martes, 12 de diciembre de 2017

GUADALUPE

“El Evangelio de Hoy”: Lc 1, 39-45

Lectura del santo evangelio según san Lucas: 

Unos días después, María se puso en camino y fue aprisa a la montaña, a un pueblo de Judá; entró en casa de Zacarías y saludó a Isabel. En cuanto Isabel oyó el saludo de María, saltó la criatura en su vientre. Se llenó Isabel del Espíritu Santo y dijo a voz en grito: "¡Bendita tú entre las mujeres, y bendito el fruto de tu vientre! ¿Quién soy yo para que me visite la madre de mi Señor? En cuanto tu saludo llegó a mis oídos, la criatura saltó de alegría en mi vientre. Dichosa tú, que has creído, porque lo que te ha dicho el Señor se cumplirá." Palabra del Señor.

REFLEXIÓN

Hoy celebramos la fiesta de Nuestra Señora de Guadalupe, patrona de Las Américas. El Evangelio de Hoy nos recuerda la importancia de María y su fe para nosotros en todo tiempo: María es esa mujer abierta al proyecto de salvación que tiene Dios para la humanidad. Su apertura le hace escuchar positivamente el llamado de Dios y aceptar comprometerse en su causa. Sin dejar de ser una mujer común y corriente como todas las mujeres de todos los tiempos, es capaz de sintonizar profundamente con el plan de Dios. Todo lo vivido por María puede ser vivido por nosotros, ella pertenece a nuestra raza humana.

La dicha de María es la de ser creyente, como se lo dice Isabel, “Dichosa tú que has creído”. Al mismo tiempo, tanto María como Isabel se sienten hondamente agradecidas de Dios por sus atenciones hacia ellas. Estamos acostumbrados a reclamarle a Dios la paga por nuestras obras y obediencia como si tuviéramos méritos. Somos invitados a descubrir lo que Dios hace por nosotros en medio de nuestra realidad, a veces duras e insostenibles, y agradecerle. “Quien soy yo”, dice Isabel.

Como María se pone en camino y va a ver a Isabel, como ha venido a nuestro Continente y acompaña discreta y maternalmente nuestras comunidades, así estamos nosotros llamados hoy a  ser misioneros del amor de Dios en nuestro mundo necesitado de paz y de justicia. Como “Pueblo de Dios”, inspirémonos en María de Guadalupe y continuemos nuestra misión con alegría sabiéndonos bien acompañados por ella en la tarea de seguir a su Hijo.

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