos puede ayudar a nosotros a afrontar nuestras situaciones de sufrimiento de manera cristiana.  Ya sabemos que el dolor y el sufrimiento no salvan. Ni Jesús ni María amaban o buscaban el sufrimiento. Ellos vivieron la entrega por amor, y en ese ejercicio encontraron sufrimientos e ingratitudes. María ha respondido generosamente ante la llamada de Dios a colaborar en la historia de salvación siendo la madre de Jesús. 

Como creyente en la promesa de Dios nunca desespera, sino que cree, colabora y espera confiada que Dios cumpla sus promesas. María permanece fiel y decidida a no abandonar a Jesús su hijo, por eso, Junto a las demás mujeres que acompañaban a Jesús en su misión, persevera orante, sufriente y silente al pie de la cruz. Pensemos hoy en tantas madres que sufren las tragedias de sus hijos en cualquier parte del mundo, sin poder hacer nada para aliviar sus sufrimientos. Las guerras, las injusticias sociales, las faltas de igualdad y de oportunidades son parte de las causas mayores de dolor de nuestra época. Sigamos luchando contra todo lo que provoca dolor y sufrimiento, viviendo el amor y la solidaridad comunitaria que Jesús y María nos mostraron.

miércoles, 5 de septiembre de 2018

SANACIÓN Y SALVACIÓN


“El Evangelio de Hoy”: Lc 4, 38-44

Lectura del santo evangelio según san Lucas:

En aquel tiempo, al salir Jesús de la sinagoga, entró en casa de Simón. La suegra de Simón estaba con fiebre muy alta y le pidieron que hiciera algo por ella. Él, de pie a su lado, increpó a la fiebre, y se le pasó; ella, levantándose en seguida, se puso a servirles. Al ponerse el sol, los que tenían enfermos con el mal que fuera se los llevaban; y él, poniendo las manos sobre cada uno, los iba curando. De muchos de ellos salían también demonios, que gritaban: "Tú eres el Hijo de Dios." Los increpaba y no les dejaba hablar, porque sabían que él era el Mesías. Al hacerse de día, salió a un lugar solitario. La gente lo andaba buscando; dieron con él e intentaban retenerlo para que no se les fuese. Pero él les dijo: "También a los otros pueblos tengo que anunciarles el reino de Dios, para eso me han enviado." Y predicaba en las sinagogas de Judea. Palabra del Señor. 

Reflexión

Jesús ha venido a salvar a la humanidad, a anunciar la liberación y el perdón, a mostrar los signos de la irrupción del Reino de Dios en el mundo. Una de las situaciones que más limita nuestras vidas son las enfermedades. Cuando nos falta la salud nos sentimos mal y nos quedamos en casa, el peso del malestar que sentimos nos muestra la fragilidad y la impotencia a la hora de querer actuar de manera normal. Nuestras actividades y trabajos, nuestras relaciones con los demás, dependen mucho de nuestra salud. Por eso encontramos en los evangelios tantos relatos que nos muestran a Jesús acogiendo y sanando a los enfermos. Es su manera de anunciar la bondad del Dios liberador y sanador, remedio para todos los males. La sanación, en esta lógica, rehabilita al enfermo no sólo consigo mismo, sino con su familia y la sociedad.

El evangelio de hoy nos invita a reflexionar sobre esta realidad. Nótese cómo la curación de la suegra de Pedro lleva a que “todos los que tenían enfermos” los trajeran a Jesús, y cómo esa multitud le sigue. Son muchos los enfermos que son curados. No podemos pensar que Jesús sanara a todos los enfermos existentes en su época, son signos, muestras de la misericordia de Dios y señales de que el Reino de Dios finalmente comienza a verse manifestado en la sanación, liberación y salvación de las personas aquejada por algún mal que le esclaviza. Hoy no podemos dejar de pensar en las causas de tantas enfermedades. La pobreza, la marginación, la malnutrición y la falta de políticas sociales igualitarias contribuyen con el aumento de las enfermedades. Seamos parte y aporte de la salud de las personas a nuestro alrededor.