EVANGELIO DE HOY
"Vayan y proclamen que el reino de Dios está cerca". San Mateo 10, 7-13.

lunes, 30 de abril de 2012

JESUS ES LA PUESTA


”El Evangelio de Hoy”: Juan 10,1-10

Lectura del Santo Evangelio según San Juan.

 En aquel tiempo dijo Jesús a los fariseos:               
   Les aseguro que el que no entra por la puerta en el aprisco de las ovejas, sino que salta por otra parte, ése es ladrón y bandido; pero el que entra por la puerta es pastor de las ovejas. A éste le abre el guarda y las ovejas atienden a su voz, y él va llamando por el nombre a sus ovejas y las saca fuera. Cuando ha sacado todas las suyas camina delante de ellas, y las ovejas lo siguen, porque conocen su voz: a un extraño no lo seguirán, sino que huirán de él, porque no conocen la voz de los extraños.                                                                               
Jesús, les puso esta comparación, pero ellos no entendieron de qué les hablaba. Por eso añadió Jesús:                                                                                                                             
Les aseguro que yo soy la puerta de las ovejas. Todos los que han venido antes de mí son ladrones y bandidos; pero las ovejas no los escucharon.                                                      
Yo soy la puerta: quien entre por mí se salvará y podrá entrar y salir, y encontrará pastos.  El ladrón no entra sino para robar y matar y hacer estrago; yo he venido para que tengan vida y la tengan abundante.  Palabra del Señor.

Reflexión Invitada

LA PUERTA

Jesús propone a un grupo de fariseos un relato metafórico en el que critica con dureza a los dirigentes religiosos de Israel. La escena está tomada de la vida pastoril. El rebaño está recogido dentro de un aprisco, rodeado por un vallado o un pequeño muro, mientras un guarda vigila el acceso. Jesús centra precisamente su atención sobre esa «puerta» que permite llegar hasta las ovejas.
Hay dos maneras de entrar en el redil. Todo depende de lo que uno pretenda hacer con el rebaño. Si alguien se acerca al redil y «no entra por la puerta», sino que salta «por otra parte», es evidente que no es el pastor. No viene a cuidar a su rebaño. Es «un extraño» que viene a «robar, matar y hacer daño».
La actuación del verdadero pastor es muy diferente. Cuando se acerca al redil, «entra por la puerta», va llamando a las ovejas por su nombre y ellas atienden su voz. Las saca fuera y, cuando las ha reunido a todas, se pone a la cabeza y va caminando delante de ellas hacia los pastos donde se podrán alimentar. Las ovejas lo siguen porque reconocen su voz.
¿Qué secreto se encierra en esa “puerta” que legitima a los verdaderos pastores que pasan por ella y que desenmascara a los extraños que entran «por otra parte», no para cuidar del rebaño sino para hacerle daño? Los fariseos no entienden de qué les está hablando aquel Maestro.
Entonces Jesús les da la clave del relato: «Les aseguro que yo soy la puerta de las ovejas». Quienes entran por el camino abierto por Jesús y le siguen viviendo su evangelio, son verdaderos pastores: sabrán alimentar a la comunidad cristiana. Quienes entran en el redil dejando de lado a Jesús e ignorando su causa, son pastores extraños: harán daño al pueblo cristiano.
En no pocas Iglesias estamos sufriendo todos mucho: los pastores y el pueblo de Dios. Las relaciones entre la Jerarquía y el pueblo cristiano se viven con frecuencia de manera recelosa, crispada y conflictiva: hay obispos que se sienten rechazados; hay sectores cristianos que sienten marginados.
Sería demasiado fácil atribuirlo todo al autoritarismo abusivo de la Jerarquía o a la insumisión inaceptable de los fieles. La raíz es más profunda y compleja. Hemos creado una situación muy difícil. Hemos perdido la paz. Vamos a necesitar cada vez más a Jesús.
Hemos de hacer crecer entre nosotros el respeto mutuo y la comunicación, el diálogo y la búsqueda sincera de verdad evangélica. Necesitamos respirar cuanto antes un clima más amable en la Iglesia. No saldremos de esta crisis si no volvemos todos al espíritu de Jesús. El es “la Puerta”.  JOSÉ ANTONIO PAGOLA


viernes, 27 de abril de 2012

VIVIR LA HUMANIDAD DE JESÚS


 “El Evangelio de Hoy”:Juan 6,52-59

Lectura del santo evangelio según san Juan:

En aquel tiempo, disputaban los judíos entre sí: "¿Cómo puede éste darnos a comer su carne?" Entonces Jesús les dijo: "Les aseguro que si no comen la carne del Hijo del hombre y no beben su sangre, no tienen vida en ustedes. El que come mi carne y bebe mi sangre tiene vida eterna, y yo lo resucitaré en el último día. Mi carne es verdadera comida, y mi sangre es verdadera bebida. El que come mi carne y bebe mi sangre habita en mí y yo en él. El Padre que vive me ha enviado, y yo vivo por el Padre; del mismo modo, el que me come vivirá por mí. Éste es el pan que ha bajado del cielo: no como el de sus padres, que lo comieron y murieron; el que come este pan vivirá para siempre." Esto lo dijo Jesús en la sinagoga, cuando enseñaba en Cafarnaúm. Palabra del Señor.


Reflexión.
En el Evangelio de Hoy, Jesús nos dice que él  entrega su carne y su sangre por la vida del mundo. Cuando este evangelista habla de “carne” se está refiriendo sencillamente al “hombre”, al ser humano real y concreto que se encuentra inmerso en la historia, al ser humano en toda su fragilidad. Ser “carne” es vivir como persona, sentir como hombre; es tener un cuerpo mediante el cual es posible expresarse. Jesús entonces es carne y hueso, es un ser humano, es un hombre real que se entrega totalmente por nosotros, porque comprende su existencia orientada no para sí mismo, sino para los otros. Por lo tanto, cuando Jesús afirma que es necesario “comer” su carne y “beber” su sangre para tener vida eterna, está diciendo que es fundamental identificarnos, unirnos profundamente a él, ya que él nos comunica la vida y, al unirnos a él, aprendemos a actuar como él. – Todo lo anterior nos lleva a reflexionar sobre nuestra participación en el sacramento de la Eucaristía, pues dicho sacramento significa entregar nuestras vidas por una sola causa: ser “carne” para la vida del mundo. Cuando comulgamos, ¿somos conscientes del compromiso que se desprende de la participación en la mesa eucarística?
Tomen, coman todos de él, esto es  mi cuerpo; tomen,  beban todos del cáliz de la alianza nueva y eterna. Comer y beber a Jesús significa dejarnos llenar de su vida integral, de lo que dice y hace y de lo que lo motiva a ser como es.

jueves, 26 de abril de 2012

JESÚS ES EL PAN QUE NOS PERMITE SEGUIRLO


 “El Evangelio de Hoy”: Juan 6,44-51

Lectura del santo evangelio según san Juan:

En aquel tiempo, dijo Jesús a la gente: "Nadie puede venir a mí, si no lo atrae el Padre que me ha enviado. Y yo lo resucitaré el último día. Está escrito en los profetas: "Serán todos discípulos de Dios." Todo el que escucha lo que dice el Padre y aprende viene a mí. No es que nadie haya visto al Padre, a no ser el que procede de Dios: ése ha visto al Padre. Se lo aseguro: el que cree tiene vida eterna. Yo soy el pan de la vida. Su padres comieron en el desierto el maná y murieron: éste es el pan que baja del cielo, para que el hombre coma de él y no muera. Yo soy el pan vivo que ha bajado del cielo; el que coma de este pan vivirá para siempre. Y el pan que yo daré es mi carne para la vida del mundo."  Palabra del Señor.

Reflexión.

En “el Evangelio de Hoy” Jesús reafirma que Él es el pan de vida. Si los antepasados que comieron el maná en el desierto murieron, ahora quienes coman del nuevo pan de vida plena participarán de la resurrección. Aquí la resurrección no se entiende, como en la mentalidad de los fariseos, un premio por el estricto cumplimiento de la ley. Con Jesús la vida en abundancia es fruto de la configuración con Él y con su proyecto histórico.
Es bueno recordar que participar del proyecto de Jesús es asimilar los valores de su mensaje, las razones de su lucha, la obediencia incondicional al proyecto salvador de Dios, y los riesgos que se corren como consecuencia de un compromiso radical. No se puede ir tras de Jesús sólo por conveniencia o simple tradición; ésa es la característica de una fe desencarnada, lejana a toda opción auténticamente cristiana. Participar en este caso quiere decir estar a la escucha de su voluntad para afrontar nuestra realidad de hoy buscando transformarla. 
En este tiempo que la vida en el mundo se ve amenazada y se levantan estructuras injustas que la mayoría de las veces se fundan en la mentira y la muerte de los pobres, es necesario más necesario que nunca optar abiertamente y con radicalidad por la causa de Jesús: El reino de Dios, donde los seres humanos, especialmente los pobres, tengan vida en abundancia. Trabajar por la igualdad de condiciones.
Pidámosle al Señor que nos acompañe con su Espíritu transformador para que tengamos las fuerzas y ganas necesarias para comprometernos en su seguimiento, superando nuestros miedos y comodidades. Dios nos inspire confianza y entrega.

miércoles, 25 de abril de 2012

SAN MARCOS EVANGELISTA


 “El Evangelio de Hoy”: Marcos 16,15-20

Lectura del santo evangelio según san Marcos:

En aquel tiempo, se apareció Jesús a los Once y les dijo: "Vayan al mundo entero y proclamen el Evangelio a toda la creación. El que crea y se bautice se salvará; el que se resista a creer será condenado. A los que crean, les acompañarán estos signos: echarán demonios en mi nombre, hablarán lenguas nuevas, cogerán serpientes en sus manos y, si beben un veneno mortal, no les hará daño. Impondrán las manos a los enfermos, y quedarán sanos."
Después de hablarles, el Señor Jesús subió al cielo y se sentó a la derecha de Dios. Ellos se fueron a pregonar el Evangelio por todas partes, y el Señor cooperaba confirmando la palabra con las señales que los acompañaban. Palabra del Señor.


Reflexión

En la Fiesta del Evangelista San Marcos, le ofrezco esta reflexión que encontré interesante:

1. ¡Que Hablen los Hechos!
1.1 Marcos es el evangelista que pareciera tener como consigna esta frase: ¡Que hablen los hechos! Su texto, en efecto, tiene un gran porcentaje de relatos sobre las obras de Cristo, incluso en una mayor proporción que la que otorga a los discursos del Señor.
1.2 Por eso la lectura del Evangelio según san Marcos es dinámica y fluye con naturalidad y con fuerza. Su mensaje presenta los datos fundamentales: una humanidad necesitada de salvación y un enviado, Jesucristo, como lugar para recibir esa salvación.
1.3 La noción de salvación que surge de una lectura del texto de Marcos es sencilla. Cristo ha venido a vencer a todo aquello que nos frena, nos duele, nos retrasa, nos encarcela. No enfatiza él en la diferencia entre lo físico y lo espiritual, o entre lo emocional y lo racional, o entre lo más trascendente y los más próximo o perecedero. Para Cristo, según esta mirada, todo tiene importancia y todo se convierte en ocasión de recibir la salvación.
2. ¿Y quién era este Marcos?
2.1 Juan Marcos, pues ambos nombres tenía, fue compañero de la labor evangelizadora de Pablo y luego de Pedro. La primera lectura de hoy nos recuerda el estrecho vínculo de discipulado y cálida amistad que se forjó entre Marcos y Pedro, con lo cual queda insinuado que es el testimonio y son los recuerdos mismos de Pedro los que seguramente emergen en el evangelio que nosotros llamamos "de Marcos."
2.2 Marcos tuvo algunas tensiones y desavenencias con Pablo, según consta en Hch 13,13 y Hch 15,36-40. Estos hechos no debemos esconderlos ni tienen por qué escandalizarnos. Las diferencias fueron sobre todo en asuntos prácticos: adónde dirigirse, qué recorrido tomar, a quiénes ir primero en la evangelización.
2.3 Lo que sí podemos aprender de esas tensiones es que estos hombres santos eran todos gente de carne y hueso; gente además con una gran capacidad de liderazgo y de resolución. Creer en Dios no los hizo tontos sino que elevó sus dones naturales a unas alturas inmensas, de donde recibieron la luz que luego nos han comunicado. (Casa Para Tu fe Católica. Homilía de Fray Nelson Medina O.P.)

martes, 24 de abril de 2012

JESUS ES EL VERDADERO MANÁ


 “El Evangelio de Hoy”: Juan 6,30-35

Lectura del santo evangelio según san Juan:

En aquel tiempo, dijo la gente a Jesús: "¿Y qué signo vemos que haces tú, para que creamos en ti? ¿Cuál es tu obra? Nuestros padres comieron el maná en el desierto, como está escrito: "Les dio a comer pan del cielo."" Jesús les replicó: "Les aseguro que no fue Moisés quien les dio pan del cielo, sino que es mi Padre el que les da el verdadero pan del cielo. Porque el pan de Dios es el que baja del cielo y da vida al mundo." Entonces le dijeron: "Señor, danos siempre de este pan." Jesús les contestó: "Yo soy el pan de la vida. El que viene a mí no pasará hambre, y el que cree en mí nunca pasará sed." Palabra del señor.

Reflexión.

Jesús se presenta como el Pan de Vida pero la multitud sigue sin entender el sentido profundo de los signos realizados por Él; no entiende su obrar en el mundo, ya que “no han visto el signo”. Las preguntas suscitadas entre la gente evidencian su falta de fe; ven a Jesús como un hombre con poder, pero no lo perciben como el Hijo de Dios; por ello exigen de él señales milagrosas para creer, tanto es así que la gente insinúa que sus milagros son inferiores a los realizados por Moisés, pues éste no dio de comer a una multitud una sola vez, sino durante muchos días en el desierto.

¿Cuántos días les duraba aquel pan? ¿Alguien de los que comió el maná vivió para siempre?... ya lo decíamos ayer, no se trata de comer, no estamos en el mundo para comer y luego morir sino para vivir para siempre, a eso tenemos que aspirar y para eso tenemos que trabajar nuestra fe en la resurrección.

Tampoco olvidemos que, el pan que comieron los antepasados de este grupo de judíos no fue otorgado por Moisés, sino por el mismo Dios, quien ahora se lo otorga a través de su Hijo. Jesús es el verdadero pan, el alimento que mantiene al ser humano sujeto a la vida. Él es quien realmente conduce al pueblo hacia la tierra prometida, hacia una vida plena y abundante. Pero, para que así sea, es necesario creer en Jesús, tener fe en Él y aceptarlo como el verdadero pan de la vida, como aquel que alienta constantemente nuestra esperanza.  Siguiendo a Jesús venceremos el miedo y la muerte como él.

lunes, 23 de abril de 2012

FE Y CONCIENCIA


 “El Evangelio de Hoy”: Juan 6,22-29

Lectura del santo evangelio según san Juan:

Después que Jesús hubo saciado a cinco mil hombres, sus discípulos lo vieron caminando sobre el lago. Al día siguiente, la gente que se había quedado al otro lado del lago notó que allí no había habido más que una lancha y que Jesús no había embarcado con sus discípulos, sino que sus discípulos se habían marchado solos. Entretanto, unas lanchas de Tiberíades llegaron cerca del sitio donde habían comido el pan sobre el que el Señor pronunció la acción de gracias. Cuando la gente vio que ni Jesús ni sus discípulos estaban allí, se embarcaron y fueron a Cafarnaún en busca de Jesús. Al encontrarlo en la otra orilla del lago, le preguntaron: "Maestro, ¿cuándo has venido aquí?" Jesús les contestó: "Se lo aseguro, me buscan, no porque han visto signos, sino porque comieron pan hasta saciaros. Trabajen, no por el alimento que perece, sino por el alimento que perdura para la vida eterna, el que les dará el Hijo del hombre; pues a éste lo ha sellado el Padre, Dios." Ellos le preguntaron: "Y, ¿qué obras tenemos que hacer para trabajar en lo que Dios quiere?" Respondió Jesús: "La obra que Dios quiere es ésta: que crean en el que él ha enviado."  Palabra del Señor.

.Reflexión
En el Evangelio de Hoy Jesús quiere hacer caer en cuenta a sus  seguidores de la necesidad de tener metas y objetivos duraderos. No podemos conformarnos con comer y acomodarnos. La conciencia crítica es muy importante para el desarrollo, la realización y la salvación de la persona. Este relato se conecta profundamente con lo que el filósofo Hegel, en su momento, afirmaba con relación a la importancia de la historia: El destino del espíritu es hacerse consciente de sí mismo.

Ahora que estamos en medio de una campaña electoral (en República Dominicana, en Francia, en Estados Unidos, en Venezuela, entre otros países) no podemos quedarnos en acciones coyunturales. Todo el que come hoy necesita volver a comer mañana, eso no resuelve, no podemos vivir para comer. Nuestra conciencia no puede ser empeñada a cambio de cosas que pasan. Jesús recrimina a esa multitud de seguidores-entusiastas porque no son conscientes de lo que están haciendo; no han comprendido el sentido último de los signos realizados (multiplicación de los panes y caminar sobre las aguas); están interesados únicamente en los beneficios que pueden recibir del mismo Jesús. Esta multitud no busca al Maestro, quien es la luz y la vida; sólo buscan el alimento transitorio, aquel que mantiene nuestra vida terrena-biológica.

¿Cómo combinar nuestras acciones y reacciones de manera que alcancen trascendencia?  Está claro que tenemos unas necesidades básicas que satisfacer, pero satisfacer estas necesidades no da sentido a nuestra vida. El interés de Jesús es que sus seguidores puedan encontrar en él el alimento que otorga el sentido pleno a la existencia y a la historia (Dios), y que puedan recuperar la dignidad y la vida que el poder de dominio de algunos pocos les ha arrebatado. La misión de la Iglesia hoy es despertar la conciencia crítica del ser humano, ayudarlo a ser consciente de su historia y de su existencia en el mundo.  Que Jesús Resucitado nos acompañe y ayude a centrarnos en o esencial en medio de nuestras necesidades y curiosidades.

domingo, 22 de abril de 2012

TESTIGOS


 “El Evangelio de Hoy”: Lucas 24,35-48

Lectura del santo evangelio según san Lucas:

En aquel tiempo, contaban los discípulos lo que les había pasado por el camino y cómo habían reconocido a Jesús al partir el pan. Estaban hablando de estas cosas, cuando se presenta Jesús en medio de ellos y les dice: "Paz a ustedes." Llenos de miedo por la sorpresa, creían ver un fantasma. Él les dijo: "¿Por qué se alarman?, ¿por qué surgen dudas en su interior? Miren mis manos y mis pies: soy yo en persona. Pálpenme y dense cuenta de que un fantasma no tiene carne y huesos, como ven que yo tengo." Dicho esto, les mostró las manos y los pies. Y como no acababan de creer por la alegría, y seguían atónitos, les dijo: "¿Tienen algo de comer?" Ellos le ofrecieron un trozo de pez asado. Él lo tomó y comió delante de ellos. Y les dijo: "Esto es lo que les decía mientras estaba con ustedes: que todo lo escrito en la ley de Moisés y en los profetas y salmos acerca de mí tenía que cumplirse." Entonces les abrió el entendimiento para comprender las Escrituras. Y añadió: "Así estaba escrito: el Mesías padecerá, resucitará de entre los muertos al tercer día, y en su nombre se predicará la conversión y el perdón de los pecados a todos los pueblos, comenzando por Jerusalén. Ustedes son testigos de esto." Palabra del Señor.

Reflexión invitada.

Testigos:
Lucas describe el encuentro del Resucitado con sus discípulos como una experiencia fundante. El deseo de Jesús es claro. Su tarea no ha terminado en la cruz. Resucitado por Dios después de su ejecución, toma contacto con los suyos para poner en marcha un movimiento de “testigos” capaces de contagiar a todos los pueblos su Buena Noticia: “Vosotros sois mis testigos”.

No es fácil convertir en testigos a aquellos hombres hundidos en el desconcierto y el miedo. A lo largo de toda la escena, los discípulos permanecen callados, en silencio total. El narrador solo describe su mundo interior: están llenos de terror; solo sienten turbación e incredulidad; todo aquello les parece demasiado hermoso para ser verdad.

Es Jesús quien va a regenerar su fe. Lo más importante es que no se sientan solos. Lo han de sentir lleno de vida en medio de ellos. Estas son las primeras palabras que han de escuchar del Resucitado: “Paz a vosotros… ¿Por qué surgen dudas en vuestro interior?”.

Cuando olvidamos la presencia viva de Jesús en medio de nosotros; cuando lo hacemos opaco e invisible con nuestros protagonismos y conflictos; cuando la tristeza nos impide sentir todo menos su paz; cuando nos contagiamos unos a otros pesimismo e incredulidad… estamos pecando contra el Resucitado. No es posible una Iglesia de testigos.

Para despertar su fe, Jesús no les pide que miren su rostro, sino sus manos y sus pies. Que vean sus heridas de crucificado. Que tengan siempre ante sus ojos su amor entregado hasta la muerte. No es un fantasma: “Soy yo en persona”. El mismo que han conocido y amado por los caminos de Galilea.

Siempre que pretendemos fundamentar la fe en el Resucitado con nuestras elucubraciones, lo convertimos en un fantasma. Para encontrarnos con él, hemos de recorrer el relato de los evangelios: descubrir esas manos que bendecían a los enfermos y acariciaban a los niños, esos pies cansados de caminar al encuentro de los más olvidados; descubrir sus heridas y su pasión. Es ese Jesús el que ahora vive resucitado por el Padre.

A pesar de verlos llenos de miedo y de dudas, Jesús confía en sus discípulos. Él mismo les enviará el Espíritu que los sostendrá. Por eso les encomienda que prolonguen su presencia en el mundo: “Vosotros sois testigos de esto”. No han de enseñar doctrinas sublimes, sino contagiar su experiencia. No han de predicar grandes teorías sobre Cristo sino irradiar su Espíritu. Han de hacerlo creíble con la vida, no solo con palabras. Este es siempre el verdadero problema de la Iglesia: la falta de testigos.  José Antonio Pagola.

viernes, 20 de abril de 2012

COMO JESÚS, HAGAMOS ALGO

“El Evangelio de Hoy”: Juan 6,1-15
Lectura del santo evangelio según san Juan:
En aquel tiempo, Jesús se marchó a la otra parte del lago de Galilea (o de Tiberíades). Lo seguía mucha gente, porque habían visto los signos que hacía con los enfermos. Subió Jesús entonces a la montaña y se sentó allí con sus discípulos. Estaba cerca la Pascua, la fiesta de los judíos. Jesús entonces levantó los ojos, y al ver que acudía mucha gente, dice a Felipe: "¿Con qué compraremos panes para que coman éstos?" Lo decía para tantearlo, pues bien sabía él lo que iba a hacer. Felipe le contestó: "Doscientos denarios de pan no bastan para que a cada uno le toque un pedazo."
Uno de sus discípulos, Andrés, el hermano de Simón Pedro, le dice: "Aquí hay un muchacho que tiene cinco panes de cebada y un par de peces; pero, ¿qué es eso para tantos?" Jesús dijo: "Digan a la gente que se siente en el suelo." Había mucha hierba en aquel sitio. Se sentaron; sólo los hombres eran unos cinco mil. Jesús tomó los panes, dijo la acción de gracias y los repartió a los que estaban sentados, y lo mismo todo lo que quisieron del pescado.
Cuando se saciaron, dice a sus discípulos: "Recojan los pedazos que han sobrado; que nada se desperdicie." Los recogieron y llenaron doce canastas con los pedazos de los cinco panes de cebada, que sobraron a los que habían comido. La gente entonces, al ver el signo que había hecho, decía: "Este sí que es el Profeta que tenía que venir al mundo." Jesús, sabiendo que iban a llevárselo para proclamarlo rey, se retiró otra vez a la montaña él solo. Palabra del Señor.


Reflexión. El milagro de la multiplicación de los panes no nos habla solamente de comida para saciar el hambre, nos cuenta la sensibilidad de Jesús frente a los necesitados. El pasar hambre no es algo natural. Dios nos ha creado para que vivamos bien. Cuando se pasa hambre es que algo anda mal, no se comparte, no se ponen los bienes existentes al servicio de las personas. El hecho es que Jesús no se queda indiferente cuando ve las necesidades de la gente sino que reacciona buscando solución.

Frente a las crisis que se viven en el mundo ¿Qué hacemos nosotros para ayudar a las personas a sobre vivir dignamente? Ponemos muchas excusas para no hacer nada. Sabemos que no tenemos la solución, no podemos arreglar todo lo que está mal, pero no por ello podemos quedarnos de brazos cruzados, esperando una solución milagrosa y grandiosa. ¿Cómo vamos a acabar con el hambre, como vamos a resolver el problema de la inseguridad ciudadana, como vamos a mejorar el estado de violencia de todo tipo que se sufre en nuestros pueblos? ¿Cuántos años nos llevaría acabar con la corrupción administrativa? ¿Y para cambiar la manera clientelista e irresponsable de hacer política, tendrá solución todavía? No podemos cerrar los ojos o dormirnos por no tener “la solución”. Algo se puede hacer siempre a favor de los demás y contando con ellos mismos.

Felipe simboliza la impotencia de los pobres, pues ni con medio año de jornal se puede dar de comer a tanta gente. Andrés presenta a Jesús una alternativa diferente al comprar, pero se da cuenta de que, aunque haya un muchacho dispuesto a compartir lo que tiene, no es suficiente para cambiar la realidad; el sistema es más fuerte y es casi imposible independizarse de él. Sin embargo, el milagro comienza cuando se comparte lo poco que se tiene, cuando comprendemos que los bienes que poseemos no nos pertenecen; que son dones recibidos de Dios y, por lo tanto, deben ser compartidos con toda la humanidad. Quizás no resolvamos todo pero estamos llamados a compartir, a no darle más importancia a nuestros bienes que a las personas.

Gracias por sus oraciones por los Misioneros del Sagrado Coarazón. Ya terminó la semana de estudio y evaluación. Hoy hemos elegido a Juan Rodríguez como superior provincial por los próximos tres años. Que Dios le acompañe en su servicio de animación comunitaria.

jueves, 19 de abril de 2012

CREER = VIDA ETERNA


 “El Evangelio de Hoy”: Juan 3,31-36

Lectura del santo evangelio según san Juan:
El que viene de lo alto está por encima de todos. El que es de la tierra es de la tierra y habla de la tierra. El que viene del cielo está por encima de todos. De lo que ha visto y ha oído da testimonio, y nadie acepta su testimonio. El que acepta su testimonio certifica la veracidad de Dios. El que Dios envió habla las palabras de Dios, porque no da el Espíritu con medida. El Padre ama al Hijo y todo lo ha puesto en su mano. El que cree en el Hijo posee la vida eterna; el que no crea al Hijo no verá la vida, sino que la ira de Dios pesa sobre él. Palabra del Señor.


Reflexión.
El evangelio de hoy, en el lenguaje característico del  evangelista San Juan, nos presenta un punto que es fundamental a la hora de vivir con pertenencia la experiencia de fe en Jesús de Nazaret; este punto es la libertad. Juan hace énfasis en que el creer o no creer no depende de circunstancias externas a la persona, sino que depende sustancialmente del proceso de discernimiento que cada hombre y mujer realiza, según sus opciones y principios de vida.
Nuestro final, salvación o exclusión, no hay que verlo como una acción que procede del mismo Dios, sino como un hecho que nace en el interior de cada uno, pues está claro que el proyecto del Padre es una propuesta y no una obligación. Queda a merced del ser humano vincularse o no a esta propuesta; si lo hace, significa entrar en una relación con Dios, que conducirá a una plena participación en su vida y en su promesa; no hacerlo equivale a despreciar una oferta de amor, a auto-excluirse de la vida y a auto-juzgarse como un ser que aborrece la luz.
 En esta cincuentena de Pascua, es importante para nosotros discernir las razones por las que hemos elegido el camino de la luz, y, obviamente, expresar esas razones a través del amor que hemos recibido de Dios y que dedicamos a nuestros hermanos y hermanas, especialmente a quienes más necesitan de nuestro servicio y animación. Continuemos abiertos  al Espíritu del Resucitado, así sentiremos su fuerza vital y viviremos  por él.

miércoles, 18 de abril de 2012

PASCUA = TRANSFORMACIÓN, DE LAS TINIEBLAS A LA LUZ


 “El Evangelio de Hoy” Juan 3,16-21

Lectura del santo evangelio según san Juan.
Porque de tal manera amó Dios al mundo, que dio a su Hijo unigénito, para que todo aquel que cree en El, no se pierda, mas tenga vida eterna.  Porque Dios no envió a su Hijo al mundo para juzgar al mundo, sino para que el mundo sea salvo por El.  El que cree en El no es condenado; pero el que no cree, ya ha sido condenado, porque no ha creído en el nombre del unigénito Hijo de Dios. Y este es el juicio: que la luz vino al mundo, y los hombres amaron más las tinieblas que la luz, pues sus acciones eran malas. Porque todo el que hace lo malo odia la luz, y no viene a la luz para que sus acciones no sean expuestas. Pero el que practica la verdad viene a la luz, para que sus acciones sean manifestadas que han sido hechas en Dios. Palabra del señor.

Reflexión
El evangelio de hoy nos sigue presentando a Jesús y su conversación con Nicodemo. Dios como Padre generoso que, por el amor sin límite que tiene al ser humano, nos entrega a su propio Hijo. No cabía en la mentalidad de los judíos, que esperaban la manifestación de Dios por medio de cataclismos cósmicos. Jesús, al contrario, se nos manifiesta en su amor universal, que se concreta en el servicio al pobre y en su aprecio por los excluidos, los frágiles, los débiles, etc.
El símbolo de la luz, que vence las tinieblas, es de los predilectos de Juan. Esta lucha entre la luz y las tiniebla expresan el permanente conflicto entre las acciones del hombre, portadoras de vida, y las que conducen a la muerte.           
La luz se identifica con la:     * búsqueda de la verdad,  * defensa de la dignidad del ser humano, * experiencia de una vida en plenitud. La tiniebla se asimila a la violencia, opresión, explotación, marginación, alienación, etc.  
La luz convierte la vida humana en camino gozoso de encuentros continuos con Dios y con la comunidad.       La tiniebla nos manifiesta la angustia, que producen: -la ambición del poder;
-el deseo de dominar a otros,   -la desesperanza.     
Jesús ha venido a transformar  la realidad  de acuerdo a la voluntad de Dios que es la vida. Hoy somos nosotros los enviados a continuar esta misión de transformación.          
Necesitamos cambiar nuestra forma de pensar para comenzar a transformar nuestra existencia renaciendo a una vida nueva y en plenitud.
Los que hemos asumido como proyecto de vida el amor cristiano tenemos la obligación de ser testigos de la luz, por medio de la solidaridad y la fraternidad.

martes, 17 de abril de 2012

EL ESPÍRITU LIBERADOR


 “El Evangelio de Hoy”: Juan 3,5a.7b-15

Lectura del santo evangelio según san Juan:

En aquel tiempo, dijo Jesús a Nicodemo: "Tienen que nacer de nuevo; el viento sopla donde quiere y oyes su ruido, pero no sabes de dónde viene ni a dónde va. Así es todo el que ha nacido del Espíritu." Nicodemo le preguntó: "¿Cómo puede suceder eso?" Le contestó Jesús: "Y tú, el maestro de Israel, ¿no lo entiendes? Te lo aseguro, de lo que sabemos hablamos; de lo que hemos visto damos testimonio, y no aceptan nuestro testimonio. Si no creen cuando les hablo de la tierra, ¿cómo creerán cuando les hable del cielo? Porque nadie ha subido al cielo, sino el que bajó del cielo, el Hijo del hombre. Lo mismo que Moisés elevó la serpiente en el desierto, así tiene que ser elevado el Hijo del hombre, para que todo el que cree en él tenga vida eterna." Palabra del Señor.

Reflexión.
El Espíritu actúa en todo tiempo y en todo lugar; es una fuerza que dinamiza la vida de los seres humanos haciendo todo nuevo en ellos. La actuación del Espíritu es entonces misteriosa como la del viento; no se sabe dónde inicia y dónde termina, pero está ahí, junto a nosotros. Esta acción “misteriosa” y renovadora es la que no entiende Nicodemo; no entiende cómo actúa el Espíritu vivificador. Jesús representa la novedad de Dios; él es quien da verdadero testimonio de la acción liberadora del Espíritu; es quien expresa fielmente la voluntad de Dios; sin embargo, los judíos no quieren aceptar este testimonio. Vemos en este relato que Jesús es el único Revelador que ha bajado del cielo a comunicar la voluntad del Padre; él es quien ha asumido plenamente el compromiso recibido por el bautismo, a través del Espíritu, y por ello anuncia de antemano el camino que conduce a la salvación. La serpiente levantada en el desierto (que representa la glorificación mediante la Cruz) es la figura más clara que emplea Juan para explicar el misterio de la salvación y su finalidad, que consiste en dar vida eterna a todo aquel que crea en él.  Koinonía

lunes, 16 de abril de 2012

RESURRECCIÓN: NACER DE NUEVO

 “El Evangelio de Hoy”: Juan 3,1-8
Lectura del santo evangelio según san Juan:
Había un fariseo llamado Nicodemo, jefe judío. Éste fue a ver a Jesús de noche y le dijo: "Rabí, sabemos que has venido de parte de Dios, como maestro; porque nadie puede hacer los signos que tú haces si Dios no está con él." Jesús le contestó: "Te lo aseguro, el que no nazca de nuevo no puede ver el reino de Dios." Nicodemo le pregunta: "¿Cómo puede nacer un hombre, siendo viejo? ¿Acaso puede por segunda vez entrar en el vientre de su madre y nacer?" Jesús le contestó: "Te lo aseguro, el que no nazca de agua y de Espíritu no puede entrar en el reino de Dios. Lo que nace de la carne es carne, lo que nace del Espíritu es espíritu. No te extrañes de que te haya dicho: "Tienen que nacer de nuevo"; el viento sopla donde quiere y oyes su ruido, pero no sabes de dónde viene ni a dónde va. Así es todo el que ha nacido del Espíritu." Palabra del Señor.

Reflexión.

El Evangelio de hoy nos presenta a este fariseo buscador de Dios. Nicodemo tenía su trayectoria de vida y de fe dentro de su tradición judía. No se conforma con lo alcanzado en su andadura espiritual sino que se interesa por Jesús y su mensaje, al igual que otros fariseos de su tiempo.  El hecho de que el texto nos presente a Nicodemo yendo de noche a ver a Jesús, refleja sus miedos, su indecisión y prudencia frente a lo institucional y normal en su época. Si se acerca durante el día puede ser visto y acusado de deserción de su fe judía y farisea.
Nosotros también tenemos nuestro camino hecho hasta ahora, hemos avanzado hasta hoy de manera consciente en nuestra búsqueda espiritual. Pero no podemos estar tranquilos, tenemos que seguir andando, buscando, intentando vivir nuestra misión de Seguir a Jesús, en medio de nuestra historia frenada por crisis múltiples y globales. Somos llamados a nacer de nuevo. Esto no es nada fácil. Necesitamos contar con la fuerza del Resucitado para poder dejarnos cambiar de acuerdo con Jesús y su proyecto. El efecto de quedarnos instalados en nuestras concepciones y maneras de ser y practicar nuestra fe es como quedar en el sepulcro, sin vida, sin novedad. No basta querer, hay que ir dando pasos aunque sean cortos, hacia la verdadera entrega que libera del miedo y las falsas prudencias para estar dispuestos y dispuestas a hacer la voluntad de Dios.
Reconocer las obras de Jesús no es suficiente para comprender plenamente el sentido de su misión; hace falta algo más, hace falta “nacer de nuevo”. Cuando Jesús habla de un nuevo nacimiento desde “arriba”, se refiere a cambiar por completo la mentalidad común de comprender a Dios y a los seres humanos; es necesario asumir una nueva mentalidad, nuevos comportamientos y nuevas actitudes que permitan encarnar la lógica del Reino de Dios.
Como sabemos que no es una tarea simple, pidámosle juntos al Señor que nos permita sentirlo siempre a nuestro lado para que no nos paralice el miedo y las limitaciones propias de nuestra condición y podamos seguir a Jesús con alegría de manera sincera y transparente.  
Esta semana les pido una oración especial por los Misioneros del Sagrado Corazón de Jesús de la Provincia de la República Dominicana que nos encontramos reunidos en el Monte de Oración de San Víctor, Moca, en una semana de estudio y evaluación que terminará el viernes con la elección de un nuevo “Superior Provincial”. Este último es el encargado de coordinar el grupo y animarlo en su misión por un período de tres años.

domingo, 15 de abril de 2012

RECORRIDO HACIA LA FE

“El Evangelio de Hoy”: Juan 20,19-31

Lectura del santo evangelio según san Juan:

Al anochecer de aquel día, el primero de la semana, estaban los discípulos en una casa, con las puertas cerradas por miedo a los judíos. Y en esto entró Jesús, se puso en medio y les dijo: "Paz a vosotros." Y, diciendo esto, les enseñó las manos y el costado. Y los discípulos se llenaron de alegría al ver al Señor. Jesús repitió: "Paz a vosotros. Como el Padre me ha enviado así también os envió yo." Y, dicho esto, exhaló su aliento sobre ellos y les dijo: "Recibid el Espíritu Santo; a quienes les perdonéis los pecados, les quedan perdonados; a quienes se los retengáis, les quedan retenidos."
Tomás, uno de los Doce, llamado el Mellizo, no estaba con ellos cuando vino Jesús. Y los otros discípulos le decían: "Hemos visto al Señor." Pero él les contestó: "Si no veo en sus manos la señal de los clavos, si no meto el dedo en el agujero de los clavos y no meto la mano en su costado, no lo creo."
A los ocho días, estaban otra vez dentro los discípulos y Tomás con ellos. Llegó Jesús, estando cerradas las puertas, se puso en medio y dijo: "Paz a vosotros." Luego dijo a Tomás: "Trae tu dedo, aquí tienes mis manos; trae tu mano y métela en mi costado; y no seas incrédulo, sino creyente." Contestó Tomás: "¡Señor mío y Dios mío!" Jesús le dijo: "¿Porque me has visto has creído? Dichosos los que crean sin haber visto."
Muchos otros signos, que no están escritos en este libro, hizo Jesús a la vista de los discípulos. Éstos se han escrito para que creáis que Jesús es el Mesías, el Hijo de Dios, y para que, creyendo, tengáis vida en su nombre. Palabra del Señor.

Reflexión invitada.

RECORRIDO HACIA LA FE
Estando ausente Tomás, los discípulos de Jesús han tenido una experiencia inaudita. En cuanto lo ven llegar, se lo comunican llenos de alegría: “Hemos visto al Señor”. Tomás los escuchas con escepticismo. ¿Por qué les va creer algo tan absurdo? ¿Cómo pueden decir que han visto a Jesús lleno de vida, si ha muerto crucificado? En todo caso, será otro.
Los discípulos le dicen que les ha mostrado las heridas de sus manos y su costado. Tomás no puede aceptar el testimonio de nadie. Necesita comprobarlo personalmente: “Si no veo en sus manos la señal de sus clavos… y no meto la mano en su costado, no lo creo”. Solo creerá en su propia experiencia.
Este discípulo que se resiste a creer de manera ingenua, nos va a enseñar el recorrido que hemos de hacer para llegar a la fe en Cristo resucitado los que ni siquiera hemos visto el rostro de Jesús, ni hemos escuchado sus palabras, ni hemos sentido sus abrazos.
A los ocho días, se presenta de nuevo Jesús a sus discípulos. Inmediatamente, se dirige a Tomás. No critica su planteamiento. Sus dudas no tienen nada de ilegítimo o escandaloso. Su resistencia a creer revela su honestidad. Jesús le entiende y viene a su encuentro mostrándole sus heridas.
Jesús se ofrece a satisfacer sus exigencias: “Trae tu dedo, aquí tienes mis manos. Trae tu mano, aquí tienes mi costado”. Esas heridas, antes que “pruebas” para verificar algo, ¿no son “signos” de su amor entregado hasta la muerte? Por eso, Jesús le invita a profundizar más allá de sus dudas: “No seas incrédulo, sino creyente”.
Tomás renuncia a verificar nada. Ya no siente necesidad de pruebas. Solo experimenta la presencia del Maestro que lo ama, lo atrae y le invita a confiar. Tomás, el discípulo que ha hecho un recorrido más largo y laborioso que nadie hasta encontrarse con Jesús, llega más lejos que nadie en la hondura de su fe: “Señor mío y Dios mío”. Nadie ha confesado así a Jesús.
No hemos de asustarnos al sentir que brotan en nosotros dudas e interrogantes. Las dudas, vividas de manera sana, nos salvan de una fe superficial que se contenta con repetir fórmulas, sin crecer en confianza y amor. Las dudas nos estimulan a ir hasta el final en nuestra confianza en el Misterio de Dios encarnado en Jesús.
La fe cristiana crece en nosotros cuando nos sentimos amados y atraídos por ese Dios cuyo Rostro podemos vislumbrar en el relato que los evangelios nos hacen de Jesús. Entonces, su llamada a confiar tiene en nosotros más fuerza que nuestras propias dudas. “Dichosos los que crean sin haber visto”. José Antonio Pagola.

viernes, 13 de abril de 2012

SIN JESÚS NO ES POSIBLE

“El Evangelio de Hoy”: Juan 21,1-14

Lectura del santo evangelio según san Juan:
En aquel tiempo, Jesús se apareció otra vez a los discípulos junto al lago de Tiberíades. Y se apareció de esta manera: Estaban juntos Simón Pedro, Tomás apodado el Mellizo, Natanael el de Caná de Galilea, los Zebedeos y otros dos discípulos suyos. Simón Pedro les dice: "Me voy a pescar." Ellos contestan: "Vamos también nosotros contigo." Salieron y se embarcaron; y aquella noche no cogieron nada. Estaba ya amaneciendo, cuando Jesús se presentó en la orilla; pero los discípulos no sabían que era Jesús.
Jesús les dice: "Muchachos, ¿tienen pescado?" Ellos contestaron: "No." Él les dice: "Echen la red a la derecha de la barca y encontrarán." La echaron, y no tenían fuerzas para sacarla, por la multitud de peces. Y aquel discípulo que Jesús tanto quería le dice a Pedro: "Es el Señor." Al oír que era el Señor, Simón Pedro, que estaba desnudo, se ató la túnica y se echó al agua. Los demás discípulos se acercaron en la barca, porque no distaban de tierra más que unos cien metros, remolcando la red con los peces.
Al saltar a tierra, ven unas brasas con un pescado puesto encima y pan. Jesús les dice: "Traigan de los peces que acaban de coger." Simón Pedro subió a la barca y arrastró hasta la orilla la red repleta de peces grandes: ciento cincuenta y tres. Y aunque eran tantos, no se rompió la red. Jesús les dice: "Vamos, almuercen." Ninguno de los discípulos se atrevía a preguntarle quién era, porque sabían bien que era el Señor. Jesús se acerca, toma el pan y se lo da, y lo mismo el pescado. Esta fue la tercera vez que Jesús se apareció a los discípulos, después de resucitar de entre los muertos. Palabra del Señor.

Reflexión.

SIN JESÚS NO ES POSIBLE

El encuentro de Jesús resucitado con sus discípulos junto al lago de Galilea está descrito con clara intención catequética. En el relato subyace el simbolismo central de la pesca en medio de mar. Su mensaje no puede ser más actual para los cristianos: sólo la presencia de Jesús resucitado puede dar eficacia al trabajo evangelizador de sus discípulos.
El relato nos describe, en primer lugar, el trabajo que los discípulos llevan a cabo en la oscuridad de la noche. Todo comienza con una decisión de Simón Pedro: «Me voy a pescar». Los demás discípulos se adhieren a él: «También nosotros nos vamos contigo». Están de nuevo juntos, pero falta Jesús. Salen a pescar, pero no se embarcan escuchando su llamada, sino siguiendo la iniciativa de Simón Pedro.
El narrador deja claro que este trabajo se realiza de noche y resulta infructuoso: «aquella noche no cogieron nada». La «noche» significa en el lenguaje del evangelista la ausencia de Jesús que es la Luz. Sin la presencia de Jesús resucitado, sin su aliento y su palabra orientadora, no hay evangelización fecunda.
Con la llegada del amanecer, se hace presente Jesús. Desde la orilla, se comunica con los suyos por medio de su Palabra. Los discípulos no saben que es Jesús. Sólo lo reconocerán cuando, siguiendo dócilmente sus indicaciones, logren una captura sorprendente. Aquello sólo se puede deber a Jesús, el Profeta que un día los llamó a ser “pescadores de hombres”.
La situación de no pocas parroquias y comunidades cristianas es crítica. Las fuerzas disminuyen. Los cristianos más comprometidos se multiplican para abarcar toda clase de tareas: siempre los mismos y los mismos para todo. ¿Hemos de seguir intensificando nuestros esfuerzos y buscando el rendimiento a cualquier precio, o hemos de detenernos a cuidar mejor la presencia viva del Resucitado en nuestro trabajo?
Para difundir la Buena Noticia de Jesús y colaborar eficazmente en su proyecto, lo más importante no es “hacer muchas cosas”, sino cuidar mejor la calidad humana y evangélica de lo que hacemos. Lo decisivo no es el activismo sino el testimonio de vida que podamos irradiar los cristianos.
No podemos quedarnos en la “epidermis de la fe”. Son momentos de cuidar, antes que nada, lo esencial. Llenamos nuestras comunidades de palabras, textos y escritos, pero lo decisivo es que, entre nosotros, se escuche a Jesús. Hacemos muchas reuniones, pero la más importante es la que nos congrega cada domingo para celebrar la Cena del Señor. Sólo en él se alimenta nuestra fuerza evangelizadora.  José Antonio Pagola.

jueves, 12 de abril de 2012

JESÚS ESTÁ VIVO


 “El Evangelio de Hoy”: Lucas 24,35-48

Lectura del santo evangelio según san Lucas:
En aquel tiempo, contaban los discípulos lo que les había pasado por el camino y cómo habían reconocido a Jesús al partir el pan. Estaban hablando de estas cosas, cuando se presenta Jesús en medio de ellos y les dice: "Paz a ustedes." Llenos de miedo por la sorpresa, creían ver un fantasma. Él les dijo: "¿Por qué se alarman?, ¿por qué surgen dudas en su interior? Miren mis manos y mis pies: soy yo en persona. Pálpenme y dense cuenta de que un fantasma no tiene carne y huesos, como ven que yo tengo."
Dicho esto, les mostró las manos y los pies. Y como no acababan de creer por la alegría, y seguían atónitos, les dijo: "¿Tienen ahí algo de comer?" Ellos le ofrecieron un trozo de pez asado. Él lo tomó y comió delante de ellos. Y les dijo: "Esto es lo que les decía mientras estaba con ustedes: que todo lo escrito en la ley de Moisés y en los profetas y salmos acerca de mí tenía que cumplirse." Entonces les abrió el entendimiento para comprender las Escrituras. Y añadió: "Así estaba escrito: el Mesías padecerá, resucitará de entre los muertos al tercer día y en su nombre se predicará la conversión y el perdón de los pecados a todos los pueblos, comenzando por Jerusalén. Ustedes son testigos de esto."

Reflexión.
Es evidente que el evangelista quiere afirmar, a través de este relato, que el resucitado es el mismo Jesús de Nazaret que anunció con autoridad la Buena Nueva del Reino; que no es un cadáver reanimado, sino que realmente es el mismo Señor, quien, gracias a la resurrección, se vinculó plenamente a la vida divina del Padre. Obviamente el evangelista es consciente de que Jesús no está sujeto ya a las limitaciones de un cuerpo; sin embargo, debido a la comprensión judía de la realidad que es siempre particular y concreta, es necesario insistir en la corporalidad del Jesús resucitado; por eso, en este relato Jesús habla, camina y come. La resurrección, entonces, fue un hecho histórico, en el sentido de que realmente sucedió, pero no lo es en el sentido de que lo podamos comprobar en el espacio y en el tiempo. Este acontecimiento, que es el centro de la fe cristiana, tiene razón de ser únicamente si es visto desde el punto de la fe, tal como lo hicieron los discípulos, quienes percibieron la presencia del Señor, a través del asumir como propio el anuncio del Reino de Dios; es decir, convirtiéndose en verdaderos testigos de la resurrección. (Koinonía)